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Los títulos TES y el crecimiento de la economía
Por: Ignacio Aguilar Zuluaga
Investigador - Centro de Investigaciones Escuela De
Negocios y Ciencias Empresariales
Muchos nos preguntamos por qué no se fundan más empresas
y por qué tampoco se observan ensanches de las ya
existentes. la respuesta es la falta o mínima inversión
de los colombianos.
El que esa inversión sea tan baja obedece a varios
factores: 1. La sitación de pobreza del país; 2. La baja
propensión a ahorrar; 3. Los riesgos inherentes a los
problemas de violencia e inseguridad causados por los
grupos armados al margen de la ley; 4. La rentabilidad
poco atractiva de la inversión en empresas de los
diferentes sectores económicos.
A las razones anteriores es necesario agregar otra que
me parece importante y sobresaliente: me refiero a la
inversión en títulos de deuda pública, específicamente a
los Títulos de Tesorería, conocidos popularmente como
TES. Esta inversión representa actualmente el 98% del
valor de las transacciones diarias que se realizan en el
mercado bursátil.
Es el Estado entonces, quien se está llevando la
capacidad y propensión de ahorro de los colombianos que
poseen los recursos para invertir.
La explicación lógica para esta actuación se encuentra
en las ventajas que la inversión en TES tiene sobre la
inversión en otras clases de activos financieros. En
primer lugar, los TES tienen una rentabilidad mayor a la
que ofrecen los títulos-valores privados (acciones,
bonos, certificados de depósito a término) que se
ofrecen en la Bolsa de Colombia. Mientras que los TES
rentan entre un 8% y un 10% anual, según su fecha de
vencimiento, las acciones y los CDT apenas reditúan
entre un 6% y un 7% anual no se considera la
rentabilidad por valorización, ya que en ésta no se fija
el inversionista en acciones, quien piensa más en un
ingreso fijo mensual y no en las ganancias por
valorización. En segundo lugar, en términos generales,
el Estado inspira más confianza al inversionista. Es un
deudor que no quiebra y es "buena paga". En tercer
lugar, sus títulos (prácticamente sólo TES), tienen
liquidez inmediata.
Aparte de estas consideraciones es importante analizar
las consecuencias que esas decisiones de los
inversionistas y ahorradores, tienen sobre el desarrollo
de la economía colombiana. El Estado, primero que todo,
se endeuda más y a mayor rítmo. El índice del
endeudamiento público interno que publica la Corporación
Financiera del Valle, revela que ese endeudamiento,
entre mayo de 2001 y mayo de 2006, se ha incrementando
en un 140% y en términos absolutos el Ministerio de
Hacienda registra que en sólo TES el Estado colombiano
debe ochenta y siete billones de pesos. Recuérdese que
el presupuesto nacional que se está ejecutando asciende
a 105 billones de pesos y para la vigencia de 2007 será
de $112 billones
Las cifras no serían tan alarmantes si correspondieran a
una inversión real, efectiva y directa en proyectos y
programas para el crecimiento de la economía. Pero
infortunadamente no es así. El endeudamiento público
total, interno y externo, obliga destinar el 36% del
presupuesto nacional al servicio de esa deuda. Un 50% de
ese mismo presupuesto se destina a gastos de
funcionamiento y el 14% restante (un porcentaje
discutible) a inversión. Y es discutible porque algunas
partidas valiosas no se puede calificar como verdadera
inversión. Toda vez que se dedican a cancelar gastos
generales (honorarios, suledos, transportes, etc). Pero
se clasifican como inversión social, que es, al mismo
tiempo, lo que ha venido realizando el gobierno
colombiano, en mayor proporción a la inversión física o
material.
Si el Estado hubiera invertido esa enorme suma que los
ahorradores colombianos la han prestado, el nivel de
desarrollo del país sería más alto. Podría tener una
infraestructura más amplia, más completa y de mejores
características. El país y sus habitantes disfrutarían
hoy de una mayor y mejor educación primaria y
secundaria; podría, también disponer de más y mejores
hospitales y puestos de salud, para atender a sus
núcleos pobres y desprotegidos.
Bajo el supuesto de que sólo el 50% de lo invertido en
TES, por los ahorradores que han acudido a la Bolsa
Colombiana, en los últimos cinco años, se hubiera
destinado a adquirir acciones de sociedades anónimas ya
existentes o financiar nuevos proyectos agropecuarios,
mineros o industriales, se hubiera invertido $43.5
billones que significarían menos desempleo, menos sub-empleo,
menos economía informal y, naturalmente, una disminución
en los índices de pobreza y miseria.
El desarrollo económico constante y ascendente se
produce cuando la capacidad de ahorro de la población se
invierte en el aumento y fortalecimiento de su aparato
de producción. No se puede olvidar que el sector público
no debe ser productor: es básicamente un consumidor. Es
al sector privado a quien el corresponde la producción
creciente y eficiente, de bienes y servicios, que cada
día satisfaga más y mejor las necesidades de toda la
población. Por consiguiente, no es lo más indicado que
el Estado acapare y monopolice el ahorro de la comunidad
y lo dedique a cubrir sus gastos y a pagar deudas
contraídas antes y en la actualidad.
Sin ahorro no hay inversión y sin ésta no puede
generarse el crecimiento del producto interno bruto
(PIB), a la tasa necesaria para elevar el ingreso
percápita, para mejorar el nivel de vida y para
contribuir a una distribución del ingreso y de la
riqueza más equitativa. Y una de las maneras de lograr
esos objetivos es incentivando la inversión en activos
financieros privados y reduciendo la inversión en
títulos valores emitidos por el Estado. Además, a la
economía colombiana no le conviene que el Estado
continúe incrementando su endeudamiento a costa de la
inversión potencial y posible de los particulares en
proyectos y empresas del sector privado.
Sería conveniente que se redujera la tasa de interés de
los TES y se decretaran medidas para incentivar y
aumentar la inversión privada (nacional y extranjera) en
proyectos y empresas que generaran más y mejores
empleos, utilizaran más recursos naturales e
incrementaran la oferta total de bienes y servicios,
tanto para abastecer el mercado interno, como para
participar en los mercados externos. Exenciones
arancelarias, rebajas a las tasas impositivas actuales y
eliminación de barreras administrativas oficiales,
serían todos factores a favor de un crecimiento
económico más elevado y más constante. Es plausible
saber que el gobierno nacional ya inició una política de
motivación a la inversión privada, nacional y
extranjera, con su proyecto de ley relacionado con la
disminución de las tasas del impuesto de renta para las
empresas que dediquen esa rebaja a inversión en activos
productivos.
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