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LAS CIUDADES COMO TERRITORIOS DE CONFLICTO

Las ciudades son organismos vivos y extraños que crecen, se transforman, entran en procesos de declive y también mueren cuando todos sus habitantes deciden marcharse.

Bogota U sergio arboleda

Por Andres Dominguez
Docente-Investigador, Escuela de Economía, Universidad Sergio Arboleda.

Las ciudades son organismos vivos y extraños que crecen, se transforman, entran en procesos de declive y también mueren cuando todos sus habitantes deciden marcharse. Las ciudades son complejas entidades concentran incentivos socioeconómicos y, paradójicamente, las mismas características espaciales que generan economías de aglomeración e incrementos en innovación y conocimiento también son generadoras de impactos negativos en la calidad de vida de los habitantes, por ejemplo, en términos de movilidad, medio ambiente e inseguridad. De hecho, en el contexto urbano, existe una especie de conflicto cotidiano que día a día deja cientos de hurtos, heridos y asesinatos.

El género policial, en la literatura, nace con el relato The Murders in the Rue Morgue publicado por Edgar Allan Poe en 1841. El crimen descrito por Poe se comete en un cuarto cerrado con llave por dentro y transmite la sensación de que las personas no están tranquilas ni en su barrio, ni en su propia casa, ni siquiera dentro de un cuarto cerrado. En ese sentido, el género policial plantea la inseguridad que enfrenta cada persona en su vida cotidiana. En un poblado pequeño es menos probable que ocurra un crimen de ese tipo porque la probabilidad de que los habitantes se conozcan entre sí es alta, mientras que en una ciudad sucede lo contrario. En otras palabras: en la sociedad de masas impera la inseguridad.

Debido a esto, las ciudades deben invertir una gran cantidad de recursos para mitigar este tipo de efectos negativos en la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, el reto se acentúa en ciudades extremadamente desiguales, con altos niveles de pobreza, desempleo juvenil e informalidad, y en dónde las autoridades son incapaces de controlar el tráfico y microtráfico de drogas. Además, cuando la institucionalidad gubernamental es débil, y en muchos casos corrupta, la ciudad se convierte en un caldo de cultivo para la violencia letal.

De acuerdo con el informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal del año 2017 (CCSP-JP, 2017), las ciudades más peligrosas del mundo son latinoamericanas (ver Tabla 1). El ranking del CCSP-JP se ordena con respecto a la tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes y está encabezado por Caracas (Venezuela) y Acapulco (México). Cali y Palmira se encuentran en el puesto 21 y 31 respectivamente. Además, Armenia y Cúcuta también tienen un lugar en esta penosa clasificación. Es importante señalar que las muertes ocasionadas por el conflicto armado no son contabilizadas en el cálculo de este indicador.

Para tener una referencia en Colombia, la Fundación Ideas para la Paz publica en su página Web las tasas de homicidios de Bogotá y Medellín: 16 y 21.6 respectivamente.
Rankink ciudades mas violentas

La pregunta relevante es por qué las tasas de homicidios son tan altas en las ciudades colombianas en particular y latinoamericanas en general. La respuesta pasa por entender que las desigualdades socioeconómicas y seguridad policial son fenómenos altamente endógenos. De hecho, ante el riesgo de ser víctimas de los criminales, los ciudadanos tienen dos opciones: votar por políticas anticrimen o mudarse a otro lugar que represente menor riesgo (Gibbons, 2004). Es importante mencionar que los hogares con mayor probabilidad de moverse son aquellos que tienen los recursos para hacerlo. Este comportamiento acentúa los desequilibrios espaciales entre ciudades y también dentro de las ciudades.

Con modelos microeconómicos es posible analizar las características, comportamientos y costos de oportunidad de los criminales teniendo en cuenta niveles de capital humano, estructuras familiares, desórdenes psiquiátricos, etc. Desde este enfoque se supone que las personas con menor nivel educativo tienen mayor probabilidad de cometer un crimen en comparación con las más educadas, puesto que el costo de oportunidad es diferente. Por lo tanto, el número de crímenes termina siendo proporcional al número de personas con perfil criminal.

En el caso de las ciudades Colombianas, los datos de medicina legal que publica el Observatorio Social de la Alcaldía de Santiago de Cali revelan que la mayoría de los homicidios ocurren en la noche del domingo y la mañana del lunes, que las víctimas en su mayoría son hombres (93.2%), que las principales razones son pandillas (32.4%), venganzas (22.7%) y riñas (14.8%). Además, el 85.5% de los homicidios son cometidos con arma de fuego (Observatorio Social, 2016). Esta última estadística es fundamental porque indica que existe un mercado negro de armas de fuego que las autoridades no han podido controlar. Se requieren estrategias más eficientes para el registro y control de este mercado negro de la muerte. De hecho, la fortaleza institucional de una economía urbana puede garantizar la disminución de los fenómenos negativos que afectan la calidad de vida de los habitantes.

Adicionalmente, las cifras del DANE revelan que Cúcuta es la ciudad con mayor porcentaje de informalidad laboral, cerca al 70% (el porcentaje para Bogotá y Medellín está alrededor del 40%) y tiene un porcentaje de pobreza monetaria de 33.4% (los datos para Bogotá y Medellín son 11.6% y 14.1% respectivamente). Estas cifras revelan condiciones socioeconómicas perversas que están intrínsecamente relacionadas con los índices de criminalidad.

Par el caso de Armenia, el CCSP-JP suma 110 homicidios de Armenia con 35 ocurridos en Calarcá y, debido a que se utiliza una proyección de población a 2015, el dato genera desconfianza. Sin embargo, gran parte de la violencia del Quindío está relacionada con el tráfico de drogas. Algo similar ocurre en Palmira – Valle del Cauca.

Sabemos que el fin último del planeamiento urbano es mejorar la calidad de vida de las personas. En este sentido, el análisis espacial de fenómenos como el crimen en entornos urbanos permite mejorar el diseño de soluciones más efectivas en cuanto a vigilancia y control de actividades delictivas. Este es un reto enorme en Colombia, porque el éxito del posconflicto dependerá de la inclusión, las oportunidades y la calidad de vida que pueden garantizar nuestras ciudades.

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Referencias
CCSP-JP (2017). “Metodología del ranking (2016) de las 50 ciudades más violentas del mundo”. Seguridad Justicia y Paz: Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal A. C. Ciudad de México, Abril de 2017.
Gibbons (2004). “The Cost of Urban Property Crime”. The Economic Journal, Vol. 114, No. 499, Págs. 441-463.
Observatorio Social (2016). “Muertes por Homicidios en Santiago de Cali”. Observatorio Social, Alcaldía de Santiago de Cali.
O’Flaherty y Sethi (2015). “Urban Crime”. En Duranton, Henderson y Strange (editores), Handbook of Urban and Regional Economics, Volumen 5, págs. 1519-1621.
Poe (1841). The Murders in the Rue Morgue. Published in Graham´s Magazine, United States.

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