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GABRIEL PASTOR, EL URUGUAYO QUE CONTINÚA ESCRIBIENDO SU HISTORIA EN LA SERGIO

Gabriel Pastor Malló, de 52 años, oriundo de Montevideo, Uruguay, vive en Bogotá hace cuatro años. Llegó como analista de asuntos en América Latina del diario “El Observador” de su ciudad natal y hoy es profesor de Taller de Periodismo de nuestra Universidad.

ORI-NEWS conversó con él para conocer cómo ha sido su experiencia en Colombia y en La Sergio.

GABRIEL PASTOR-2

¿De qué parte de Uruguay es?
De Montevideo, la capital. El mío es un pequeño país de América del Sur que cuenta con menos de cuatro millones de habitantes.

¿Qué extraña de su tierra natal?
Quizás lo que uno más extraña en una ciudad como Bogotá es el mar. Para un monteviano es muy importante, pues tenemos una rambla muy bonita y extensa al lado de la playa.

Extraño también los ‘plátanos’, unos árboles que, originalmente, un urbanista francés llevó a Uruguay y, en el verano, las hojas que vuelven a salir son hermosas y juegan un papel de sombra esencial.

Me hace falta la carne, que es de muy buen sabor, y el vino uruguayo. En Montevideo se da una cepa de origen francés que se llama ‘tannat’, un tinto de sabor fuerte y de mucho cuerpo. Cuando viajo siempre traigo una botella.

El otro día, en las redes sociales, me pasó algo muy curioso… Comenté las ganas que tenía de comer un ‘Martin Fierro’, un postre muy popular monteviano que se hace con dulce de membrillo, que es como el bocadillo de guayaba pero de un sabor más fuerte, y queso. Entonces, un amigo mío venezolano, me dijo: “Gabriel traje dulce de membrillo de España, ¿por qué no vienes a mi casa y lo preparamos?” Luego nos comimos una horma de queso Paipa con dulce de membrillo y pasamos una tarde espléndida.

¿Qué lo trajo a Colombia?
No estaba en nuestros planes emigrar. Mi familia y yo estábamos en una zona de confort y yo pensaba: “con la edad que tengo, estoy trabajando y nuestros hijos están estudiando ¡Yo cómo me voy a ir de Uruguay!”, pero a mi esposa, que también es periodista, le ofrecieron una gran oportunidad laboral en Bogotá y nos pusimos a reflexionar sobre esta posibilidad. Me di cuenta que podía ser algo interesante, distinto, no solamente para mí sino, particularmente, para mis hijos.

¿Cuánto lleva viviendo en Bogotá?
El 1 de julio del 2014 llegamos a Bogotá, mi esposa y dos de mis tres hijos, el mayor se quedó en Montevideo. Ahora, por razones profesionales, mi familia tuvo que viajar a Estados Unidos y yo estoy coyunturalmente solo pero cobijado por mis grandes hermanos de Colombia.

¿Cómo ha sido la residencia aquí?
Esta aventura que iniciamos como familia ha sido una experiencia muy enriquecedora.

Al inicio fue un choque cultural importante, pues aunque hablamos español en América Latina, ¡somos muy diferentes! Por ejemplo, en cuanto a la gastronomía, yo no conocía la arepa. En Río de La Plata no existe la cultura del maíz, pero sí la del trigo y el pan. Tampoco sabía qué era una papaya ni había probado ningún tipo de fruta exótica, ahora cuando viajo a Montevideo extraño las frutas de acá.

A mí me gusta mucho cocinar y quise aprender a preparar ajiaco. Me llevó tiempo, averigüé acerca de la tradición, de dónde venía, hice una especie de trabajo antropológico y al final logré que me quedara muy rico, lo disfruto como si me estuviera comiendo un asado uruguayo.

¿Cómo ha sido vivir una experiencia internacional?
Muy importante desde todo punto de vista. Yo creo que cuando uno viaja y se sumerge en otras culturas se convierte en una persona más tolerante, uno empieza a entender que no es mejor o peor, es diferente y ¡ya!
Bogotá, comparada con Montevideo, es una ciudad extremadamente religiosa. Nunca había visto tantas manifestaciones y una cultura tan marcada alrededor de la religión. También comprobé que en esta ciudad hay personas de diferentes partes de Colombia. Grandes amigos míos son de La Guajira y de Medellín, ellos tienen otra cultura, otras maneras de entender la vida y de expresarse. Esto me ha enriquecido mucho como persona.

Desde su experiencia, ¿qué les aconseja a otras personas?
A los jóvenes les diría que disfruten la vida viajando, conociendo, teniendo otras vivencias. Solemos calificarlo como un choque cultural pero, en realidad, no es eso, es un encuentro cultural, que siempre es beneficioso para ambas partes.

Quien va a otro país necesita hacer un esfuerzo de integración, saber cómo funciona la sociedad y cuáles son los rasgos que lo caracterizan. Por citar un ejemplo, los rioplatenses y en especial los uruguayos, dicen las cosas de frente pero, en cambio, los colombianos prefieren darle vueltas a un mismo tema. A veces, el ser frentero se puede interpretar como una actitud grosera por no tener consideración con el otro. Recuerdo que cuando empecé a dictar clases en Colombia algunos estudiantes me preguntaban si estaba enojado o si me pasaba algo y la verdad no, simplemente me expreso de otra manera.

¿Cómo se dio el vínculo con la Sergio Arboleda?
Cuando llegué a Colombia no conocía a nadie. Un día vine a La Sergio a presentar una propuesta y les pareció interesante. Yo entré por mérito propio y desde que empecé a trabajar en la Universidad he tenido siempre las puertas abiertas, pues me permitieron seguir con mi carrera profesional y tener algo que para mí es muy importante, un “círculo de pertenencia”, ya que mis grandes amigos trabajan conmigo en la Escuela de Ciencias de la Comunicación.

¿Cómo es un día de trabajo en la Sergio Arboleda?
Yo estoy todo el día en la Universidad. Comienzo a dictar clases a las 6:00 a.m., almuerzo con mis amigos de la Escuela y termino a las 4:00 p.m. Tengo mucha libertad de movimiento y eso es extremadamente importante para mí.

¿Cuál es su apreciación de los estudiantes Sergistas?
Existen diferentes tipos de estudiantes pero, en términos generales, se pueden definir como comprometidos, que cumplen con sus tareas y que saben que estudiar en La Sergio es ese ‘punta pie’ para su carrera profesional, es decir, saben que empieza aquí pero su proyección no termina.

¿Qué hace en su tiempo libre?
Los domingos salgo a caminar por Bogotá para conocerla. Disfruto mucho ir a las librerías, me gustan los espectáculos en los parques, voy a eventos musicales, en particular, me gusta ver a la Filarmónica de Bogotá.

¿Qué le falta por hacer y conocer en Colombia?
Ir a ver jugar a Santafé pues el director técnico, Gregorio Pérez, fue también el de Peñarol, un equipo de fútbol uruguayo. Con esto no quiero que mis amigos de Millonarios se sientan mal, pero bueno, el técnico me anima mucho a defender a los ‘rojos’.

También tengo una cuota pendiente con el teatro, pues no he tenido el tiempo para ir. Quiero aprovechar ahora para asistir al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Adicionalmente, quiero conocer más a Colombia, estoy demasiado apegado a Bogotá, pero me gustaría visitar el Eje cafetero, Barranquilla y Cali.

¿Mate o café?
(Risas) Es una pregunta difícil, el mate es algo que siempre me va a recordar mi tierra, a mis amigos, colegas y familia. El café también se toma en Montevideo, pero cuando pruebas el de aquí te das cuenta que el de Uruguay es solo una bebida de color oscuro, nada más. Si fuera por sabor, me quedaría con el café colombiano.

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