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IGNACIO AGUILAR ZULUAGA, UN “ARQUITECTO” DE LAS CIENCIAS ECONÓMICAS EN COLOMBIA

Por “aventado”, así llegó Ignacio Aguilar Zuluaga a la docencia. Por emprendedor se forjó como empresario desde los 5 años y por su amor a la academia alcanzó los puestos directivos de las empresas más importantes de Colombia. El 70% de su vida lo ha dedicado a la docencia. Hoy tiene 87 años.

Por “aventado”, así llegó Ignacio Aguilar Zuluaga a la docencia. Por emprendedor se forjó como empresario desde los 8 años y por su amor a la academia alcanzó los puestos directivos de las empresas más importantes de Colombia. El 70% de su vida lo ha dedicado a la docencia. Hoy tiene 87 años.

ignacio-aguilar-zuluagaTenía 19 años y estaba terminando mi carrera de economista en Los Andes. La universidad abrió un concurso para un profesor auxiliar de Matemáticas Financieras. Fui hasta donde el decano de la facultad de economía y le pedí autorización para participar. Me dijo: ‘Ignacio, esto no es para alumnos, es para profesores’, pero replicó: ‘Está bien, lo voy a dejar por aventado”. Éramos 16 aspirantes y el único estudiante era yo. Fui el único que saqué 100 sobre 100, así que me dieron la clase”, recuerda.

Y no solo le dieron esa asignatura. Durante la década que permaneció como docente en esa institución, y contra el asombro de quienes lo creían un estudiante más, también impartió microeconomía y macroeconomía, entre otras. “En mi primer día de clases, me dijo un costeño: ‘Eche, ¿tú también te matriculaste en esta vaina?’. Luego me confesó, ‘ese día, quise que me tragara la tierra cuando supe que eras el profesor’”.

En ese momento, Ignacio Aguilar Zuluaga ignoraba que estaba llamado al fortalecimiento de las ciencias económicas en Colombia no solo desde la empresa sino también desde la academia. Precisamente, él fue el elegido para crear la facultad de economía de la Universidad Santo Tomás, donde se desempeñó como decano a mediados de los sesenta y donde, en la actualidad, ocupa el cargo honorario de ‘Decano Emérito’.

Diez años más tarde, junto a un notable grupo de empresarios fundó el Colegio de Estudios Superiores de Administración, CESA, institución en la que también se desempeñó como docente y en la cual presidió el Consejo Directivo. “Enseñar es generar oportunidades a los alumnos para que aprendan y capten con claridad y comprensión conocimientos nuevos para ellos. Es, además, motivar a los estudiantes para que demuestren su interés y sus anhelos por participar con el maestro, como actores principales del proceso enseñanza- aprendizaje”, afirmó Aguilar cuando en 2005 recibió el Premio Portafolio al Mejor Docente Universitario de Colombia.


La excelencia académica

Estudiar y ser el número uno también ha sido otra de sus obsesiones a lo largo de su vida, lo que le ha permitido ocupar importantes cargos en el sector empresarial del país como la Dirección de la Organización Corona o la Vicepresidencia Financiera de Bavaria, entre otros.

Una de las cosas que nunca tendré manera de agradecerles a mis padres fue esa insistencia en que uno debía de ser el mejor, siempre. Mi padre nos decía: ‘ustedes son inteligentes, tienen capacidades suficientes para ser los mejores de su clase’”, recuerda Aguilar, quien nació un 18 de marzo de 1930 en el seno de una familia antioqueña.

Yo fui siempre el mejor, el número 1: en la primaria, en el bachillerato y en la Universidad. El primer diploma que me gané como reconocimiento a mis capacidades y mis logros fue de la Universidad de Antioquia, que me otorgó el premio Fidel Cano por haber sido el mejor bachiller de Medellín en el año que terminé mis estudios. Eso me sirvió para que la Andi me diera una beca en la Universidad de Los Andes”, rememora Aguilar.

También le valió ser nombrado por la ONU como el economista joven más destacado de Colombia y ganar un study tour que, durante 3 meses, le permitió estudiar y conocer Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania, Austria, Italia, España, Portugal, entre otros países del viejo continente.

A La Sergio llegó en agosto de 1996 para dictar cuatro horas de economía colombiana en la Escuela de Finanzas y Comercio Exterior, por invitación del entonces decano, Mario Jaramillo, reconocido economista, columnista y ganador de la distinción Scholar de la Universidad de George Mason de los Estados Unidos, por sus aportes al desarrollo de las ciencias económicas.

Cuando llegué, La Sergio era la casa antigua. Ahí funcionaba todo: la rectoría, la vicerrectoría, las decanaturas, varias aulas. A mí me tocaba dictar clase en el tercer piso”, recuerda Aguilar. Y lo que empezó como una colaboración catedrática se convirtió en una carrera que ha sido reconocida con importantes distinciones como la Orden Rodrigo Noguera Laborde al Espíritu Sergista, por sus más de 20 años de servicio a la institución, en los que se ha desempeñado como director del área de economía, decano de la Escuela de Administración Empresarial y docente investigador.

Yo me quedé en La Sergio porque desde el principio sus fundadores le imprimieron un sello humanista a la universidad, pues era evidente que se estaban perdiendo los valores en la sociedad colombiana y que no había una cátedra dedicada fundamentalmente a enseñar qué es la ética, la moral y la importancia de estas no solo para las personas naturales, sino también para las personas jurídicas y las empresas; en últimas para que la sociedad actúe siempre con rectitud, honestidad, veracidad y respeto”, asegura.

En el transcurso de su trayectoria académica en La Sergio ha publicado importantes investigaciones como ‘Lecciones sobre doctrinas y sistemas económicos’, ‘Gestión Gerencial en el Sector Agropecuario Tradicional Colombiano’ -en coautoría con el docente Sergista, Luis Ángel Madrid-, ‘Un análisis del desarrollo, la pobreza y la desigualdad’ y ‘Principios de Desarrollo Económico’, obra de la cual ya prepara la tercera edición.

Lea el artículo completo en la próxima edición de la Revista Arbolea.

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