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EL MUNDO LABORAL REQUIERE UNA EDUCACIÓN TRANSFORMADORA

El decano de la Escuela de Educación, Juan Sebastián Perilla, analiza el sistema educativo y su importancia para los profesionales del futuro.

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La mayoría de sistemas educativos responden a un modelo mercantilista de producción en masa, que no contribuye a la innovación empresarial. Así, en muchos contextos, la educación consiste en grupos de estudiantes que reciben pasivamente información que es transmitida por un profesor y luego se esfuerzan por repetirla casi textualmente. Esto lleva a que las mentes de los educandos sean moldeadas de acuerdo con apuestas curriculares que muchas veces están descontextualizadas de la realidad.

Tales prácticas pedagógicas tienen muchos orígenes y uno de ellos es la revolución industrial, la cual exigió la formación de masas obreras a bajos costos. De esta forma, se estableció una educación pública, básica y obligatoria, en la cual un docente imparte a un alto número de estudiantes conocimientos referentes a lectura básica, aritmética y obediencia. Se consideró una de las mejores fórmulas para optimizar recursos al contratar a un único docente y moldear las mentes a través de estrategias en su mayoría conductuales. No había mucho espacio para la crítica, la creación intelectual y menos aún para la transformación social. La educación destinada a las masas obreras respondía a estándares mínimos requeridos para un futuro desempeño como empleados, pero no como emprendedores.

Esto no debe ser catalogado como bueno o malo sino como conveniente o no para determinado momento histórico. Probablemente, la realidad de varios siglos atrás exigía la capacitación de mano de obra barata para engrosar las filas de operarios sujetos a un horario laboral, con funciones concretas y sin mayores aspiraciones sociales. No obstante, lo que es cuestionable es que la educación actual siga respondiendo a los modelos tradicionales, en los cuales los estudiantes toman apuntes para, luego, repetirlos en un examen muy alejado a lo que exige la realidad. Formar a los estudiantes en este modelo limita ampliamente sus posibilidades de desempeño profesional, haciendo que la aparición de emprendedores sea una excepción causal más que una generalidad consciente.

En este sentido, los modelos educativos aplicados de manera generalizada son un impedimento para el emprendimiento y, en últimas, para el avance de las sociedades. Se requiere que los educandos no se limiten a aprender a ver un texto de forma superficial, a hacer operaciones matemáticas básicas y a seguir órdenes de forma estricta. Es necesario que los estudiantes aprendan a romper los esquemas, a generar ideas novedosas en función de las necesidades de su entorno y, por supuesto, a soñar con responder a sus propios intereses como parte de un conglomerado social. Se requiere una educación donde los exámenes no se limiten a ser cuestionarios de opción múltiple, exijan que los estudiantes cuestionen lo que existe y propendan por crear conocimientos transformadores. Los docentes deben formarse para permitir que sus estudiantes exploren sus propias capacidades, evitar establecer parámetros artificiales de normalidad y generar propuestas pedagógicas para que quienes aprenden también puedan enseñar.

Probablemente así es que la sociedad en conjunto puede tener la posibilidad de generar nuevos panoramas, fundados en la innovación para la transformación social. Una educación transformadora asegura que los estudiantes no se limiten a engrosar las filas de las masas obreras sino que se ubiquen en el campo de la creación empresarial y en la innovación mercantil. El mundo laboral de hoy es cada vez más exigente, y para poder sobresalir y aportar a la sociedad al mismo tiempo requiere que las aulas de clase empiecen a cambiar. Los emprendedores, las innovaciones de productos, la nueva oferta de servicios y, en general, las exigencias del mundo laboral actual demandan que la educación deje su paradigma de la obediencia para dar vía libre a la transformación.

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