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“PARA SALVAR LAS FUTURAS GENERACIONES ES PRECISO ENSEÑARLES A AMAR LA VERDAD”: RAMÓN BULLA QUINTANA

En el aniversario número 25 de la Universidad Sergio Arboleda, el Dr. Ramón Bulla Quintana fue el encargado de pronunciar el discurso conmemorativo. En su memoria, compartimos estas palabras.

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En 2009, durante una emotiva ceremonia por el aniversario número 25 de la Universidad Sergio Arboleda, Ramón Bulla Quintana pronunció un discurso en nombre de los profesores fundadores y de los primeros alumnos. En su memoria, recordamos estas sabias palabras.


“En esta ocasión quiero referirme, así sea de manera muy somera, al carisma propio de la Sergio Arboleda, a lo que constituye su esencia distintiva y la razón intrínseca de su existencia y su destino: la formación filosófica y humanística que aquí se imparte.

Desde cuando se proyectaba una nueva universidad, sus gestores tenían muy claro que esta no podría ser una más, sino otra completamente diferente, que tuviera como objetivo la no simple formación de idóneos profesionales, sino sobre todo de personas cultas, es decir, de seres humanos intelectual y moralmente íntegros, responsables, honestos, de vida intachable y conducta ejemplar.

Para el logro de tan elevado propósito, consideraron que el pénsum académico no debía estar integrado sólo por disciplinas de fría contextura científica, carentes de alma y de espíritu y por ello concluyeron que una formación de carácter integral debía partir del cultivo de las humanidades, es decir de saberes que hicieran al hombre más humano y por lo tanto más cercano a los ideales propuestos.

Humanidades y filosofía, he ahí lo que a La Sergio Arboleda la haría diferente de las demás universidades y superior a todas ellas. Los resultados de esta formación son ya de todos conocidos. A nadie puede ocultarse los estragos que en la educación de la juventud ha causado la decadencia de los estudios filosóficos y humanísticos: la superficialidad frívola; el predominio de conocimientos de mero adorno, sobre aquellos que disciplinan la mente y robustecen la voluntad; la facilidad sorprendente con que los sofistas más vulgares engañan y seducen; la falta de ideas claras y precisas respecto de todo; el desastroso influjo de palabras campanudas que todos pronuncian, pero que sólo muy pocos logran comprender.

Para salvar las futuras generaciones es preciso enseñarles a amar sobre todo la verdad, a pensar de manera correcta, a expresarse castizamente, a transitar por los senderos de la honestidad y del bien, a ser conscientes, en fin, de que si algo hay en la vida por lo que valga la pena luchar, es ir en pos de ideales de virtud y de
grandeza.

El medio que conduce al logro de estos propósitos es el cultivo de las humanidades: la lógica, la gramática, la latinidad, la estética, la historia. De idéntica manera, la filosofía nos lleva al conocimiento de Dios, de la espiritualidad del alma y la trascendencia de su destino, y mediante los estudios de la ética o moral llegamos al ordenamiento
debido de nuestra vida, por lo cual se destaca esta ciencia como la clave en la formación de la persona.

Paradójicamente, hoy se habla en todas partes de ética, sin que sea fácil descubrir cuál es el contenido de esta disciplina, pues se la trata como el conocimiento de temas muy diversos, de donde resulta el absurdo de estudiar una ética sin ética y un confuso maremágnum de adefesios y vacíos, como sabemos que en ciertas universidades se estila.

La ética en La Sergio es la ciencia que establece de manera precisa y clara la diferencia entre el bien y el mal, que descubre una ley que de manera innata enseña que el bien debe hacerse y el mal evitarse, que nos indica que las virtudes deben cultivarse para el logro del último fin; que la vida humana es inviolable; que nuestros actos, por ser buenos o malos, son dignos de mérito o demérito, que somos responsables porque somos libres y que si reclamamos derechos para obrar es porque tenemos deberes para cumplir.

Es esta la formación que La Sergio Arboleda imparte y el carisma distintivo de su propia personalidad. Aquesta fue la imborrable impronta que nos dejaron quienes, con profundo amor y celo inquebrantable, echaron las bases de esta torre de sabiduría.

La formación humanística, como las rosas guardadas en los viejos cofres familiares, no perderá nunca su perfume y su belleza. Su recuerdo será una evocación perenne de nobles motivos en el diario afán de la vida, para despertar el interés por los grandes problemas humanos, por las lecturas que solazan el espíritu con suave idealidad y por las aspiraciones que apuntan entre el celaje del alma como estrellas de inmortales esperanzas.

El profesional Sergista, a donde quiera que vaya, será el mensajero de lo que aquí aprendió. La persona culta, responsable, honesta, el ser humano en el más noble sentido de la palabra, porque aquí se modeló su alma y se templó su espíritu para librar con éxito las duras batallas de la vida. Loor a quienes desde un principio creyeron en el proyecto que aquí se planteó. Loor a las generaciones que durante estos veinticinco años nutrieron en las aulas de La Sergio sus voluntades y sus mentes con las enseñanzas que maestros sabios y virtuosos impartieron.

Y recuerdo grato a quienes, como las águilas rampantes desplegando sus alas desde las rocas de la Universidad, emprendieron el majestuoso vuelo hacia la eternidad. Y honor, gloria y gratitud perenne al hombre que con su ejemplo, su constancia y su inquebrantable dedicación a estos claustros hasta el límite de su propia muerte dejó plasmado, en el alma de quienes tuvimos la fortuna de ser sus discípulos y el privilegio de contarnos entre sus amigos, el amor al ideal y la fidelidad a los principios que él nos legó como herencia.

Querida Universidad Sergio Arboleda: La cumbre de tus veinticinco años de existencia no es sólo la coronación de una fecunda etapa de logros y victorias, sino el comienzo de muchos otros años de triunfos y grandeza. Cuando dentro de veinticinco años estés cumpliendo los cincuenta, muchos de nosotros ya no estaremos presentes. Pero desde las moradas del cielo y en compañía del coro de los ángeles estaremos cantando tu himno marcial para celebrar el acontecimiento que definitivamente te habrá puesto en el pináculo luminoso de la gloria”.

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