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El desempleo en Colombia: Los problemas coyunturales y estructurales

Andrés M. Vargas*

En el mes de abril la tasa de desempleo a nivel nacional alcanzó el 12.1%, 1 punto por encima del valor observado en el mismo mes de 2008. De igual manera, en lo corrido del año esta misma variable ha promediado 12.7%, cuando en el mismo periodo de 2008 fue de 11.9%. Esto quiere decir que el país pasó de tener en promedio 2.337 millones de desocupados a 2.594 millones.

A nivel global el desempleo asciende rápidamente y la OIT estima que en 2009 el número de desempleados en el mundo aumentaría entre 31 y 50.4 millones en relación al 2008. Latinoamérica contribuiría con 5.9 o 3.7 millones en cada escenario.

A lo anterior hay que sumar que los grupos que mayor pérdida de empleo experimentan son los jóvenes, las mujeres y la mano de obra de menor capacitación. La población vulnerable asume una parte considerable del costo de la crisis, no solamente porque están en riesgo de caer en la pobreza -de acuerdo a la OIT podrían haber en 2009 237 millones de trabajadores más en estado de pobreza en relación al 2007- sino porque también se tiende a deteriorar la distribución del ingreso.1

El tema es importante pues el mercado laboral tiende a recuperarse tiempo después de que lo ha hecho la actividad económica. Es decir que el optimismo que predomina en torno a la cercanía del fondo de la crisis no implica mejorías rápidas en el empleo.

Así pues, en esta entrega se hace un recorrido por los hechos del mercado laboral colombiano y se plantean algunas hipótesis o conjeturas para explicarlos.

La evidencia

En lo corrido del año no solamente la tasa de desempleo ha aumentado sino que además la generación de empleo ha pasado a terreno negativo, como lo señalan los datos mensuales de industria, comercio y hoteles. De acuerdo a lo documentado por Parra (2008), en Colombia tiende ha haber primero un ajuste extensivo en el empleo y luego uno intensivo. Es decir que las firmas primero reducen la cantidad de empleo y luego las horas trabajadas.

Lo anterior es preocupante si se tiene en cuenta que el punto de partida son tasas de desempleo de dos dígitos. Un hecho interesante al respecto es que si bien el país alcanzó tasas de crecimiento notables en los últimos 6 años, la tasa de desempleo se ha mantenido alta, incluso hay evidencia que sugiere que cada punto de crecimiento económico en Colombia genera una menor reducción en el desempleo que en otros países de la región (Sánchez, Duque y Ruiz; 2009).

Ilustración 1 El empleo se contrae (crecimiento anual promedio móvil 3 meses)

Fuente: DANE

Ilustración 2 Tasa de desempleo observada y natural 2

Fuente: Cálculos propios

Es decir que además del aumento en el desempleo por efectos, el ciclo económico del país parece estar enfrentando tasas de desempleo estructuralmente más altas que las del pasado.  De hecho, como lo muestra la ilustración 2 la tasa de desempleo natural inició una dinámica ascendente desde finales de la década pasada, ubicándola actualmente en niveles alrededor del 11%. Este resultado está en línea con Arango, Posada y Garcia (2007), quienes indican que la NAIRU para los jefes de hogar fue de 3.5% en el periodo 1984-1993, 3.2% entre 19994 y 1999 y 5.3% para 1999-2005.

Ahora, en términos de salarios se observa que la brecha entre calificados y no calificados ha aumentado significativamente, Ilustración 3, sobre todo en el periodo 1990-2000. Posso (2009) reporta como desde 1995 la diferencia salarial entre el percentil 90 y 10 de la población aumenta rápidamente, alcanzando un pico en 2003.

Uno de los hechos más interesantes es que se ha ampliado la desigualdad al interior de la mano de obra calificada, producto de un mayor retorno a la educación universitaria que recibe el percentil 90 frente al recibido por los percentiles 50 y 10. Dos cosas pueden estar pasando. Primero, que se ha ampliado la brecha en la calidad de la educación universitaria entre las instituciones privadas a las que pueden acceder los jóvenes de ingresos altos y aquellos de ingresos medios y bajos. Segundo, el mercado demanda una mano de obra de mayor calificación a la que entrega la educación a nivel de pre-grado, razón por la cual los individuos con educación de post-grado tienden a recibir salarios superiores.

Asociado a lo anterior, Sánchez, Duque y Ruiz (2009) reportan que desde 1998 la proporción de individuos con un salario superior al mínimo ha bajado del 70% al 40%, mientras que la receptora de menos de un salario mínimo se elevó de niveles del 20% en los 90 a niveles superiores al 35% en la actualidad. Además de esto el trabajo por cuenta propia, que aproxima por la informalidad, representa en la actualidad cerca del 40% de la población ocupada, cuando antes de 1995 era menos del 25%.

En lo que se refiere a la demanda laboral, diversos estudios han encontrado que la elasticidad de demanda laboral al salario ha tenido un comportamiento divergente entre la mano de obra calificada y no calificada. El estudio más reciente (Arango, Gómez y Posada; 2009) encuentra que para los primeros la elasticidad ha disminuido (en valor absoluto) mientras que para los segundos ha aumentado (en valor absoluto)3. Es decir que la demanda laboral de mano de obra no calificada se ha hecho más sensible al cambio en los salarios que la calificada.

Ilustración 3 Brecha salarial calificados no calificados 4

Fuente: DANE

Resumiendo:

  • Hay un aumento del desempleo y una caída del empleo producto de la recesión económica
  • La tasa de desempleo estructural es más alta ahora que en las décadas precedentes
  • La brecha salarial calificados-no calificados se ha incrementado. Al interior del grupo de los calificados la desigualdad también ha subido
  • Ha aumentado la proporción de la población que recibe menos de un salario mínimo al tiempo que la informalidad se ha incrementado
  • La demanda de mano de obra no calificada se ha hecho más sensible a los cambios en el salario, mientras que para la calificada sucede lo contrario

Conjeturas

En el debate colombiano dos hipótesis han dominado la discusión. La primera de ellas tiene que ver con los costos laborales no salariales y la segunda con la regla de fijación del salario mínimo.

Sin embargo, hay otros elementos importantes que aunque se mencionan se mantienen al margen. El primero de ellos tiene que ver con un proceso de avance tecnológico sesgado hacia la mano de obra calificada, el segundo con la divergencia entre las necesidades del sector productivo y la formación adquirida en el sistema educativo, y el tercero con los efectos de los beneficios al capital sobre la demanda relativa de factores.

Los costos laborales no salariales representan hoy el 58% del salario, cuando a mediados de los 90 era cercano al 35% y al cerrar la década pasada se ubicaba por encima del 50%. De estos costos, los parafiscales son el 15.5%, el 13.8% son pagos realizados a salud y pensiones por parte del trabajador y el restante, 70.7%, son pagos a salud, pensiones y otros realizados por el empleador. Es decir que hoy el empleador asume el 86.2% de los costos no salariales.

Esta situación tiene efectos sobre el empleo y los salarios. En primer lugar, el aumento en los costos laborales no salariales implica que para el mismo salario las firmas tienden a demandar menos trabajo. Esto se traduce en menos empleo siempre y cuando el salario no se ajuste a la baja. En la realidad colombiana esto último puede suceder por dos vías, la primera a través del salario mínimo y la segunda a través de la indisposición de los trabajadores a aceptar los beneficios como parte integral de su remuneración, de tal manera que disminuye la capacidad del empleador para trasladar los mayores costos a los empleados vía un salario más bajo. 5

Kugler y Kugler (2003) estiman que en Colombia un aumento de 10% en los costos laborales no salariales reduce el salario formal entre un 1.4% y 2.3%, mientras que el empleo formal cae entre 4% y 5%. Así mismo, Arango, Gómez y Posada (209) indican que un aumento de 1% en el salario mínimo real reduce la demanda de trabajo no calificado en 0.30% y aumenta la de trabajo calificado en 0.33%.

Ahora, desde el punto de vista de la incidencia tributaria el hecho de que la demanda de trabajo no calificado se haya hecho más sensible al salario implica que, dada una curva de oferta de trabajo, el trabajador cada vez paga una mayor parte de los impuestos a la nómina vía un menor salario real. En el caso del trabajo calificado sucede lo contrario pues la elasticidad de demanda ha bajado.

Nótese entonces que aunque el espíritu de las normas sea la protección del trabajador, en la práctica esto ha significado una mayor inestabilidad y menor remuneración de la mano de obra no calificada.

Al efecto negativo del salario mínimo y los impuestos a la nómina hay que agregar el desplazamiento que viene sufriendo la mano de obra de menor calificación por cuenta del avance tecnológico. Sin embargo, como se mencionó en la sección anterior este proceso parece ser más fuerte en la parte alta de la distribución de ingresos (percentiles 90 y 50). Hay que recordar que los retornos a la educación superior son más altos para el percentil 90 que para el 50.

Esto es importante, pues indica que un cambio tecnológico que hace al trabajo calificado más productivo implica una mayor demanda relativa por este tipo de mano de obra, acompañado de un aumento en la brecha salarial (Acemoglu, 2002). Como se mencionó arriba, esto parece ser lo que sucedió en la segunda mitad de los 90 hasta comenzada esta década.

Desde entonces las medidas indican que la brecha se ha mantenido estable o ha tendido a disminuir; sin embargo la diferencia salarial al interior de la mano de obra calificada si se ha ampliado en los últimos años. Esto último indicaría que el proceso de cambio técnico sesgado hacia la mano de obra calificada ha pasado a una etapa en la que las tecnologías de la información complementan funciones abstractas y más complejas, las que a su vez requieren de personal de alta calificación, y sustituyen tareas de rutina, realizadas por mano de obra de menor calificación (Katz y Kearney; 2005).

A lo anterior puede agregarse el hecho de que la oferta relativa de mano de obra altamente calificada puede estar aumentando menos que las necesidades del mercado, reforzando el efecto explicado arriba.

Por último, al encarecimiento de la mano de obra por cuenta de los impuestos a la nomina y la rigidez real del salario mínimo hay que añadirle el abaratamiento continuo del capital, no solamente por las menores tasas de interés sino también por los incentivos tributarios a la inversión que han proliferado en los últimos años.

El efecto de estos incentivos sobre el trabajo opera por dos lados. En primer lugar las firmas tienden a sustituir trabajo por capital, dada la productividad del capital; en segundo lugar, si la inversión adicional significa una mejora en la calidad del capital utilizado y por ende una mayor productividad de este el efecto sustitución es más alto.

Álvarez (2008) documenta un descenso continuo en la participación del trabajo en el producto, superior al 62% hacia 1994 e inferior al 55% en los últimos años, mientras que el capital ha aumentado su participación de cerca del 28% en 1994 a más del 34% últimamente.  Esto quiere decir, que si bien este es un proceso que ya venía en marcha no se entiende entonces porque se profundiza más con beneficios tributarios al capital al tiempo que se incrementan los impuestos a la nómina.

La respuesta a esto último pasa por consideraciones de economía política que rebasan el objeto de este escrito. Basta con mencionar que la preferencia de los gobiernos por subsidiar al capital y no al empleo no es una característica única de nuestro país (Fuest y Huber, 2000). La razón detrás de esto puede ser porque los gobiernos consideran la inversión superior al empleo, en el sentido que la primera tiende a generar un crecimiento de largo plazo más alto, o porque priman motivos de elección pública y por lo tanto son grupos de presión que capturan rentas los que llevan a este resultado.

Conclusiones

El panorama laboral colombiano es complicado, no solamente por los efectos perversos de la recesión económica sobre el empleo, sino también por fenómenos estructurales que han hecho que la inserción laboral de los individuos con menor nivel educativo sea cada vez más difícil. En este sentido, la discusión sobre las opciones para mejorar la situación debe ser integral y no concentrarse exclusivamente en los impuestos a la nómina y el salario mínimo.

Aunque estos dos factores son importantes, acá hemos discutido otros elementos que afectan de manera relevante al mercado laboral. Por un lado está un proceso de avance tecnológico complementario con la mano de obra de alta calificación y sustituto de la de menor calificación y por otro lado una profundización de la tendencia a sustituir trabajo por capital inducido por los beneficios tributarios a la inversión.

 En el primer caso, las opciones de política apuntan hacia un mejoramiento del sistema educativo y la calidad de la educación para que atienda las necesidades del sector productivo, mientras que en el segundo hay que hacer un examen de la efectividad de los beneficios tributarios a la inversión no solamente en términos de acumular capital sino de generación de empleo.

REFERENCIAS

  • Acemoglu, D., 2002, Technical change, inequality and the labor market, Journal of economic literature V. 40 No 1.
  • Arango, Gómez y Posada, 2009, La demanda de trabajo formal en Colombia: determinantes e implicaciones de política, Banco de la República Borradores de Economía 563
  • Arango, Posada y García, 2007, Inflación y desempleo en Colombia: NAIRU y tasa de desempleo compatible con alcanzar la meta de inflación (1984-2005), Banco de la República Borradores de Economía 453
  • Autor, Katz y Kearney, 2005, Trends in U.S wage inequality: re-assesing the revisionists, NBER working paper 11627
  • Fuest y Huber, 2000, Why do governments subsidise investment and not employment?, Journal of public economics 78
  • Kugler, Adriana D. and Kugler, Maurice, 2003, The Labor Market Effects of Payroll Taxes in a Middle-Income Country: Evidence from Colombia. IZA Discussion Paper No. 852
  • Parra, J., 2008, Hechos estilizados de la economía colombiana: fundamentos empíricos para la construcción y evaluación de un modelo DSGE, Banco de la República Borradores de Economía 509
  • Posso, C., 2008, Desigualdad salarial en Colombia 1984-2005: cambios en la composición del mercado laboral y retornos a la educación post-secundaria, Banco de la República Borradores de Economía 529
  • Sánchez, Duque y Ruiz; 2009, Costos laborales y no laborales y su impacto sobre el desempleo, la duración del desempleo y la informalidad en Colombia, Documentos CEDE.

 

1. OIT, Global Employment Trends-Update, May 2009, http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/dgreports/dcomm/documents/publication/wcms_106504.pdf

2. Se estimó la NAIRU siguiendo la metodología de Ball y Mankiw (2002), incorporando choques de oferta y tasa de cambio como lo sugiere Julio (2001).

3. La elasticidad de la demanda de trabajo calificado se estima en -0.43 para el periodo 1986-1992; -0.33 entre 1997-2000 y -0.30 para 2003-2006. Para el trabajo no calificado las elasticidades son -0.205, -0.29 y -0.33, respectivamente.

4. Se usa como proxy el salario nominal de empleados sobre el salario nominal de obreros. Los datos corresponden a la MMM.

5. Ello no quiere decir que no puede trasladar el costo al empleado, simplemente que puede hacerlo en menor medida.

 

* Andresm.vargas@usa.edu.co


 


 


 



 




 


 

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