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El contexto
latinoamericano de los últimos años requiere un análisis sobre la forma en que
la temática y la problemática indígena se ha insertado en el escenario político
andino, permitiendo la activación de actores y acciones políticas que terminaron
con profundos cambios constitucionales a finales del siglo XX.
Dichas acciones políticas abrieron espacio a la legitimidad de los movimientos
indigenistas y su incidencia en el escenario político, convirtiéndose en una
alternativa electoral como ha sido el caso de Evo Morales presidente de Bolivia,
o el de la candidatura de la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchu en
representación del partido político WAKI. Es importante resaltar que en el caso
de Centroamérica esta activación de actores y acciones ha tenido un desarrollo
más accidentado debido a conformaciones propias de los regímenes políticos y de
los sistemas electorales.
La década de los noventa representaron para los movimientos indígenas de los
países andinos una coyuntura importante en la lucha por sus derechos, al punto
de lograr que en las diferentes constituciones nacionales se legitimarán sus
derechos territoriales, culturales y de autogestión, enmarcados en la plataforma
de lo étnico, entendido esto como: “grupos de interés que compiten por recursos
y movilizan lengua, rituales, y otros aspectos para alcanzar sus objetivos
(1).
Esta identidad étnica les permitió acciones de dos tipos: la creación de
partidos y movimientos políticos que participaron directamente en la elaboración
de estas constituciones multiculturales o rutinas de lucha que presionaron a los
gobiernos para conseguir derechos de tipo cultural, territorial y de
autogestión; estos últimos de gran trascendencia jurídica como son la personería
jurídica colectiva, la jurisdicción indígena, la autonomía y la representación
en el legislativo.
Evolución de un proceso iniciado en el siglo XIX
Ahora bien, esta incorporación constitucional fue el resultado de un proceso
histórico que tiene su punto de partida en la segunda mitad del siglo XIX donde
el tema indígena fue abordado desde dos ópticas: la eliminación o la agregación,
que se relaciona con los proyectos emprendidos por las elites en pos de la
construcción de la “comunidad imaginada” consolidando una nación “civil” o una
nación “civilizadora”.
En ese orden de ideas, la eliminación la encontramos en los dirigentes
argentinos de mediados del siglo XIX liderados por José Manuel de Rosas, que
consideraban a los indígenas una herencia del régimen colonial español,
justificando la muerte de estos pueblos al considerarlos un obstáculo para el
proyecto civilizador nacional.
De otro lado, los indígenas fueron nombrados de forma tangencial en las
constituciones y en las legislaciones, y si se nombraban, era cuando se
autorizaba quitarles sus tierras de resguardo y se les agregaba a la mano de
obra campesina que necesitaban las haciendas americanas que se habían insertado
al modelo agroexportador. Esta situación minó la base jurídica que existía al
imponer la división patrimonial entre los miembros de la comunidad, convirtiendo
la tierra a usufructo del Estado, poniendo en marcha el liberalismo político y
económico más radical que excluyó a los indígenas dentro de su proyecto
legislativo, económico, político; es decir la construcción de la nación.
Esta situación va a tener un cambio a principios del siglo XX, y lo hará México
desde la revolución de 1917 y los avances constitucionales que tendrá en materia
derechos campesinos y en reconocimientos de tipo étnico; sin embargo, tenemos
otros antecedentes que hablan de movilizaciones indígenas que toman lo
territorial, el derecho a una autonomía legal o el tema étnico para
reivindicaciones legales, algunas de ellas son: La constitución peruana de 1920,
la política de autonomía a los indios Kunas en Panamá en 1925, el primer
congreso indigenista interamericano en 1940 que transformó la política de los
gobiernos el tema indígena, la constitución de Guatemala de 1945 donde se
reconoce derechos nacionales de los pueblos originarios y el estatuto de
autonomía de las regiones de la costa atlántica de Nicaragua en 1987(2).
Es claro entonces que la movilización indígena tuvo un momento importante en los
años cuarenta debido a la política populista y nacionalista que recorrió
Latinoamérica, y que en su deseo de elaborar constituciones sociales, los
indígenas serán agregados como parte del proyecto nacionalista, siendo más claro
este ejemplo en el México de Lázaro Cárdenas.
Sin embargo, el hecho de estar presentes en el marco jurídico de las diversas
constituciones nacionales no significó la real operatividad de los derechos
indígenas al interior de los países, razón por la que la movilización y la
legislación internacional serán más importantes.
Ahora bien, debemos aclarar que los indígenas a lo largo de su proceso
reivindicatorio han tomado diferentes problemáticas tales como: derecho a la
tierra o el derecho a vivir de forma autónoma dentro de sus países; esto
significa que las necesidades se presenten yuxtapuestas debido al desarrollo de
los acontecimientos políticos, económicos y sociales que se estén dando en los
países, mostrando de esa forma un grado particular de reconocimiento de los
indígenas y su cultura frente a los otros que hacen parte del territorio. Así,
“Los grupos indígenas se vuelven autoconscientes de sí mismos y de sus fronteras
en interacción con otros, y en el caso de sociedades complejas, también en su
relación/confrontación con el Estado (3)”
De la reivindicación a la movilización
El hecho de empezar a interactuar con los otros desde la diferencia hace que
cambie las plataformas de reivindicación, los objetivos a alcanzar y las formas
de movilización, lo cual obligó a encontrar términos que puedan no solo
identificarlos ante todos sino que puedan ser entendidos por todos en la
construcción de una jurisprudencia y marcos legales que representen sus
intereses y valores culturales.
Serán entonces los años ochenta y el proceso de transición y consolidación a la
democracia y el fortalecimiento de las instituciones con una mayor participación
de los actores políticos, la coyuntura en la que como se dijo antes, crezcan las
movilizaciones indígenas incluyendo desde las tradicionales marchas a centros de
poder político hasta la formación de asociaciones y grupos que mejoren el
entorno económico. Además de la participación política de las comunidades
indígenas desde una plataforma mixta (reconocimiento étnico, valores culturales,
autonomía jurídica, reconocimiento de derechos territoriales), siendo más agudas
e importantes en los países andinos donde existe un número importante de pueblos
indígenas.
Este tipo de comportamientos desde la teoría política solo se produce cuando un
número suficiente de actores perciben que una nueva institucionalidad puede
sustituir a la precedente gozando de mayor apoyo y legitimidad
(4).
Tenemos entonces unos años donde el cambio constitucional se fue convirtiendo en
una posibilidad real y donde las reclamaciones políticas fueron paralelas al
tema étnico, debido al proceso de globalización económica y cultural donde los
pueblos indígenas sintieron que iban a perder sus características culturales e
identidad. Surge entonces la reafirmación del tema étnico en el nodo del
movimiento.
Dichos movimientos van a formar organizaciones sociales en los países Andinos y
se van a fortalecer aún más con la llegada de dinero por parte de los donantes
internacionales después de la celebración de los 500 años del descubrimiento de
América. También en los años noventa se consolidará la política económica
neoliberal que caldeará el panorama político, aumentando las manifestaciones por
parte de la población y especialmente de los indígenas a estas medidas que
consideraban empobrecerían más su situación de inequidad.
Los movimientos indígenas se involucran entonces en los cambios de reforma
constitucional con la intención de legitimar los modelos democráticos existentes
que, debido a la exclusión y a los altos índices de corrupción, se encontraban
en un grave grado de ingobernabilidad. Es entonces cuando los pueblos indígenas
presentan una serie de reformas que van a apuntar a crear una constitución de
tipo pluricultural y multiétnico como estrategia de solución.
Los tres ejes actuales de la lucha indígena
Estas reformas se estructuran en tres puntos que han sido comunes a lo largo de
la lucha indígena: derechos territoriales, derechos culturales y autogestión,
todos ellos enmarcados en un sentido étnico, los cuales se logran a través de
dos instrumentos: el primero, la creación de partidos políticos que se
convierten en vehículos electorales como es el caso del partido político
Pachakutic en el Ecuador o su participación en asambleas constituyentes, el caso
de los indígenas colombianos; el segundo, la movilización y uso de acciones
fuertes para lograr que sus peticiones sean de prioridad urgente en las agendas
de los políticos como es el caso de los movimientos indígenas de Bolivia que
lograron archivar el acuerdo propuesto para vender gas natural a los Estados
Unidos.
En este orden de ideas, encontramos que la mayoría de los países andinos
modificaron sus corpus constitucionales en la década de los noventa: Colombia en
1991, Perú en 1993, Bolivia en 1994, Ecuador en 1998 y Venezuela en 1999. En
todos ellos el estado reconoce y protege la diversidad pluricultural y
multiétnico de sus naciones, dándoles además derechos a ejercer su derecho
consuetudinario (derechos de autogestión), garantizando la propiedad colectiva
de sus tierras (derechos territoriales), la oficialidad de sus lenguas y la
educación bilingüe (derechos culturales) y un régimen de autonomía
(autogestión).
El hecho de que sus derechos hayan quedado consignados demuestra dos cosas: la
primera, que ya lo advirtió Donna Lee Van Cott (5):
la eficaz labor de los indígenas en los procesos de reforma constitucional, les
permitió adquirir una experiencia directa de compromiso fructífero con la élite
estatal y política, a la vez ser conscientes de la firmeza de sus
reivindicaciones y de su respaldo popular. La segunda, la validez de esta lucha
desde lo étnico ha dado una mayor legitimación a su discurso y a la vez ha
permitido crear un sentido nacional que incluye no solo lo instrumental que han
construido las elites desde el siglo XIX, sino que por vez primera han incluido
lo originario, lo primordial.
Nos encontramos entonces ante un modelo de constitucionalismo multicultural en
la región que lo ha convertido en uno de los más modernos del mundo y en donde
se protege la identidad étnica de sus pueblos como componentes de la
nacionalidad. Ahora bien, la puesta en marcha de estos derechos implica la
construcción de un andamiaje burocrático y jurídico que garantice el paso del
papel a la realidad, y es un lineamiento en el que se han quedado cortos los
gobiernos andinos.
Otro aspecto en el que se ha demostrado la fuerza y cohesión de los movimientos
indígenas es la construcción de intensos lazos regionales que les permite crear
grupos de discusión, búsqueda de recursos y grupos de presión respecto a
temáticas y problemas que tengan que ver con la población indígena especialmente
en los tópicos de reparto de tierras, defensa del medio ambiente y sabiduría
tradicional.
Finalmente, la pertenencia étnica ha sido una fuerza mucho más poderosa y
duradera que las ideologías y las políticas que se han hecho sobre los
indígenas, de tal forma que logró encontrar la coyuntura histórica precisa para
reinventarse y reivindicar los derechos indígenas, transformando los elementos
culturales e ideológicos del liberalismo individual y homogeneizador del siglo
XIX a constituciones donde el respeto a la diversidad y el sentido multicultural
les ha permitido a los pueblos indígenas lograr la legitimación de sus derechos
y transformar un sentido de nación para todos los ciudadanos de los países
andinos.
1 Urban, Greg y Sherzer Joel,
“Nation-States and Indians in Latin America”, University of Texas Press, Austin,
1991. Citado por Carlos Iván Degregori en “Democracia, etnicidad y violencia
política en los países andinos”, Lima, IFEA, 1993, pg 116.
2 Cletus Gregor Barie, “Pueblos indígenas y derechos constitucionales: un
panorama”, Editado por Instituto indigenista interamericano, Comisión nacional
para el desarrollo de los pueblos indígenas y Editorial Abya-Yala, Bolivia,
2003, pg 83.
3 Degregori Carlos Iván, en “Democracia, etnicidad y violencia política en los
países andinos”, Lima, IFEA, 1993, pg 116.
4 Marti I Puig Salvador, “¿Y después de las transiciones que?, Un balance y
análisis de las teorías del cambio político”, Editada en la Revista de Estudios
políticos, Centro de Estudios políticos y constitucionales, Madrid,
Julio-Septiembre de 2001, pg 118.
5 Van Cott Donna Lee, “Los movimientos indígenas y sus logros: La representación
y el reconocimiento jurídico en los Andes”, Ediciones Universidad de Salamanca,
Revista América Latina Hoy, No 36, Año 2004, pg 143.
* Historiadora de la Pontificia
Universidad Javeriana de Bogotá, con Maestría en Estudios Latinoamericanos
de la Universidad de Salamanca (España). Docente de la Escuela de Política y
Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda en las cátedras
Historia de las civilizaciones e Historia de los procesos políticos
latinoamericanos.
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