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El
clientelismo comenzó a ser discutido a partir de la década de los cincuenta en
lo que eran estudios antropológicos, luego desde la década de los sesenta, la
ciencia política comienza a desarrollar ésta línea de investigaciones
fundamentalmente debido a la importancia de las relaciones de los actores
políticos, sobre todo de aquellos vinculados con los partidos políticos.
Definiciones de clientelismo
El clientelismo político planteado como un arreglo social, se representa por las
redes clientelares que se benefician por adquirir y percibir bienes y servicios
a cambio de lealtades políticas, respaldo político, apoyo político y votos.
Estas redes clientelares existen como esquemas de apreciación, percepción y
acción en las estructuras mentales de las personas que están vinculados en esas
relaciones de intercambio. Los bienes y servicios que se pueden traducir como un
tipo de capital económico, son intercambiados por un capital político
dependiente del poder político.
En un primer momento el clientelismo se expresaba por medio de lo que fueron las
relaciones patrón cliente, entre los terratenientes y los arrendatarios, en lo
que era el clientelismo en las sociedades campesinas o tradicionales, donde se
daban en general relaciones del tipo sistemática y piramidal.
En lo que ha sido el desarrollo de la teoría clientelar, se puede señalar que
hay quienes afirman que este tipo de relaciones, se dan fundamentalmente en
sociedades subdesarrolladas, dado que en estas el Estado es el primer empresario
y el que posee el mayor capital laboral dentro de las empresas, vale decir que
las privatizaciones tendería a disminuir el clientelismo en las sociedades más
pobres, dado que si el Estado se desprende de las empresas, los políticos
poseerán un menor capital para devolver al respaldo político, con prebendas
laborales. No obstante, los acuerdos o arreglos clientelares, no tenderán a
desaparecer a pesar de la modernización de los Estados. En todo caso, bajo una
economía de libre mercado o social de mercado, la acción política y sus
principales actores siguen manejando una importante cuota del mercado laboral,
ya sea esto directa o indirectamente, vale decir a través del Estado, o por
relaciones con el ámbito privado, dada la cercanía entre ambos mundos, como es
posible observar en los últimos años en Europa.
Existen también los autores como, J. Boissevain, J. Powell, A. Weingrod que
plantean que el clientelismo es un nivel más en los que es la evolución del
desarrollo político, dado que los contratos clientelares ayudan en las
relaciones centro periferia, lo que otorga mayor conciencia política a las
personas involucradas en las relaciones clientelares, por tanto el clientelismo
es tomado por estos autores como un tipo de relación funcional al desarrollo
político. Por otra parte están los autores como R. Lemarchand, K. Legg, y A.
Zuckerman que sostienen que el clientelismo no conduce ni a la democracia ni a
la modernización, dado que no contribuye a la participación ciudadana, y genera
una sociedad fragmentada unida sólo por relaciones clientelares y personalizada
que mantiene el estado de las cosas tal y como está. Pese a las diferentes tesis
se puede observar que se comparten ciertos puntos básico sobre el clientelismo,
así por ejemplo ambas posiciones ponen en el centro a las relaciones, como
elemento fundamental del sistema clientelar, tanto a nivel económico, como
político.
El clientelismo en Latinoamérica
Respecto a Latinoamérica, se ha señalado que el surgimiento de las relaciones
clientelares, fueron producto por una parte de lo que fue el proceso de la
conquista y el posterior dominio, lo que generó una sociedad basada en la
relación de poder, entre los distintos niveles sociales, instaurándose una
fuerte cultura de orden jerárquica, basadas en el prestigio, el honor y capital.
Asimismo un segundo factor que determinó las relaciones clientelares, fue el
paulatino debilitamiento de las instituciones centrales de los
Estados-Coloniales, lo que significaba una baja calidad en las instituciones,
respecto de control y la focalización de las relaciones de poder. Bajo estos dos
contextos, el clientelismo se fue desarrollando en las sociedades
Latinoamericanas.
Según plantean S. Eisenstadt y L. Roniger, en un primer momento, hay un
desarrollo de este fenómeno en el sector rural en lo que fueron las haciendas,
donde los terratenientes, poseían el poder total (político y económico), vale
decir por su medios, los trabajadores campesinos, llamados también peones o
servidumbre, podían acceder a la tierra y la seguridad a cambio de un trabajo
leal al patrón.
Luego en un segundo momento, a partir de la mitad siglo XIX y fundamentalmente
principios del XX, y en el contexto del los Estados-Naciones, se comienza a
generar una forma de parlamentarismo, que significó cierto nivel de apertura
electoral, con lo cual se comenzaron a desarrollar las relaciones clientelares,
dentro de una nueva institución política, los partidos políticos y en referencia
a la burocracia estatal. En este contexto el voto pasó a ser el medio principal
de relación clientelar.
Esta forma de vincularse se ve especialmente potenciada en América Latina, dado
que el Estado juega en materia laboral un importante rol, mediante empleos
públicos, sumado a los importantes porcentajes de corrupción administrativa y la
no optima institucionalización del Estado.
Los partidos políticos y el clientelismo
En el contexto del estudio sobre partidos políticos, la parte del clientelismo
que interesa, está referida al impacto de este fenómeno en las instituciones
políticas, más específicamente al Estado y a los partidos políticos –con
especial consideración a los a partidos políticos Latinoamericanos–, así pues,
el Estado como patrimonio es una variación de éste, del tipo patrimonial
desarrollado por Weber. En este sentido, se señala que el dominio personal está
respaldado por lealtades que no necesitan de las creencias en los atributos
personales de los que poseen el poder político, sino que las lealtades están
vinculadas a incentivos y recompensas materiales.
Es así que al interior de los partidos se desarrollan más nítidamente las
relaciones clientelares y son además aceptadas como parte del juego político,
donde quien posee mayor posibilidad de acceso a la distribución de bienes y
servicios, podrá entregar una oferta a sus militantes, adeherentes o
simpatizantes incondicionales, quienes conservaran ésta condición de
incondicionalidad mientras se mantenga la seguridad laboral o económica para el
cliente-militante del partido.
El broker
Un personaje importante en todo este proceso de transacciones clientelares son
los mediadores o broker, quienes no sólo son sólo exclusivos de los partidos
políticos y en algunas sociedades industrializadas se llegan a confundir con los
operadores de lobby. Según señalan indistintamente E. Wolf y M. Caciagli, el
mediador o broker, es un individuo que asume el rol de mediar entre los grupos
orientados hacia la comunidad y aquellos orientados hacía la nación y que se
desarrollan en lo que son las instituciones del Estado.
En los partidos como en la sociedad el broker, mediador, operador o también
llamado bisagra, no posee capital económico, pero si posee capital social, dado
que si cuenta con el conocimiento de la comunidad con la que se intermedia y
también la claves de la conexión con ella.
Internamente en el partido, el broker es un nivel más en una cadena vinculada
por la sumisión, que son parte de las relaciones clientelares, en donde hay
dominio de quien tiene la posibilidad de distribuir los puestos –en este caso el
patrón– ya sea en el Estado, dentro del partido o incluso en el mundo privado
–dependiendo del nivel de influencia que el patrón posea en este mundo–. Por
tanto las relaciones no son de igualdad ni de cooperación, sino de intercambio,
dado que hay una transacción de favores políticos, por respaldos políticos.
El panorama latinoamericano
Lamentablemente en la mayoría de países de Latinoamérica aun se reproducen las
relaciones clientelares que son típico de los partidos de tipo popular, que
basan su vinculación al Estado como un botín a repartir entre sus seguidores,
más aun y así lo informa la Agencia de Transparencia Internacional, el Estado es
usado con fines de enriquecimiento ilícito por parte de muchos de los dirigentes
que lideran las naciones del sur de América.
Ciertamente, la democracia sea esta de baja o alta intensidad, al decir de O’
Donnell, está más o menos asentada en la Región, si embargo el clientelismo
exacerbado no ayuda a la calidad y la eficiencia que se le pide al régimen de
las libertades públicas y derechos civiles. Ya sean estos gobiernos de derecha,
izquierda o populistas, en fin en su mayoría, no han sido capaces de resolver
problemas básicos como la reducción de la pobreza y uno de estos motivos es el
exacerbado clientelismo imperante en la región.
Con esta visión que tanto partidos como elite política tienen del Estado, va ser
difícil que en los próximos años a lo menos cumplamos en parte las Metas del
Milenio, comprometidas por los gobiernos con las Nacional Unidas.
* Dr. en Ciencia Política - Universidad de
Heidelberg
Asesor Ministerio Secretaría General de la Presidencia de Chile
Profesor - Universidad Jesuita Alberto Hurtado
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