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La conmemoración del bicentenario de la Nueva
Granada (1810-2010)*, hoy territorio colombiano, debería ser no solo una época
para celebrar la independencia de la monarquía española y el inicio de nuestra
aventura republicana propia, sino una oportunidad para revalorar el proyecto
nacional y su apego a la democracia y las formas liberales.
Se trata, sobre las bases del origen de la
representación autónoma, de la separación de poderes, del origen de la cultura
constitucional y del relevo mayoritariamente respetuoso y constante del poder en
el sistema presidencial incorporado, de valorar y fortalecer los marcos
institucionales con que cuenta Colombia, por encima de sus difíciles coyunturas.
La Otra Bancada apoya así un sano enfoque neo-institucional para entender
el diseño y el análisis del proceso político colombiano, donde las planos
formales son tan importantes como los actores y lo que la cultura política del
país haga con ellos.
Por eso mismo, es bienvenida la reciente
elección de Juan Manuel Santos a la Presidencia de la República, más allá de la
afiliación política de cada cual, porque confirmó que la arquitectura
constitucional de Colombia posee unos tiempos que vale la pena respetar y que no
eran ya suceptibles de nuevas reformas, a pesar del gran apoyo y favoritismo
público con que contó el ex-Presidente Álvaro Uribe en dos periodos de gobierno,
el segundo por una reelección entonces novedosa.
Deseándole la mejor de las suertes al nuevo
presidente, y aplaudiendo la calidad de la elección de buena parte de su
gobierno, hay que reconocer los loables esfuerzos realizados por estabilizar las
relaciones con Venezuela e impulsar una agenda internacional proactiva. El
presidente Santos ha demostrado una capacidad por dar continuidad a una agenda
de seguridad necesaria, pero entendible en una amplitud de cobertura a otros
temas estructurales del desarrollo que Colombia requiere.
Estamos seguros así, que este
camino de la realización y el respeto por las tradiciones democráticas de
Colombia que celebran su bicentenario (aunque habría que anotar que la
independencia como tal
debería fecharse para el calendario del 2019
hacia el 7 de agosto y el término de la Campaña Libertadora), es la mejor vía de
enfrentar el conflicto armado, la necesaria inclusión de la población que vive
en condiciones de pobreza o miseria, de atraer una inversión extranjera en
condiciones justas y de fomentar una presencia internacional coherente y
decidida, sin olvidar las temáticas ambientales que un país con sus afortunadas
reservas y valiosa diversidad cultural requiere.
Vale la pena, en ese sentido, decir de nuevo que !viva el Bicentenario de
nuestra Independencia!, pero que la mejor urna que podemos depositar para los
colombianos del mañana, no será aquella que contenga magníficas antigüedades,
fotografías y curiosidades de nuestro presente, sino la que herede un proyecto
de nación claro, sostenible a futuro sobre su respetable tradición democrática,
que quizá no quepa en una simple urna pero si la contenga, como a toda Colombia.
*A
propósito de esta celebración la Escuela de Política y Relaciones
Internacionales ha adelantado bajo la dirección de los profesores Catalana
Jiménez y José Alejandro Cepeda la investigación "Opinión Pública
y Ciudadanía (1780-1819) Expresiones e importancia para su desarrollo en
torno al proceso de Independencia en la Nueva Granada", dentro del Grupo de
Análisis Político (GAP).
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