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Si bien el terrorismo en sí mismo a
pesar de su comportamiento extremista se puede considerar como un instrumento
político en el actual sistema internacional, desde el punto de vista del sistema
de Clausewitz no lo sería, en cuanto la guerra está construida y soportada por
los Estados y las relaciones puntuales entre ellos, en una violencia política de
carácter oficial y de consenso mayoritario entre gobiernos y pueblos,
condiciones que no cumple necesariamente la práctica terrorista.
Introducción
Carl Von Clausewitz (1780-1831) escribió desde la realidad Prusiana de su tiempo
sobre la teoría de la guerra, definiéndola en buena forma como “la continuación
de la política por otros medios”. Esta definición es en buena forma una visión
técnica sobre la guerra moderna, y su consideración como “acto político”. Sin
embargo es necesario aclarar que la perspectiva de Clausewitz fue desarrollada
en el siglo XIX, que se trata de una lógica que entonces giraba en torno a la
figura principal de los Estados, la búsqueda de su consolidación en Europa, y un
sistema internacional regido en su mayoría por el concepto que en relaciones
internacionales se define como realismo. En este autor, odio, cálculo e
inteligencia forman una conjunto sobre el que el poder militar debe asumirse,
pero en una conjunción de apoyo entre gobierno y pueblo. Si bien las teorías de
Clausewitz influyeron ampliamente a la Alemania de las dos guerras mundiales del
siglo XX, en la actualidad es difícil hacer una extrapolación de sus conceptos,
incluyendo el debate en torno al terrorismo. La siguiente lectura propone
observar con detenimiento algunos conceptos y lógicas sobre los conceptos de
guerra y terrorismo:
I. La guerra organizada de carácter Estatal contrasta con la imprecisión de
la actividad terrorista, donde de la primacía de los actores Estatales se pasa a
la multiplicidad de protagonistas de los actos violentos.
La guerra en Clausewitz: un sistema de acción estatal organizada
La acción violenta en Clausewitz corresponde a la práctica organizada, lógica y
racional de la política estatal, plasmada en un acto que en su libro póstumo “De
la guerra” definió precisamente así: guerra. Pero la guerra en éste prusiano es
una guerra moderna, sustentada en el carácter político de su realización, como
la había experimentado personalmente en las guerras napoleónicas, los conflictos
entre Francia y Alemania y en la influencia de la Rusia zarista. Los elementos
de la guerra definitivos son: (a) odio, enemistad y violencia primitiva y b) el
juego del azar y (c) las probabilidades políticas. Aquí es señalable entonces
una diferencia fundamental: (a) es un elemento que interesa principalmente al
pueblo, (b) a los comandantes y (c) exclusivamente a los dirigentes de los
gobiernos. Distinguimos entonces que en su fundamento la guerra es una relación
que apela a los sentimientos del pueblo, se racionaliza cuantitativamente a
través de las posibilidades de los ejércitos de los Estados, pero toda
responsabilidad y objetivos políticos atañen de manera única al gobierno.
El terrorismo, su indefinición y volatibilidad organizativa
Por el contrario, a diferencia de la guerra estratificada y organizada
presentada por Clausewitz, frente al terrorismo no existe un consenso en torno
al concepto. Existen acuerdos parciales en torno al tema desde las propias
Naciones Unidas; posiciones individuales de actores de alta influencia como los
Estados Unidos; definiciones compartidas como en la Unión Europea o las
particulares en diferentes organizaciones no gubernamentales. Podemos, sin
embargo, identificar algunos elementos constantes del terrorismo: (a)
premeditación y violencia no ortodoxa, (b) existencia de un fin político, y (c)
la no presencia de combatientes identificados.
Si contrastamos estos elementos con la organización militar del modelo de
Clausewitz, podemos inferir que la política como fin es una constante compartida
entre guerra y terrorismo, pero que ésta última carece de mandos, legitimidades
de tipo oficial, consenso y una lógica de respeto mínimo por las prácticas del
derecho internacional o, con mayor actualidad, hacia el discurso de los derechos
humanos. Desde este punto de vista, por contraste, algunas guerrillas
organizadas en torno a las definiciones del Protocolo de Ginebra sobre derechos
humanos logran cumplir ciertas valoraciones organizativas en torno a la guerra
que no suplen los cuerpos terroristas. Para algunos especialistas, la confusión
radicaría, “a que en la actualidad tiende a ser visto el terrorismo como un mero
sustantivo, independiente, cuando en buena parte continúa siendo un adjetivo de
las prácticas violentas. En todo caso su proveniencia y la retórica en torno a
los derechos humanos nos permiten seguir diferenciando entre determinados
actores quién es terrorista y quién no” (Sinclair: 2005, 24).
II. El terrorismo y la guerra en Clausewitz comparten fines políticos, pero sus
diferencias entre cálculos, metodología y responsabilidades los hacen en su
mayoría incompatibles.
Violencia de origen nacional, y violencia “transnacional”
Como se observó, según los preceptos de Clausewitz, el cálculo de los militares
y los gobiernos, es decir la estrategia, rige la orientación política hacia la
instrumentación de la violencia basada en discursos que provienen de los
distintos cuerpos sociales. En el terrorismo, por el contrario, la base
psicológica, ideológica o incluso religiosa que soporta la violencia continúa
presente. Pero su estructuración no se realiza a través de los Estados como
actores unitarios, por medio de procedimientos legítimos de carácter
constitucional como las declaratorias de guerra oficiales, sino a través de la
dispersión de sus protagonistas, sus acciones, y por tanto del grado
identificable de responsabilidad.
De otra parte, la guerra estudiada por Clausewitz en el siglo XIX era una guerra
protagonizada por los Estados, que si bien actuaban ya en un marco internacional
más interdependiente, tenían una actuación y un mando identificables,
provenientes de unidades territoriales específicas. En el caso del terrorismo,
por el contrario, vemos que actores importantes como Al-Qaeda -por ejemplo- en
casos como los ataques de las Torres Gemelas en Nueva York en Septiembre 11 de
2001 actúan de manera transfronteriza, con militantes de distintas
nacionalidades, sobre territorios distintos y elementos políticos que provienen
no de un solo lugar específico. Estamos hablando entonces de una guerra con un
origen deslocalizado que contrasta con la guerra identificada, “estatista” y
nacionalista de Clausewitz.
El terrorismo como una violencia política autónoma
Clausewitz no alcanzó a observar el alto grado de complejidad del sistema
internacional contemporáneo. Si bien siempre concibió la guerra como una
compleja empresa política que implicaba el derramamiento de sangre y la práctica
de actos brutales, la misma siempre fue definida como un acto nacional. Tanto es
así que previa que todo el conjunto social nacional debía volcarse al servicio
de la guerra, para logar con éxito su ejecución. Una guerra iniciada no debería
terminarse hasta la rendición del enemigo y la consecución de una clara
victoria.
Se puede concluir como el terrorismo en cambio no actúa dentro de escaramuzas
puntuales como veían los actores estatales de la guerra según Clausewitz, sino
que sus tiempos, su geografía, sus victorias y sus derrotas son relativas. En la
actualidad se pueden apreciar las consecuencias de esta particular naturaleza
política frente al limbo y la desolación que puede enfrentar “la guerra contra
el terrorismo” que encabezan los Estados Unidos, donde se en teoría se supone se
sabría quién es el bueno con exactitud, pero no quién es el malo.
La guerra en Clausewitz "constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para
obligar al adversario a acatar nuestra voluntad", una voluntad que en todo caso
es estatal y de voluntad nacional. Podemos aceptar por tanto que el terrorismo
sí es un instrumento político en el sistema internacional actual, pero que
frente a los preceptos de Clausewitz no cumple los requisitos para la ejecución
de una guerra específica, de carácter nacional, con actores identificables y
responsables directos.
Bibliografía
Alberts, David S., Thomas J. Czerwinski, (Eds) (1997): Complexity,
Global Politics, and National Security. Washington, D.C.: National Defense
University.
Sinclair, Simón (2005): ¿Qué está detrás del terrorismo?. Santa Coloma Editores.
Von Clausewitz, Carl (1832): Vom Kriege (De la guerra)
-Eurodocumentos: “Construir la Paz”. En:
www.euroaventura.net/documentacio/previsualiza.php?iddocu=020118105503
*Docente de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales /
Comunicación Social y Periodismo. Universidad Sergio Arboleda.
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