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Las Pymes: Vitales para la recuperación del crecimiento económico
Patricia Cárdenas Santa María,
Presidenta de ASOBANCARIA, COLOMBIA


Quiero agradecer a Infopyme y a la doctora Gloria Esse de Niño la organización de este importante y oportuno foro, así como la invitación que me extendieron para participar en la sesión de instalación. No fue difícil aceptarla, los temas que hoy se debatirán forman también parte de la agenda del sector financiero y constituyen para nosotros un serio compromiso con el desarrollo empresarial del país.

Los felicito, además, por crear este escenario en el que los banqueros, tanto de la banca comercial como de la banca de desarrollo, y los empresarios de la pyme tendrán oportunidad de intercambiar opiniones, de conocer problemáticas y de esbozar soluciones que permitan a la economía colombiana salir del letargo de los últimos años.

Las micro, pequeñas y medianas empresas están llamadas a jugar un papel crucial en la recuperación de la senda del crecimiento económico del país. Esta es una realidad. Basta con mirar algunos indicadores conocidos por todos los presentes: representan alrededor del 96% del total de empresas del país, generan cerca del 63% del empleo, y aportan el 25% del PIB.

Según un informe de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF, publicado en octubre de 2001, existen dos elementos que han propiciado el gran dinamismo de las Pyme en los últimos años: su mayor vocación de exportación en la industria manufacturera y el manejo flexible de los costos, en especial los laborales.

Sin embargo, a pesar de su gran importancia económica y social, este es el grupo de empresas que enfrenta más obstáculos para su desarrollo: problemas de acceso a los mercados, barreras tecnológicas, dificultades para obtener recursos de crédito del sector financiero y baja oferta de mano de obra de tecnólogos y técnicos.

A pesar de no ser el más decisivo, el problema del crédito es el que aparece con más persistencia en los debates públicos. Esto se debe a la necesidad diaria de obtención de recursos por parte de estas empresas.

No deberíamos sorprendernos. Situación similar se registra en los países de la Unión Europea en los cuales, según el Sexto Informe del Observatorio Europeo para las Pymes, una de las principales limitaciones que enfrentan en el acceso al crédito que se ve restringido aún más en cuanto menor es el tamaño de la empresa.

En los Estados Unidos la situación no es diferente, la percepción que tiene el sector privado acerca de la financiación de las empresas pequeñas es de alto riesgo y gran incertidumbre.

Curiosamente, compartimos esta parte del diagnóstico con los países desarrollados; y no es para menos, teniendo en cuenta que en ellos la mipyme también representa una porción notable de sus agregados. En la Unión Europea, por ejemplo, las mipyme constituyen alrededor del 95% del universo empresarial y generan el 53% del empleo. En Estados Unidos existen aproximadamente 25 millones de empresas pequeñas que proveen cada año cerca del 75% de los nuevos empleos de la economía.

Las diferencias entre países surgen de la forma de respuesta no sólo al problema de financiación sino a los diversos obstáculos antes mencionados. En los países desarrollados se ha implementado, desde hace varias décadas, un amplio espectro de políticas de apoyo a las empresas y se han orientado ingentes recursos hacia la diversificación de las fuentes de financiación. En el caso de la Unión Europea, el principio rector del apoyo al desarrollo empresarial es que “Una política de empresa es fundamental para lograr un desarrollo sostenible”; en el de los Estados Unidos múltiples documentos del gobierno hacen referencia a que “La pequeña empresa es la base que soporta la capacidad productiva de la Nación, estimula la innovación y genera empleos”.

Para la Comisión de las Comunidades Europeas, que da a este tema un lugar preponderante dentro de la economía del conocimiento, cada vez es más palpable el papel fundamental de las pequeñas y medianas empresas en la creación de empleo. Ello significa plena conciencia de la asunción del riesgo, un entorno empresarial que permita su desarrollo e innovación y el acceso mercados nacionales e internacionales.

Como vemos, la importancia otorgada por dicha Comisión al tema del financiamiento de las empresas es ampliamente superada por la concepción basada en la visión integral de la problemática de las empresas.

En Colombia hace apenas dos años se aprobó una normatividad que busca enfrentar el problema de manera integral. En la Ley 590 de 2000, o Ley de Mipymes, se establecieron mecanismos para apoyar y facilitar el acceso a la tecnología, la ampliación de la oferta de mano de obra calificada, la penetración de mercados internos e internacionales, la financiación, las fuentes de información y la capacitación. Adicionalmente, se creó un marco institucional que velará por el diseño e implementación de planes de desarrollo para la mipyme, así como el seguimiento y la medición del impacto de las políticas adoptadas.

Sin duda, la Ley de Mipymes es un hito en la política de desarrollo del país y es imperioso el apoyo de toda la sociedad para garantizar su aplicación global, para afinar continuamente sus instrumentos y para superar los inconvenientes que vayan surgiendo. Emulando a los países desarrollados, debemos dar a la política de empresa un pedestal propio que la convierta en el principio rector de la política de empleo y de crecimiento económico de Colombia.

Partiendo de la base de que la problemática de las mipyme tiene múltiples aristas, retomemos el tema de la financiación.

En Colombia, como en otras economías de la región, el problema del acceso al crédito es más agudo porque la mayor parte de la demanda se canaliza hacia el sector intermediado, es decir, los establecimientos de crédito (bancos, corporaciones financieras y compañías de financiamiento comercial).

Una proporción muy pequeña de la demanda de crédito logra tener acceso a recursos del sistema financiero no intermediado, es decir, el mercado de acciones, el mercado de derivados y el de renta fija; estos son actualmente mercados de reducido tamaño, baja liquidez y poca profundidad. Este hecho le resta flexibilidad y dinamismo a la consecución de fondos por parte de los agentes deficitarios y torna muy rígida su estructura de capital.

La percepción del mercado sobre el alto riesgo que existe en las empresas nacientes o en sus primeras etapas de desarrollo hace que sea muy escasa la oferta de recursos por parte de agentes especializados, dispuestos a asumir este tipo de riesgos. Una de las razones más importantes por las cuales las empresas nacientes reciben menos recursos de crédito que las maduras, tiene que ver con sus altos niveles de mortalidad: en Colombia desaparecen cerca del 50% de las microempresas en el primer año y del 75% durante el segundo.

La consecuencia, por lo tanto, es que la presión relativa sobre las entidades financieras es mucho mayor que en países desarrollados. En éstos la financiación de las empresas en las primeras etapas de crecimiento generalmente es atendida por los llamados Angel Investor y los Fondos de Capital de Riesgo. Las empresas más prometedoras son apoyadas por este tipo de agentes que aportan hasta el 50% del patrimonio y permanecen como socios hasta un plazo máximo de 10 años. Durante ese periodo apoyan la adopción de tecnologías, la excelencia en el manejo gerencial, la provisión de información transparente a los mercados y, consecuencia de ello, la valorización de las empresas, pues ahí radica su posibilidad de obtener elevadas tasas de ganancia o el riesgo de perder el capital invertido. Cuando estos agentes logran salir realizando sus ganancias, dejan en la economía una empresa en sólido proceso de crecimiento y con una estructura de capital más diversificada. Por lo general, además de los aportes de nuevos accionistas, las empresas ya han logrado financiación bancaria de corto y mediano plazo.

El vertiginoso incremento en los desembolsos de capital de riesgo en Estados Unidos en la última década ha dejado enormes beneficios para esa economía, así como lecciones sobre las bondades de este instrumento de financiamiento. Entre ellas cabe destacar el incremento de la participación de los hogares en el mercado de capitales, la orientación de recursos financieros hacia proyectos de investigación y desarrollo –especialmente hacia empresas con un alto contenido tecnológico- y un mayor acceso de las empresas al sector bancario una vez éstas empiezan a revelar al mercado información de calidad.

En estas primeras etapas, algunas empresas también cuentan con el apoyo de incubadoras, que reducen la alta mortalidad típica de sus primeros años de vida, y de fondos de garantías, bien sea públicos o privados, que comparten los riesgos de crédito con las entidades financieras.

En el caso de las empresas maduras, es ampliamente conocido que el acceso a los diversos instrumentos que ofrecen los mercados de capitales en los países desarrollados les permite optimizar su estructura de capital y reducir el uso de recursos del sector financiero.

El contraste de esta realidad de los países desarrollados con la que enfrentan nuestros empresarios es muy marcado. La incursión de los Fondos de Capital de Riesgo en nuestro país ha sido tímida; se ha concentrado en la conformación de unos pocos fondos privados y de un fondo público creado bajo la Ley 590.

La presencia de estos Fondos con capital extranjero en América Latina en la última década y hasta el año 2000, significó recursos por un total de $15.000 millones de dólares, con un tamaño promedio de los fondos que oscilaba entre los US$ 25 y los US$ 1.000 millones. Estos fondos orientaron sus inversiones hacia los sectores de telecomunicaciones, T.V. en cable, alimentos, productos agroindustriales y comercio, principalmente.

Infortunadamente la inversión de los Fondos de Capital de Riesgo extranjeros en Colombia ha sido muy limitada por la falta de incentivos fiscales por parte del Estado para su conformación, por falta de socios locales y por la incertidumbre macroeconómica que caracterizó a nuestra economía en la segunda parte de los años noventa. Por estas razones los fondos con recursos extranjeros alcanzaron apenas el 2% del total de los recursos que ingresaron a Latinoamérica. La mayor participación dentro del total de recursos externos la han tenido Brasil, Argentina y México.

Las incubadoras de empresas han hecho su aparición, pero en términos generales hasta ahora tres o cuatro están cumpliendo con relativo éxito su función.

En materia de riesgos compartidos sí se ha tenido una experiencia positiva. Desde los años ochenta existe en Colombia el Fondo Nacional de Garantías, que es una entidad de carácter público. Hace unos años el Fondo fue sometido a una reestructuración que le ha dado una gran dinámica y sin duda está cumpliendo un importante papel para el acceso al crédito de la pequeña empresa.

La información disponible del Fondo Nacional de Garantías a marzo pasado, muestra que el crédito movilizado para el programa empresarial pasó de tener un total de 4.135 beneficiarios en el año 2001, a 7.389 en el primer trimestre de 2002. En términos de desembolsos de crédito, éstos se han incrementado en un 211%, hasta alcanzar la suma de $142 millones de pesos en el primer trimestre del año. Estos datos permiten ilustrar el dinamismo que ha tenido la movilización de crédito a empresas pequeñas con garantías públicas, que cuentan con menos de $4 mil millones en activos.

Por fortuna, el país empieza a entender la necesidad de dar impulso a nuevas opciones de financiación de las empresas y la importancia de reducir su mortalidad. Ello se refleja tanto en las políticas del gobierno como en diversas iniciativas privadas.

Una labor conjunta de gobierno, sector financiero y entidades especializadas en las microfinanzas ha permitido cambios regulatorios que el sistema financiero venía reclamando de tiempo atrás. Me refiero específicamente a la identificación del crédito para la microempresa como un nuevo tipo de cartera y la clasificación del crédito a las pyme como crédito comercial. Antes eran clasificados como crédito de consumo, con un régimen de provisiones que lo tornaba más oneroso. La incidencia de esta medida es enorme, pues no sólo alivia un factor de costos, sino que el mercado intermediado va a comenzar a generar información sobre este segmento de industria, lo cual permitirá evaluar su comportamiento y su potencial crecimiento.

Así mismo, se ha venido trabajando sobre programas de fomento de exportaciones para mipyme a través de instituciones como Proexport y Bancoldex. Además, se ha dado paso a la conversión del IFI en banco de segundo piso con énfasis en la mipyme. Sus resultados entre enero y julio de 2001 muestran que 9.653 mipymes han sido beneficiadas.

Como consecuencia de la profunda crisis económica de 1999, las empresas del sector real vieron menguado su patrimonio y, con ello, se redujo su capacidad de adquisición de nuevas deudas. En el año 2000, en el marco de la Asamblea de Acopi, la Asobancaria lanzó la propuesta de un Fondo de Capitalización Empresarial. Esta idea, que contó con el acompañamiento del gremio de los pequeños y medianos empresarios, fue acogida e impulsada por el Gobierno Nacional, en cabeza de los ministros de Desarrollo y de Hacienda. En noviembre del año pasado se estableció el Fondo, como una línea de redescuento del IFI, con un monto de recursos de $300 mil millones de pesos.

Pese al poco tiempo de operación que lleva el Fondo de Capitalización, ya se hacen evidentes los resultados. La información disponible del IFI muestra que hasta el pasado mes de marzo se han redescontado cerca de $48 mil millones por parte de 610 empresas. Más significativo aún, es que cerca del 42% de esos recursos se desembolsaron en el último mes. Con toda seguridad, antes de concluir el año se habrá colocado el total de recursos del Fondo y un número importante de empresas habrá retornado a la ruta de la expansión.

Por su parte, el sector financiero ha mostrado un creciente interés en la financiación de las pymes y en algunos casos de las microempresas. De tiempo atrás, algunas entidades incursionaron en el campo de las microfinanzas, al punto que se constituyeron en un ejemplo a seguir por otras economías emergentes; basta con citar a Finansol, hoy Finamérica, y al Banco Caja Social, que son tomados como modelos de estudio en el campo de la financiación de las empresas pequeñas.

Las experiencias de Finansol y de la Caja Social marcaron una senda por la cual han empezado a caminar otras entidades financieras; algunas, que tenían experiencia en pymes, incursionando en la financiación de microempresas y otras, tradicionalmente orientadas a los segmentos de empresas medianas y grandes, entrando con gran entusiasmo a la financiación de empresas pequeñas.

Estoy segura de que muchos de los empresarios que hoy nos acompañan son testigos del creciente número de entidades financieras que ofrecen crédito al segmento de las pymes. Varias de ellas, como Megabanco, Bancolombia, Banco de Bogotá y Bancafé están incluidas en la agenda del seminario, por lo que tendrán la oportunidad de brindarles una amplia información sobre sus líneas de crédito.

Al interior de otras entidades financieras se está llevando a cabo un cambio organizacional y se le está prestando toda la atención al nuevo destino de la cartera, a través de la creación de áreas especializadas en la evaluación financiera del microcrédito y del crédito a la pyme, su seguimiento y su inherente evaluación del riesgo asociado.

El papel de la Asobancaria en este proceso ha sido el de apoyar decididamente el desarrollo de mecanismos para aprovechar al máximo la atención que se le está prestando a la mipyme. Con ese fin, la Asociación conformó un comité técnico especializado en el microcrédito y el crédito a la pyme. En él se estudia la problemática de este tipo de crédito, se difunden experiencias exitosas y se realiza una labor de divulgación del conocimiento en la materia.

Por otra parte, como resultado de los “Encuentros Nacionales de Competitividad y Productividad”, impulsados por el Ministerio de Comercio Exterior, en el año 2001 fue creada la Red de Finanzas con el propósito de estudiar los obstáculos de la financiación para el desarrollo productivo de las empresas y proponer soluciones para lograr mejoras en competitividad. La Asobancaria, es la entidad coordinadora del sector privado en la Red, en tanto que la Superbancaria es la contraparte de coordinación del sector público.

En coherencia con la visión planteada, respecto a la importancia de crear mecanismos para la diversificación de la estructura de capital de las empresas en sus primeras etapas de crecimiento, la Red ha venido trabajando sobre el tema de los Fondos de Capital de Riesgo como alternativa de financiamiento y mecanismo para contribuir a la profundización y democratización del mercado de capitales. El objetivo último es elaborar una propuesta al gobierno para impulsar el florecimiento de esta actividad de riesgo en el país. En esta materia es necesario encontrar mecanismos para canalizar los excedentes de ahorro de la economía hacia este tipo de fondos. Facilitar el acceso de los inversionistas institucionales les permitiría diversificar mejor su portafolio bajo claras normas de regulación prudencial. A su vez, se crea la opción de establecer alianzas estratégicas con fondos internacionales.

Para terminar, quiero refererirme brevemente a un tema que resulta crucial al momento de estudiar la financiación de la mipyme y es el de la información. Cuando un empresario se acerca a una entidad financiera a solicitar un crédito, se plantean para la entidad dos tipos de problemas: de un lado, la ausencia de información contable ordenada o la baja calidad de ella en los casos en que existe; de otro, la ausencia casi total de información sobre microempresas y pymes, que permita realizar un buen estudio de riesgo sectorial. En estos dos campos hay que avanzar de forma significativa; esos no son sólo requisitos de los bancos sino también de los fondos de capital de riesgo.

En algunos casos, el manejo serio de la información contable no se hace porque es muy oneroso con respecto al tamaño de la empresa. Así como muchas facultades de derecho cuentan con un consultorio jurídico que permite la realización de prácticas a los estudiantes y el acceso a la justicia a personas de escasos recursos, debería pensarse en algo similar para que las universidades puedan brindar asesoría contable a las empresas a las que les resulta costoso disponer de una contabilidad ordenada.

En materia de información sectorial es imperativo que el DANE aborde el estudio periódico de las mipymes, mediante encuestas mensuales que permitan obtener mediciones de diversa índole en todos los segmentos de la actividad económica. Actualmente sólo se cuenta con información periódica de empresas medianas y algunas pequeñas de la industria; pero es prácticamente desconocido lo que está ocurriendo en la mipyme de los demás sectores.

Este es el panorama sobre el cual tenemos que trabajar y desarrollar ideas que permitan que ustedes cuenten con una gama más amplia de mecanismos de financiación, pero también con acceso a todos los otros aspectos contemplados en la Ley Mipyme para superar los múltiples obstáculos que enfrentan las empresas. No me cabe duda de que su impacto en la generación de empleo y sus aportes a la creación de valor agregado serán definitivos para mejorar los niveles de bienestar de un elevado porcentaje de nuestra población.

Bogotá, abril 9 de 2002
 


 

 
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