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Quiero hacer ciencia en Colombia: El discurso de despedida de un nuevo egresado Sergista

sergio_andres_sanchez_sanjuanA Sergio Sánchez lo apasionan el espacio, las estrellas y todo lo que brilla en el firmamento. Por eso, cuando llegó a la Universidad Sergio Arboleda como estudiante del programa de Ingeniería Electrónica, encontró en el Observatorio Astronómico un lugar para cumplir sus sueños.

Ahora que emprende una nueva etapa en su vida como profesional, asegura que este espacio, en el que ha tenido la posibilidad de participar en el desarrollo del satélite Libertad 2, es uno de los lugares que más extrañará. También recordará a sus amigos y a docentes como Jesús David González y Ronald Hurtado, quienes lo guiaron en la construcción de su proyecto de grado.

“Quiero demostrar que en Colombia es posible hacer ciencia”, asegura este ocañero, quien desea incursionar en la rama aeroespacial.

En su ceremonia de grado, celebrada el pasado 25 de mayo y en la que recibió el reconocimiento del mejor promedio acumulado del programa -4,83- pronunció las siguientes palabras, que reflejan el entusiasmo de un científico en cierne:

Palabras graduación: Magnífico señor rector, Rodrigo Noguera Calderón; señor vicerrector académico, Germán Andrade Quintero; señores decanos, vicedecanos y decanos asociados de los diferentes programas aquí presentes; familiares, amigos graduandos y público en general, muy buenos días.

Ha llegado el día sublime y excepcional. El día en el que cada uno de nosotros abandonamos las aulas de clase para convertirnos fervorosamente en miembros al servicio de la sociedad; una sociedad en constante evolución que progresa por la labor de aquellos que entregan en cuerpo y alma su profesión; una profesión que se ha alcanzado con el rigor y formación de un largo proceso que hoy, orgullosamente, ha llegado a su fin. Estos años se resumen en un camino que, sobre nuestros hombros, ha cargado con las dificultades y enseñanzas de la nueva experiencia que siempre tuvo el soporte de aquellos que brindaron la infinita confianza de forma desinteresada para seguir adelante, hablo de la familia.

sergio_andres_sanchez

Como miembro de la Escuela de Ciencias Exactas e Ingeniería, al igual que mis compañeros aquí presentes, no dejo de expresar el orgullo de pertenecer a una institución que me brindó todo para entender mi posición frente a la sociedad; para despertar mi pensamiento crítico frente al mundo y para entender mi humildad frente a la humanidad. Todo lo anterior, resumido en la formación de una vocación y una personalidad que nació como semilla en la curiosidad por la ciencia, en la investigación misma. Claude Cohen-Tannoudji, Nobel de Física en 1997, dijo en alguna ocasión: “Un verdadero científico es un estudiante para toda la vida”.

Así, más allá de los libros de textos y de los laboratorios, no debemos olvidar la principal labor de la ciencia y la investigación, la capacidad de resolver problemas para el bienestar de la sociedad. Pues más ahora, en pleno siglo XXI, distinguido como la era del conocimiento, estamos a merced de entregar al mundo nuevas oportunidades, nuevos peldaños de desarrollo y valiosos legados de innovación.

Desde la ingeniería y la ciencia, es nuestro deber preservar y defender el principio máximo de anticipación al cambio, en otras palabras, de evolución. Que nuestro nuevo camino como profesionales se convierta en causa y efecto en la transformación de un mundo en decadencia que cada día presenta más necesidades, que aún no han conseguido respuesta. Hacer de la globalización una ventana abierta para ver más allá de las fronteras, conocer la gama multidisciplinar de nuestras culturas para lograr una reciprocidad entre el soñar y el poder. Ante todo esto, no olvidemos la base más importante: el amor por lo que hacemos y la disciplina en el deber cumplido. Usar nuestro conocimiento como motor de prosperidad que, como decía Richard Feynman: “Es reconocer la verdad por su belleza y simplicidad.”

Sin nada más que resaltar, quiero agradecer a muchas personas que hacen de esto una realidad palpable. A nuestros padres, como principales autores; a nuestros amigos y compañeros, como mano derecha de nuestra vida; a la ECEI y a los profesores, como los navegantes de una embarcación bajo un cielo estrellado; a todos ustedes, porque sin ustedes no hubiéramos logrado llegar hasta aquí y (a modo personal) convertirme en “un estudiante para toda la vida”.

Por eso, deseo terminar con un pequeño fragmento de una poesía de Mario Benedetti que dice: “No te rindas, que aun estás a tiempo; de abrazar la vida, y comenzar de nuevo; aceptar tus sombra, liberar el lastre y retomar el vuelo. No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, abrir las esclusas, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo”.

¡Muchas gracias¡

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