4 de septiembre de 2007
Escribió el salmista: Dijo el insensato en su Corazón:
¡No hay Dios! Acaso deseándolo en sus entrañas. Salmo 14,1
Jamás creas tanto en los engreídos
megalómanos miopes de la vida,
tan sólo dan pábulo a sus sentidos,
necedad en su corazón se anida;
del aizber muy curiosos ven su punta
y corren a pintarlo alucinados,
solo alcanzan a ver lo que relumbra,
mientras la mole crece por debajo;
allí están los cefálicos monistas,
parlanchines, robóticos, ingratos,
párvulos filósofos de revistas,
que al espíritu ignoran sin recatos;
escrito bien está por el salmista…
¡Fatal imprecación del insensato!
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