Share On Facebook
Share On Twitter
Share On Linkdin

Ingresa a

Sergiovirtual

INGRESA A MOODLE

Haz Clic Aquí

INGRESA A BLACKBOARD

haz clic
Incorrecto

Ingresa a

SergioNET

Comunidad Sergista en línea



Olvidé mi contraseña
¿Cuál es mi usuario?

Ingresa a

Tucorreo

Si eres estudiante


Si eres FUNCIONARIO

haz clic aquí

Menu

SANTIAGO JOSÉ CASTRO AGUDELO “SÉ HONESTO, SÉ FELIZ Y HAZ LAS COSAS BIEN”

Es politólogo e historiador, ama su trabajo y pese a su juventud ha logrado destacarse en todo lo que hace. Fue seleccionado por la Revista Semana como uno de los 30 líderes del país menores de 30 años. Santiago Castro, vicedecano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales nos habla de su vida, logros y sueños.

Arbolea: ¿Cómo era Santiago Castro el niño? Háblenos de su familia.
Santiago Castro Agudelo: Soy el mayor de tres hermanos y una hermana. Los cuatro hemos sido unos privilegiados pues tu- vimos todo, pero sobre todo un papá que estuvo con nosotros en las buenas y en las malas. De los cuatro el más rebelde siempre fui yo. Mi mamá sufría, pero mi papá era medio alcahueta con el tema. Recuerdo que siempre estuve muy pegado a mi papá, mucho más que a mis hermanos. De pequeños mi mamá quería que fuéramos superhéroes, o algo así, porque nos metía a cursos de natación, tenis, fútbol, equitación, música… creo que hasta estuve en clases de canto en Misi. Una anécdota: a mi papá le dijeron que si quería que yo siguiera avanzando en equitación me tenía que comprar un caballo… El fin de semana siguiente tenía doble entrenamiento de fútbol y se acabó la equitación. En el colegio fui muy rebelde, nunca vago, pero sí muy crítico de todo. Hay una cosa que se me grabó de la infancia, una frase que mi papá aún hoy repite: “sé honesto, sé feliz y haz las cosas bien”.

A: ¿Por qué decide estudiar Ciencia Política y posteriormente Historia?
S.C.A.: Estudié Ciencia Política e Historia en la Universidad de los Andes porque siempre he estado liderando procesos de cambio y la política me encantaba. Estaba confundido pero mi papá tuvo como paciente a Dora Rothlisberger, entonces profesora de Ciencia Política en la Universidad de los Andes, y terminó por aconsejarme entrar a estudiar esa carrera. En segundo semestre empecé el doble programa con Historia, pues estoy convencido que sin entender y comprender los procesos históricos, estudiar la política se vuelve algo gaseoso y sin fundamento. Además, siempre me ha encantado leer y era una forma de obligarme a estar leyendo todo el tiempo.

A: ¿Qué recuerda de sus años de estudiante?
S.C.A.: Cuando estaba en el último año del colegio me eligieron representante de estudiantes un día en el que no fui a clase. Llegué al siguiente día y era miembro del consejo directivo del colegio sin entender muy bien cómo. Pocos días después llegó una invitación del Partido Conservador para un foro y fui con un amigo. Desde ese día soy militante activo del partido… en la universidad pasaba la mitad del tiempo en reuniones políticas. Tuve pocos amigos, pues tampoco me quedaba mucho tiempo para salir. Mi gran compañero fue Jorge Delgado, quien hoy es investigador en King’s College y está terminando su doctorado en estudios de guerra. Fue Jorge el que logró que me “ajuiciara” en la universidad y competíamos por quién sacaba la nota más alta. Creo que solo le gané en sexto semestre cuando tuve un promedio de 4.7 y él de 4.6 o algo así. Cuando tenía tiempo entre clases iba a la biblioteca del Cider, Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo de la Universidad de los Andes, para adelantar lecturas, cosa que no pude volver a hacer cuando nació mi hija María Alejandra porque tuve que empezar a trabajar. La mejor experiencia fue en mi último año de universidad cuando terminé mi pregrado en Historia. Trabajaba en el Partido Conservador, estudiaba Historia en los Andes, en la noche era profesor de medio tiempo en otra universidad y tenía que estar pendiente de mis hijos.

A: Cuéntenos acerca del programa de seguimiento y acompañamiento legislativo que usted creó cuando trabajaba en la Organización de las Nuevas Generaciones del Partido Conservador.
S.C.A.: Cuando entré a trabajar al partido era asistente de giras. Eso es como decir una especie de “todero”. Así que me tocó meterme en todo lo que veía sin responsable. Terminé encargado de la Organización Nuevas Generaciones como secretario técnico del Directorio Nacional y después de un año me empecé a preocupar porque veía que los parlamentarios del partido muchas veces ni si- quiera conocían la agenda legislativa. Fue entonces cuando presen- té el proyecto del PSAL a la Fundación Konrad Adenauer y al Instituto Republicano Internacional. El presidente del partido no lo veía con muy buenos ojos y no me paraba bolas. Siempre que me dicen que algo no se puede hacer, yo creo que es urgente hacerlo, no me quedo quieto hasta que se hace. Decidí entonces decirle que había conseguido más de 20.000 dólares para un proyecto de cooperación internacional, cosa que era cierta, y prácticamente sin leerlo me firmó. Cuando sacamos los primeros informes y estudios sobre proyectos de ley con la Corporación Siglo XXI, aliada también en el proyecto, muchos congresistas se molestaron. No les gusta que los critiquen. Incluso me decían que con esas cosas que planteaba no iba a llegar a ninguna parte.

A: Usted es becario de la OEA, la Fundación Konrad Adenauer y la FAES…
S.C.A.: En 2005 conocí la Sergio Arboleda gracias a una beca de la OEA para que dirigentes jóvenes de partidos políticos hiciéramos un Diplomado sobre calidad de líderes y dirigentes políticos en una democracia. Participamos jóvenes de todos los partidos y hoy mantengo excelentes contactos con muchos de ellos. En 2008 la Konrad Adenauer me ofreció una beca completa para estudiar Comunicación Política en su escuela de verano en Berlín y Wendgräben. Solo fuimos dos latinoamericanos, una niña de Chile y yo. Recuerdo que en un bar que frecuentaba, el mesero me hablaba a mí en alemán para que yo les tradujera a todos los africanos, orientales y árabes, porque soy medio blanquito. Yo no entiendo ni papa de alemán, pero siempre me inventaba la traducción y por alguna razón todo fluía muy natural. En 2012 la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) me seleccionó para participar en el programa de visitantes iberoamericanos que se lleva a cabo todos los años en noviembre durante una semana en Bruselas y una semana en Madrid. Para ese entonces ya estaba en La Sergio como Director Académico. Lo más importante de ese programa fue haber tenido ocasión de conocer a figuras como Wilfried Marteens, presidente del Partido Popular Europeo; Jose María Aznar, expresidente de España; Ignacio González, presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, entre otros. En Bruselas, nunca lo olvidaré, una eurodiputada nos dio la bienvenida a “las nuevas generaciones del tercer mundo” y nos invitaba a “aprender de Europa”. Cuando me dio la palabra le pedí que habláramos mejor del “nuevo mundo” y le pregunté si quería que aprendiéramos cómo evitar la crisis en la que estaba el sur de Europa. En ese momento todos los participantes, de todos los partidos conservadores de América Latina, asintieron. Lo importante de estos programas es aprender de otros, pero también hacer valer las cosas buenas que tiene América Latina.

A: ¿Cómo llegó a La Sergio?
S.C.A.: Alguna vez en Medellín, siendo secretario técnico del Directorio Nacional Conservador, tuve una conversación muy interesante con Fredy Barrero, entonces decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales, a quien había conocido uno o dos años antes. Hablamos de Ciencia Política, de la Escuela, de La Sergio, de política y demás. En julio de 2009, cuando estaba ad portas de dejar mi cargo en el partido, Fredy me llamó para ofrecerme la cátedra de Introducción a la Ciencia Política, oferta que acepté y desde 2009 estoy acá, primero como catedrático, luego como profesor de medio tiempo, profesor de tiempo completo, director académico y desde julio del año pasado como vicedecano. Fredy Barrero siempre me motivó a terminar pronto una maestría (hice la de Estudios Políticos) para poder entrar a trabajar en la Escuela y aquí estoy.

A: ¿Cuáles han sido los principales retos que ha tenido que enfrentar en la universidad y cuáles sus grandes conquistas?
S.C.A.: El reto más grande es lograr que los estudiantes entiendan el privilegio de estar en la universidad, algo que no pueden hacer más de la mitad de los bachilleres en Colombia. Desde que asumí como director académico me preocupa el nivel de exigencia, pues tiene que ser cada vez mayor. Es la única forma de lograr profesionales globales y altamente competitivos. Hemos revisado cada una de las historias académicas y hoy estamos haciendo seguimiento a cada uno de nuestros estudiantes desde el momento en que diligencian el formulario de admisión, hasta que nos llegan los resultados del examen Saber Pro, que presentan en último semestre. Los logros de la Escuela son del equipo de profesores, de los estudiantes y del cuerpo administrativo. Hoy tenemos más profeso- res de tiempo completo, más investigaciones, mejores espacios, un nuevo plan de estudios, un proceso más estricto de admisión, una oferta de cursos y diplomados a la medida que han sido un éxito, asignaturas en la modalidad virtual para los estudiantes que hacen su práctica en el exterior, entre otras. También estamos trabajando para mejorar la formación en pedagogía de nuestros profesores y seguimos comprometidos con el plan para que todos terminen sus estudios doctorales.

A: Revista Semana lo seleccionó como uno de los 30 líderes menores de 30 años comprometidos con el mañana. ¿Qué piensa acerca de la educación de las futuras generaciones en Colombia?
S.C.A.: Haber sido seleccionado por la Revista Semana como uno de los 30 líderes menores de 30 comprometidos con el futuro de Colombia es un honor y fue muy importante para mí. Algunos días después de la publicación llegué a mi apartamento en Ibagué y cuando le pregunté a mi esposa por la revista me dijo que mi hija la tenía en la maleta porque se la había llevado al colegio. Quienes tienen hijos saben que no hay motor más fuerte que ellos.
Nuestro compromiso como profesores es velar porque la educación en Colombia mejore y salga del letargo en el que está. Las universidades tienen que ser espacios de pensamiento, de diálogo, de lectura crítica, pero también de memoria y de cultura. En ocasiones me preocupa la falta de tiempo, pues hoy ya no se valora. La educación tiene que volver sobre este asunto pues cuántos no sueñan con graduarse y hacer fortuna de inmediato. Hay una especie extraña que yo llamo “estudiantes baloto”, pues anhelan eso. A veces sueñan tanto con ese día en que ganan el premio mayor que arreglará todos sus problemas, que olvidan leer para la clase del día siguiente o escribir el ensayo que les pidieron.

A: ¿Cómo se llega al éxito?
S.C.A.: No entiendo muy bien a qué se refieren con ser exitoso en la vida. Yo he logrado muchas cosas antes de cumplir 30 años, no lo voy a negar, pero haber logrado el éxito es algo que aún no me atrevo a afirmar. Hace poco en una tertulia impresionante y maravillosa que organizó Camilo Noguera Pardo, uno de los participantes recordó una pregunta que se hacía José Joaquín Brunner que me llamó mucho la atención: ¿Cómo puede haber universidades exitosas en sociedades fracasadas? Es un interrogante que me tiene en crisis y pensando bastante sobre lo que hemos aceptado como ser exitosos. Por eso me atrevo a decir que la clave del éxito podría ser aprender que uno se debe a los demás. Eso es muy difícil.

A: ¿Cómo se ve en el futuro?
S.C.A.: En el inmediato futuro me veo en tremenda parranda, pues este año cumplo 30 años, el mismo día que la universidad, ¡el 29 de octubre! (risas). Hace poco un amigo de la infancia me hizo un comentario-pregunta nefasta: “¿Oiga y usted es que se piensa quedar de profesor y en la universidad toda la vida?”. Yo lo miré y sin pensarlo le respondí que sí. La Sergio tiene un potencial que no alcanzamos siquiera a imaginar, pues a mí me enseñaron que si los cimientos son sólidos se puede construir el edificio más alto del mundo.
Por eso me veo aquí gestionando nuevos proyectos, leyendo, escribiendo y pensando. A veces me afano y me desespero, como en todo, pero aparece la frase célebre de Miguel Ceballos, decano de la Escuela, cuando ve que la ansiedad me mata: “Tranquilo chino”. En la Escuela sí estamos haciendo mucho con el decano y todo el equipo, no es frase de cajón.
Por otra parte, me veo leyendo con mis hijos, viajando con ellos, riéndome con ellos. Yo fui papá a los 20 años y, a pesar de las dificultades, todos los días le doy gracias a Dios por ellos. Son mi todo y todo lo que realice será para que cada día estén mejor. Para que hagan las cosas bien, sean honestos y sean felices.

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE