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USAHUMANITAS CENTRO DE FORMACIÓN CONTINUADA EN HUMANIDADES

En entrevista para Arbolea, Camilo Noguera Pardo, director de UsaHumanitas, habla sobre el trabajo que se adelanta, la importancia de las humanidades para el hombre actual y las metas del centro.

Arbolea: ¿Cómo surge la idea de fundar este centro?

Camilo Noguera Pardo: La cultura global en general y la academia en particular han devenido en un abandono paulatino de los saberes humanísticos. Gran parte de la comunidad académica mundial está alertando a las universidades occidentales sobre este fenómeno crítico para el desarrollo humano. Sucede que el abandono de las humanidades en las universidades resulta en una serie de consecuencias graves para los seres humanos. Algunas de ellas se reflejan en ciudadanos del mundo de hoy, quienes –como dice Martha Nussbaum– carecen de pensamiento analítico, de imaginación o de cultura; solo son tecnócratas y ‘esclavos’ del consumo y sus deidades: poder y dinero. En consecuencia con lo anterior, abrir un centro de formación continuada en humanidades se justifica por dos razones específicas: uno, porque las Humanidades, como lo atestigua la comunidad académica mundial –testimonio que usaHUMANITAS y la Universidad Sergio Arboleda comparten– conceden al ser humano un sinnúmero de privilegios que actualmente se están esfumando; dos, porque la Universidad Sergio Arboleda se funda en la convicción de que más importante que solo graduar profesionales lo verdaderamente valioso es graduar seres humanos cultos y humanistas.

A: Profundicemos un poco más en su afirmación de que la comunidad mundial se ha pronunciado al respecto.
C.N.P.: Así es. Varios autores han insistido en ello. Por citar algunos, Martha Nussbaum, Noam Chomsky, Mario Bungue, Alasdair
MacIntyre, Zygmunt Bauman y Alejandro Llano, entre otros. Si miramos hacia atrás, autores de la talla de Ortega y Gasset, Henry Neumann y Nicolás Gómez Dávila, ya venían alertando sobre este misma de abandonar lo humano y desplazarlo por el quehacer mercantil
y el especifismo técnico. Ortega lo resumía cuando escribió que “vivíamos en la época de la incultura, la incultura de lo general que padece el sabio de lo especial”. Efectivamente, así es. Hoy día vivimos
en sociedades abrumadoramente incultas.

A: ¿Cuál es la trascendencia que tiene para la Universidad?
C.N.P.: Eso se constata al conocer la filosofía institucional de la Universidad y su pilar filosófico fundador: el Humanismo Cristiano. Cuando la Sergio Arboleda se creó, sus fundadores quisieron imprimir un sello distinto al molde de los profesionales que estaban graduándose en el país. Notaban, entonces, que los abogados, por ejemplo, se sabían los códigos y las aplicaciones respecto de los mismos, pero tenían vagas ideas de la justicia, del quehacer ético, del para qué del Derecho. Lo mismo sucedía con las demás carreras. Era claro el hecho de que en el país abundaban personas con títulos pero con un nivel escasísimo de cultura, lo cual daba como resultado montones de profesionales sin ética, sin sensibilidad, sin pensamiento crítico… Así pues, se diseñaron los programas académicos de la Universidad, teniendo como norte la idea de culturizar a los estudiantes. De ahí que los currículos Sergistas incluyan, a lo largo de la carrera, asignaturas filosóficas y humanísticas.
Y cuando afirmo que a la Universidad Sergio Arboleda no le in- teresa graduar profesionales sino personas cultas, quiero decir que todo egresado Sergista debe tener una familiarización con las virtudes que más forman la personalidad. Porque esta cualidad humana no depende solo de códigos y números sino además de emociones, pensamientos, conductas… realidades que el espíritu puede hallar cuando ha sido formado en la cultura, puesto que la cultura le dirá algo. A una persona inculta la cultura nada puede decirle, puesto que su sensibilidad está sorda, su curiosidad está marchita y su intelecto está disecado. A una persona culta, en cambio, las manifestaciones más excelsas de la civilización –literatura, arte, filosofía, teología, historia– le darán cimientos esenciales para constituirse plenamente como humano.
La importancia de las Humanidades para el hombre actual es toda. Las Humanidades confieren pensamiento crítico, estimulan la imaginación, edifican el ethos personal, posibilitan el trato social, aligeran la angustia existencial, dan testimonio del mundo y evitan la fealdad de la incultura. Basta mirar la sociedad en la que vivimos actualmente para darse cuenta de su convulsión y superficialidad, condiciones que están resultando en un suicidio del planeta y del ser humano.

A: En tiempos anteriores ¿la educación tenía más en cuenta a las humanidades?
C.N.P.: Por supuesto que sí. Las sociedades tenían claro que los saberes humanísticos debían integrarse a la vida del espíritu desde la más temprana infancia. Las Humanidades no eran únicamente herramientas formativas sino además deleites para el alma culta, cultivada por ellas y para ellas. Esto puede evidenciarse en la Paideia griega, el Liceo aristotélico, la Academia platónica, el Trivium y Qua- drivium medievales, el humanismo renacentista, el arte barroco, el iluminismo ilustrado y el romanticismo.
Ver la Europa de antaño es ver un testimonio vivo del alma que habitó allí: un alma versada en lo humanístico. La expresión de ese espíritu puede constatarse en las diferentes manifestaciones de la cultura occidental: arquitectura, pintura, literatura, música, poesía, teatro. Si se hace un ejercicio comparativo entre las revelaciones de la cultura de antaño y las de hogaño es evidente la distancia estética, por no entrar en la connotación moral. Nótese, por ejemplo, la superioridad artística de las catedrales góticas, las sinfonías de Tchaikovski, las pinturas de Renoir y Monet, los versos de Lorca, Rubén Darío y Campoamor y las líneas de Tolstoy y Proust, respecto de las iglesias de ahora, las improvisaciones del arte abstracto, el reggaetón, la novela erótica y, en general, la ‘basura’ que los incultos quieren llamar arte y calificar de belleza.

A: ¿Por qué considera que la formación técnica y el consumismo son malos? ¿No será simplemente una manera respetable de vivir?
C.N.P.: Es aberrante. El hombre, como decía Kant, es un animal de sentido. Viktor Frankl ha desarrollado toda una teoría existencial al respecto: la logoterapia. El sentido humano no se llena de poder y de placer, puesto que el ser humano es mucho más que eso. Y si se reduce a ello, continuaremos teniendo los arquetipos de hombres frustrados, desesperados, superficiales, antiéticos, suicidas, drogadictos, promiscuos y banales que el mundo tiene ahora. No sé qué tan respetable sea vivir destruyendo lo más bello que hay en el ser humano, que es su dimensión afectiva e intelectual, es decir, su esencia espiritual. Es la diferencia radical entre existir y vivir. Vivir es un arte, un arte que exige mucho más que una existencia torpe y embebida por el consumo y la ignorancia.

A: Volvamos al centro, ¿qué programas ofrece?
C.N.P.: UsaHumanitas promociona, crea y dirige diversos programas académicos no formales, relacionados con la filosofía, las
humanidades y las ciencias sociales, mediante diferentes áreas, tales como: filosofía, cultura, arte, historia, literatura, gramática, pedagogía, teatro, música, historia, política y relaciones internacionales; las dos últimas, conjuntamente con la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad.
Los estudiantes tienen la posibilidad de obtener títulos menores y mayores en filosofía y humanidades. Esto es lo que se conoce en Estados Unidos y Europa como Majors y Minors. Asimismo, usaHUMANITAS crea y oferta diplomados, seminarios, talleres y electivas, siempre relacionados, naturalmente, con las Humanidades. Algunas de estas las comparte con la Escuela de Filosofía y Humanidades de la Universidad.

A.: Sabemos que usaHUMANITAS ha organizado varias tertulias que darán como fruto un libro sobre educación…
C.N.P.: Sí. A comienzos de este año abrimos un espacio académico y humano en el que el pensamiento pudiera fluir de manera natural. Convocamos a un grupo de amigos y colegas que tuvieran en común la vida académica y se propusieron como temáticas de reflexión la educación y la cultura. El ejercicio continúa haciéndose, es algo joven que está tomando fuerza. Aspiramos publicar un libro pronto para que pueda ser testimonio de un lindo esfuerzo académico y una auténtica convicción intelectual.

A: ¿Cuáles cree que son los retos que debe asumir la Universidad en el tema de las humanidades?
C.N.P.: La educación ha empezado a entender que los postgrados constituyen un aspecto cardinal en toda formación. En consecuencia con ello y en sintonía con algunas de la universidades más prestigiosas del mundo, sería interesante que La Sergio se aventurara a crear postgrados humanísticos originales y de indiscutible excelencia académica: Pensamiento Colombiano, Pensamiento Hispanoamericano, Pensamiento Conservador, Filosofía Política, Filosofía Moral, Filosofía Medieval, Bioética, Bioderecho, Biofilosofía, Cultura Occidental, Historia del Arte, Literatura Romántica, Literatura Latinoamericana, Literatura Infantil, Literatura Fantástica, Música Antigua, Filosofía del Derecho, entre otros.

A: ¿Cómo visualiza a la Universidad en diez años?
C.N.P.: Me imagino una ciudad universitaria que represente una capital del pensamiento y una comunidad de amistad, así como lo eran las academias griegas. Sería lindo ver que la Universidad Sergio Arboleda avanzó en su propósito de consagrar plenamente su identidad humanista, erigiéndose como la institución colombiana con más prestigio en Humanidades y una de las más importantes en Latinoamérica.
Pienso, además, en La Sergio como un espacio permeado de cultura hasta el extremo. Esa cultura continuará fresca, respirando mediante la creación de escuelas de Historia, Literatura, Teología y Artes y, naturalmente, a través de un centro usaHUMANITAS más maduro, con sede propia, que haga las veces de ‘Casa de la Cultura’ en la que se oferten un selectivo plan de programas y se organicen conciertos, exposiciones, visitas guiadas, foros y conferencias. Igual- mente deben patrocinarse tertulias semanales entre los docentes y directivos a fin de afianzar los programas y exigir a todo el personal actualizarse en sus disciplinas.

Hasta ahora la Universidad Sergio Arboleda ha avanzado a pasos agigantados y en sus jóvenes 30 años ha logrado méritos dignos de aplauso. Su expansión ha sido notoria y su nombre empieza a reconocerse a nivel nacional e internacional. Estoy convencido de que ha emprendido un camino con un derrotero loable… y puede tener más éxito del que tiene ahora.

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