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DESDE EL AMAZONAS HASTA LA GUAJIRA, COLEGIOS PARTICIPARON EN EL II CONCURSO VIRTUAL DE ORATORIA “RODRIGO NOGUERA LABORDE”

Rafael Durán Mantilla, docente de la Escuela Mayor de Derecho de La Sergio, habla acerca de la segunda edición del certamen Sergista, que busca acercar a los jóvenes de Colombia al ejercicio real del Derecho.

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Por: Rafael Durán Mantilla

La Escuela Mayor de Derecho ha realizado, ya en dos ocasiones, el concurso Rodrigo Noguera Laborde de oratoria para jóvenes de los grados superiores de bachillerato que deseen adelantar sus estudios en la Universidad Sergio Arboleda.

La iniciativa, presentada en su momento por el doctor Fernando Velásquez Velásquez, director del Departamento de Derecho Penal, fue acogida inmediatamente por el señor decano y se puso en marcha sin la menor pérdida de tiempo.

En el primer semestre de este año de Gracia 2020, y cuando la edición inicial del certamen estaba por mitad de su singladura, nos sorprendió el confinamiento universal. Con todo, se llegó a su culminación y podemos afirmar, sin odioso orgullo y sin humidad falsa, que fue un éxito.

En el segundo semestre de este mismo año -y habiéndose extendido el confinamiento- la Escuela organizó de nuevo el concurso. Se propusieron dos temas para que los concursantes se prepararan: la corrupción y la formación de abogados en la llamada cuarta revolución industrial, o abogados 4.0. Dieciséis colegios respondieron como los organizadores lo esperaban y el número de participantes se elevó a 47, en representación del país real, del país completo, desde la península guajira hasta el trapecio amazónico. Un grupo de profesores de la Escuela fue escogido para servir de jurado. Los videos nos sorprendieron gratamente a todos y, tras una difícil deliberación, fueron seleccionados los diez semifinalistas.

Para los profesores que examinaron los videos de la primera fase fue un duro momento aquel en el que tuvieron que “eliminar” a 37 participantes que hicieron, no solamente su mejor esfuerzo, sino que demostraron merecer mejor suerte. Pero las reglas obligaban a permitir el avance de nada más que diez concursantes a la semifinal.

La expectativa creciente, la calidad de las piezas oratorias, la excelente presentación, la exigencia de los profesores, la brevedad del tiempo, hicieron de la penúltima etapa un evento pleno de emoción académica y familiar.

Tampoco había más remedio que escoger a dos finalistas y estos fueron Luisa Fernanda Garay, del Instituto Pedagógico Nacional, y Felipe Alejandro Garay, del San Viator.

Sin olvidarnos de ninguno de los otros 45 oradores, llegamos a la gran final el día viernes 2 de octubre. Los jurados eran ahora profesores diferentes a los de las fases previas. Luisa Fernanda y Felipe Alejandro se desempeñaron con altura, cordialidad y una gentileza digna del respeto de quienes los vimos exponer en esa inolvidable tarde. La deliberación de los señores jurados fue larga y seria. Al final, tenían que dar el nombre de un ganador. Uno solo. Cuando ambos merecían los laureles.

Felipe se llevó la corona. Luisa Fernanda fue la primera en felicitarlo. Nuestro segundo concurso intercolegial de oratoria había culminado con un resultado mejor del que nos imaginábamos.

Esperamos ahora la tercera edición. Esperamos que el concurso siga creciendo en todos los sentidos. Los jóvenes nos han causado la más grata impresión y nos hacen soñar con un futuro país más pulcro y mejor educado.

Cuatro oficios hay en el mundo que son como los básicos para toda sociedad: el de sacerdote, el de juez, el de maestro y el de soldado. Cuatro profesiones en las que el manejo sabio, prudente y rico de la palabra se convierte en luz para los demás y en guía para la recta acción humana. En nuestra Escuela Mayor de Derecho nos empeñamos en formar juristas que, manejando la palabra con ciencia y con espíritu de construcción y de solidaridad, contribuyan al bien común. Juristas que iluminen, no que oscurezcan; que hagan justicia, no ideología; que hagan, si es su vocación, Política, no demagogia.

La elocuencia, la gallardía, la formación intelectual han de ser arma, no de destrucción masiva sino de reconstrucción social.

Queridos participantes en el concurso de oratoria, oratoriae artis concursus, gracias por sus intervenciones, por sus lecciones de humanidad. Y bienvenidos a esta casa de estudios que ha sido y quiere seguir siendo, conforme al diseño original de los que la establecieron, templo de la ciencia y de la verdadera sabiduría, ámbito de formación profunda y serena y un segundo hogar para ustedes.

Gaudeamus ígitur!


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