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MUJER LLENA DE VIRTUDES, ASÍ RECUERDAN SUS AMIGOS A LUZETTY HERNÁNDEZ, DECANA DE LA ESCUELA DE POSTGRADOS

A más de un mes de su partida, recordamos a nuestra querida Luzetty Hernández, en voz de los amigos y colaboradores más cercanos.

Luzetty Hernandez Riaño Escuela de Postgrados Universidad Sergio Arboleda

Valiente, estricta, líder, amorosa, oportuna, responsable, entregada, leal… cuando se trata de describir a Luzetty Hernández pareciera que los adjetivos no alcanzan. Quien fuera decana ejecutiva de la Escuela de Postgrados de la Universidad Sergio Arboleda se caracterizó, a lo largo de sus 53 años de vida, por un perfecto equilibrio entre la calidez humana y el rigor profesional.

Cultivó grandes amigos, muchos de los cuales florecieron en la Universidad Sergio Arboleda, su alma máter que también la vio graduarse como abogada de la Escuela Mayor de Derecho. Uno de ellos fue Juan Carlos Cárdenas, actual secretario general de la Institución, quien la describió como un ser humano tan generoso como pocos.

“Mujer llena de virtudes, especialmente caracterizada por su responsabilidad y por el ánimo incansable para no darse por vencida frente a las adversidades. Dio todo de su parte para hacer su trabajo con el máximo estándar y rigor; oportuna y estricta, siempre se esforzó por alcanzar las metas que se propuso tanto en lo laboral como en lo personal; transparente, coherente  y vertical en su actuar”, recordó el directivo Sergista.

En la Universidad Sergio Arboleda prestó sus servicios durante los últimos 15 años, donde no solo contribuyó de manera formidable a la consolidación de la Escuela de Postgrados sino que también lideró la integración del enfoque 4.0 a los programas dirigidos a profesionales.

Para Adriana Zea, coordinadora de mercadeo de la Escuela de Postgrados, Luzetty era sinónimo de valentía y admiración. “Guerrera hasta su último momento, un pitbull como solía decirle. Se fue mi maestra, mi líder, mi jefe, mi compañera, mi amiga y, como le expresé en vida, mi mamá en laboral”, señaló la colaboradora Sergista quien, además, considera que su gran legado es el trabajo honesto y perseverante.

Luzetty, quien también era egresada de la Especialización en Derecho Público Económico de La Sergio, se caracterizó al final por las lecciones humanas que compartía con su equipo de trabajo. “Con su enseñanza y su entrega nos ayudó a ser mejores personas, mejores profesionales, nos enseñó a agradecer, fue un sinónimo de admiración y respeto”, resaltó por su parte Mariela Acosta Ortiz, secretaria de la Escuela de Postgrados.

Ángela Granada, quien se desempeñó como coordinadora de la Maestría en Derecho de la Universidad Sergio Arboleda, fue otra de sus colaboradoras y personas más cercanas. A continuación, reproducimos la semblanza que escribió sobre Luzetty, su jefe, su consejera, su gran amiga.


Cómo olvidarte, Luzetty

Hay mil cosas por decir de nuestra querida Luzetty. Era de esas amigas que quieres tener siempre en tu vida: decía las cosas de frente, sin importarle nada; aconsejaba como nadie. Era una mujer muy generosa, con un sentido del humor envidiable.

Siempre tenía una anécdota para contar, un almuerzo con ella podía extenderse por varias horas, porque no solo le interesaba contar sus historias, sino que moría por oír las nuestras.

¡Era tan entregada a todo lo que hacía! Su amor a la Escuela de Postgrados era incansable como su labor dentro de ella. Era una líder innata; haber trabajado con ella fue un verdadero privilegio porque enseñaba con el ejemplo. A muchas personas nos formó para nuestra vida laboral, para salir a la calle a “enfrentarnos al mundo” como decía. Trabajar con ella era tan fácil, sólo teníamos que hacer las cosas bien.

¡Cómo olvidar sus famosas cartas de amor! Eran una muestra de su interés en todo. Solía dejarnos una hoja de su cuaderno, doblada y en cada escritorio, como una nota de amor, pero al abrirla, nos recordaba las cosas que se nos habían pasado, que no quedaron bien archivadas o que simplemente ella sí encontró y nosotras no. Eran un reclamo fuerte como ella, pero amoroso como nosotras sabíamos que era.

Siempre la admiramos, la vimos como una mujer exitosa, que sabía cómo se disfrutaba la vida. Sus viajes eran motivo de largas charlas y felicidad compartida. Era fiel, leal, se hacía matar por sus amigos, era honesta.

¡Cómo olvidar el famoso “A chanchar”! Esto ocurría a las 7:30 p.m. en la Escuela de Postgrados, en la que ya la postura se dañaba, el hambre atacaba y el afán de salir corriendo era prioridad. Así que Luzetty iba a nuestros escritorios y nos daba licencia de “chanchar”, o sea, sacar cuanta mugre comestible tuviéramos y repartirla.

Cada una de nosotras, las mujeres que trabajamos con ella, podía cumplir años 3 o 4 veces al año, porque era una excusa para comer pastel. Además, hacía que los estudiantes y profesores nos felicitaran. Buenas épocas.

Además, era Celestina y alcahueta. A las solteras siempre intentó conseguirles su ‘otra mitad’. Ayudar era una de sus mayores virtudes, no importaba cuál fuera el problema o el inconveniente, ella siempre estaba ahí para colaborar o buscar el amigo del amigo que podía ayudar.

Algún día dijo algo como: “De esto se trata esta pasajera vida, de vivir momentos únicos” y eso fue lo que siempre nos brindó, momentos únicos. Como buena anfitriona nos ofrecía las mejores comidas y las mejores conversaciones en su hogar, nos abría las puertas de su casa y nos daba la bienvenida con un increíble “hola, mi reina” y una sonrisa gigante. Incluso, en los peores momentos, cuando le decían que debía librar una batalla más.

Tenía un solo riñón por puro amor, porque como lo dijo: “uno tiene dos riñones para donar uno”. Era simplemente extraordinaria.

Siempre fuiste luz y seguirás siendo luz en nuestras vidas, querida amiga Luzetty.
Todo esto lo recordamos Linita, ‘Kellogs’, Caro y Granadilla. Así nos decía a sus amigas.

Ángela Granada Jalilie


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