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La leyenda de la Marilyn Monroe de Tibasosa

El día estaba frío y opaco, era la tarde un jueves santo, mi piel se encontraba erizada como la piel de una gallina. No era por el clima, ni por alguna creencia religiosa, sino por el impacto de una historia que me contaron esa tarde. 

Todo apuntaba a que la tarde de este jueves de semana santa iba a ser lluviosa y por tradición la gente no sale de su casa y se queda en el resguardo del hogar compartiendo con sus familias. Las calles estaban desoladas, y yo me encontraba en la casa de unos familiares en la ciudad de Duitama, en el departamento de Boyacá, platicando un poco con mi tía Ruth Amira Higuera, en un patio de ropas techado en plástico, sentados en unas sillas de madera con esponjas en la reposaderas, escuchando el cacareo de los gallos de unos vecinos, y con una luz del día, que tímidamente traspasaba las tejas de plástico, revelando que aún no había llegado el ocaso del día. 

Hablando de la vida y la profesión de periodismo, mi tía me relató una historia de hace un tiempo que seguía viva en la mente de muchas personas de la región y sus alrededores. Se trataba de una chica de hermoso semblante, oriunda de Tibasosa, de mucha clase, de piel clara, de cabello rubio como el oro, de ojos oscuros, de contextura delgada, con los labios pintados de rojo, con un vestido blanco como la nieve, y una estola de piel blanca. Según mi tía, era “una mujer del estilo de Marilyn Monroe” pero colombiana.  

 La historia se ha contado con diferentes testimonios y experiencias desde la década de 1960. El relato llegó a mi tía Amira por dos personas, hace algunos años. “Me la contaron dos personas y fueron muy coincidentes en el relato. Fueron hombres precisamente, porque ella era una mujer hermosa”. Uno de ellos fue un amigo y antiguo vecino de ella, llamado Jairo Fernández, que en la década de los 70, tuvo un encuentro con esta mujer mientras manejaba su Renault cuatro naranja, desde Sogamoso a Duitama; con el fin de asistir a las principales fiestas y ferias que se celebraban en el Club del Comercio entre el 6 y 10 de enero, siendo estas fiestas de las más importantes de la región. 

 Jairo se encontraba a eso de las 10:00 p.m. en Sogamoso reunido con sus amigos, coordinando los detalles de la noche para asistir a las fiestas de Duitama. El plan era simple: pasar una buena noche con amigos y familiares en el Club del Comercio.  

 Cuando terminaron de ponerse de acuerdo Jairo y sus amigos, decidió irse solo en su Renault cuatro naranja, atravesando las oscuras carreteras que conectan a Sogamoso y Duitama, pasando por un pueblo llamado Tibasosa, que queda en el medio de estas dos ciudades. Jairo tenía claro algo esa noche y era que no esperaba encontrarse con algo que le llegaría a generar un trauma. 

Cuando llegó a Tibasosa, vio que en la avenida principal, a lo lejos, había una mujer vestida de blanco, parada al frente de una virgen azul, y de espaldas a un callejón que daba a una completa oscuridad, haciendo la seña con el dedo para un aventón, lo que llamó la atención de Jairo y no dudo en parar para saber a dónde iba. “Al ver a una mujer tan linda, ¿qué hombre no para?”. 

Jairo detuvo su auto naranja al lado de la muchacha, la saluda, se presenta y le pregunta para dónde se dirigía aquella noche tan fría. La chica de blanco no le dijo su nombre y solo se limitó a responderle que se dirigía a la fiesta del Club del Comercio en Duitama. Jairo, encantado, se ofreció a llevarla porque ambos tenían el mismo lugar de destino, y la chica aceptó el viaje.  

 *** 

Para ese momento Jairo tenía su completa atención en esta muchacha de hermoso semblante y “se olvidó de amigos, de citas y de todo lo demás, porque se quedó encantado con la mujer”, me contaba mi tía mientras sonaba el cacareo de un gallo al fondo.  

Cuando llegaron a la fiesta, una orquesta sonaba de fondo y en la entrada al club la muchacha le entregó su estola de piel blanca al señor que estaba recibiendo a la gente para que la guardara en uno de los casilleros que se utilizaban para los asistentes de la fiesta. 

La chica de blanco fue la sensación de la fiesta durante toda la noche debido a su belleza, todos los hombres que asistieron al evento, querían saber quién era esta mujer tan bonita, y entre murmullos se preguntaban los unos a los otros. Nadie sabía quién era porque nunca la habían visto antes entre la sociedad duitamense, pero eso no fue un impedimento para que los hombres trataran de acercarse a ella para conocerla.  

Jairo bailó toda la noche con la chica de blanco, el ambiente era muy animado, y la música en vivo incrementaba la euforia del momento, haciendo que él estuviera “feliz, encantado y orgulloso por haberse presentado a la fiesta más importante de la región con la mujer más bella que habían podido ver”, relataba mi tía. 

 *** 

Terminada la fiesta en horas de madrugada, Jairo y la mujer de blanco fueron los últimos en salir del evento, y por caballerosidad Jairo le pregunto a la mujer que él la llevaba a su casa para que no fuera a correr ningún riesgo a esas horas de la madrugada. Ella aceptó el viaje, pero olvidó la estola blanca que había entregado a la entrada del club.  

De camino a Tibasosa, se dieron cuenta de que la mujer había dejado su estola en el club y Jairo decidió prestarle su saco para que ella se abrigara un poco. 

Cuando llegaron al sitio donde él la había recogido al principio de la noche, ella le dijo que parara porque ella se quedaba ahí; y la respuesta de Jairo fue que “no”, Él estaba comprometido en dejarla en la puerta de su casa porque ya estaba oscuro y por seguridad, pero ella insistía en que no, porque sus padres eran estrictos y disciplinados, y que podría meterse en problemas si la veían llegar con un hombre.  

Finalmente, Jairo aceptó, él se quedó dentro del carro mirando hacia dónde se dirigía por ese callejón tan oscuro y desolado. Ella caminó y caminó hasta que a ojos de Jairo se desvaneció como el polvo en el viento, lo que hizo que Jairo se quedará intrigado, porque a medida que ella se adentraba en la oscuridad, su figura se iba desapareciendo. Pero de todas formas esto no fue un impedimento para que se fijará más o menos dónde fue que la perdió de vista. 

*** 

Ese mismo día, en la mañana, apenas Jairo despertó, su primer pensamiento fue ella. Se levantó de la cama, se arregló muy distinguido con la esperanza de encontrarse nuevamente con la mujer que tanto le invadía el pensamiento. Decidió ir hasta el club del comercio a recoger la estola que había dejado la mujer la noche anterior, para tener la excusa de irla a buscar, porque él quería seguir visitándola, atenderla, y llevarla a Duitama para que todo el mundo lo pudiera ver con ella.  

Cuando llegó nuevamente a Tibasosa, Jairo estuvo preguntando y buscando a alguien que conociera a la mujer que tanto lo había hipnotizado. Preguntó a muchas personas con la descripción que tenía, hasta que alguien le dijo que era la hija de una señora que conocía y le indicó dónde vivía.  

Apenas llegó a la casa de la mamá, Jairo golpeó a la puerta y una señora salió para recibirlo. Él, cortésmente preguntó por su hija, la señora, con una expresión de susto y sorpresa, le contrapreguntó a Jairo: 

—¿Cómo así que usted me está preguntando por mi hija? 

Jairo le explicó que la noche anterior la había conocido en la fiesta del club del comercio de Duitama, que la había recogido y dejado por esos lugares, y que preguntando a las personas, le dijeron que vivía en esa casa. 

La señora confundida y extrañada le preguntó a Jairo que si estaba seguro de eso. Él dijo que sí. La señora le pidió que la describiera y Jairo le dio la misma descripción que no dejaba de repetir una y otra vez por su cabeza, porque esta mujer se le había quedado tatuada en su pensamiento. 

La madre de la mujer, todavía con dudas, hizo que Jairo pasará a su casa para no dejarlo esperando mientras buscaba una cosa. La madre de la mujer le mostró una fotografía de su hija, y Jairo la reconoció de inmediato. Era la misma mujer con la que había compartido la noche anterior, pero lo extraño es que en la fotografía aparecía la chica que estaba buscando exactamente igual a como la conoció, con sus labios rojos, su vestido blanco y su estola de piel blanca, la misma que traía Jairo consigo como una de las excusas para volverla a ver.  

La madre de la mujer al ver que Jairo reconocía a la mujer de la fotografía le pidió que la acompañara a un sitio. Salieron de la casa y se subieron al Renault 4 naranja de Jairo y emprendieron un viaje en la vía a Sogamoso. El sitio a donde estaba llevando la madre a Jairo era el cementerio de Tibasosa. 

Cuando llegaron al cementerio, la madre de la mujer de hermoso semblante le dijo a Jairo que su hija estaba muerta. Le mostró dónde estaba la tumba y cuando llegaron al sitio donde estaba enterrada la tumba se dieron cuenta que el saco estaba colgado encima de la lápida, el mismo saco que Jairo le había prestado la noche anterior y su segunda excusa para volverla a ver.  

En el momento que mi tía me contó esa última parte, mi piel se erizó, mi cuello se puso tenso por un momento y por un reflejo involuntario se me escapó una risa nerviosa. Lo que me contaba mi tía me hacía sentir como si yo mismo hubiera vivido ese evento en la piel de Jairo.   

*** 

Mi tía me comentaba que Jairo, después de vivir este evento, no volvió a ser el mismo. Tal fue el impacto de ver su saco tendido sobre la lápida sumado a las palabras de la madre de la mujer que Jairo después de un tiempo tuvo que ser tratado con asistencia psicológica, pero no fue al primer hombre que esta mujer se le apareció.  

Esta situación se convirtió en un tormento para la madre de la mujer porque en repetidas ocasiones iban diversos hombres a su casa preguntando por la mujer de vestido blanco, haciendo que se volviera una tortura psicológica para ella, pues siempre que un hombre iba a su casa, era para recalcarle que su hija estaba muerta y que posiblemente deambulaba en pena y sin descanso, entre las 8:00 y 10:00 p.m. en la avenida principal de Tibasosa. 

La leyenda ronda por la región y hay varios hombres a los cuales se le ha aparecido esta mujer, pero no se conoce en qué circunstancias murió, ni tampoco en sus apariciones dice su nombre. Se dice que sus apariciones no son a cualquier persona, sino a personas exclusivas o de la alta sociedad de Duitama, Sogamoso y Tibasosa. 

 

Por: Miguel Cristóbal Higuera Mesa.

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