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LA LUJURIA DEL MARQUÉS DE SADE: CONFESIONES DE UN ADICTO AL SEXO

Por: Laura Natalia Hernández Montes

 

Ver que otros no gozan es lo que me produce goce. De que sufran humillaciones se deriva el placer de poder decirse uno ¨Bien mirado, yo soy más feliz que esa purria que se llama pueblo.¨ Donde los hombres sean iguales y no haya esa diferencia tampoco existirá nunca la felicidad. El acto sodomítico es el más absoluto, por lo que contiene de mortal para la especie humana y el más ambiguo porque acepta las normas sociales y las infringe.

Hay algo más monstruoso que el acto sodomita. El acto del verdugo.

Es verdad, pero el acto sodomita puede repetirse mil veces.

Se puede encontrar también el modo de reiterar el acto del verdugo…

Este es un diálogo entre el Duque y el Monseñor de la película Saló, o los 120 días de Sodoma del director italiano Paolo Pasolini, donde se retrata de la forma más gráfica cómo se somete a 8 jóvenes y 9 jovencitas a tratos humillantes que se derivaban de relatos narrados por ex prostitutas para la estimulación de 4 hombres fascistas (Su ´Excelencia´, El Presidente, El Duque y Monseñor) que pretendían, tras las relatorías, realizar una orgía u obligar a los menores a sufrir para su placer.

¨Las narraciones tienen como objetivo dar rienda a la imaginación, después de la cena los señores pasaran a la celebración de lo que viene a designarse como ´orgías´. El salón y las demás habitaciones tendrán la calefacción adecuada, allí se acomodaran en el suelo y tomando ejemplo de los animales cambiaran de posiciones, se entremezclaran promiscuamente y se aparearán incestuosamente, adulterinamente y sodomíticamente.¨, menciona en la cinta Monseñor. ¨Y tal será el orden cotidiano del procedimiento¨.

Todos vírgenes, eran obligados a masturbar a los hombres, toquetearse, permanecer desnudos todo el tiempo, actuar como animales, orinarse entre ellos, comer banquetes de mierda, literalmente, y ser sometidos a quemaduras en los pezones, los genitales, que les cortaran la lengua, que fuesen colgados del cuello con una soga y demás actos tortuosos y traumáticos que terminaban en la muerte, excitando sorpresiva y exageradamente a sus verdugos.

Todas estas prácticas en las que el dolor y la humillación ajena llevan a alguien más al clímax se conoce como sadomasoquismo. Y aunque este término ya no es ajeno a nuestro vocabulario escasas son las personas que conocen el origen de la misma y consideradas extrañas son aquellas que lo practican.

El sadomasoquismo que se deriva del sadismo toma este nombre por el famoso y censurado escritor francés reconocido como ´El Marqués de Sade´, quien en sus obras narraba historias plagadas de personajes profanos que ¨encontraban excitación y placer sexual al provocar dolor y humillación en otras personas¨, explicó Alfred López en su blog sobre sadomasoquismo. ¨El propio marqués de Sade disfrutaba con este tipo de prácticas¨.

La lectura de sus libros agitaba a las gentes de aquella época (Siglo XVIII), retumbaba en los oídos y retaba todos los estándares de moralidad. Pero entre tanto escándalo y perversión que retrataban sus historias eróticas y sádicas generaban una sensación de morbo en las distintas clases sociales que adquirían sus textos en los rincones más oscuros y secretos de París.

Hoy, la famosa frase de ¨Lo prohibido siempre será lo más tentador¨ no era ajena en el siglo XVIII y principios del XIX. Las obras de Sade aunque ¨prohibidas¨ se vendían como pan caliente.

Sus obras, plagadas de detalles y bastas descripciones sobre violaciones, perturbaciones, perversiones, parafilias, orgías y tratos humillantes salpicados por violencia exageradamente gráfica se comercializaban en su nombre.

Censurados por unos pero ansiados por otros, los textos en manos del emperador Napoleón Bonaparte fueron condenados al igual que su creador. El mandatario quemó ´Justine´ y tras denominarla como ¨el libro más abominable jamás engendrado por la imaginación más depravada¨ ordenó que todas las copias existentes fueran recogidas y las penas del marqués, que en ese momento no gozaba de su libertad, fueran endurecidas.

Muchos manuscritos del marqués se perdieron, fueron arruinados o arrojados a la basura por las perversiones que aquellos trozos de papel conservaban, sin embargo, y aunque muchos lucharon para que no sucediera, el Marqués de Sade persistió. Persiste. Y trascendió en el tiempo para seguir entrando en la cabeza de los curiosos y que en su erótica lectura sostengan una fuerte erección o una escandalosa indignación y aberración.

¨He leído 120 días de Sodoma unas 4 veces y siempre tengo una erección al igual que con 100 años de soledad¨, comentó Alejandro Caicedo, un lector empedernido que forjó un camino determinante en su vida gracias a los libros de Sade.

Él, amante de los libros, las letras y las lenguas, paseaba durante una tarde gris por el histórico y ruidoso centro de Bogotá. En aquellas calles el pudor y la serenidad no priman, si bien allí se puede hallar cualquier producto que se necesite, los transeúntes, a su paso, ambientan su visita con un impregnante olor a ´miaos´, a mierda, basura y grasa de las ventas ambulantes que en ese lugar reposan. Pinturas, artesanías, juguetes, ropa y libros se postran sobre los ´puestos de piso´ (Puestos de comercio informal) que inundan las calles del centro de Bogotá.

Con calma, Alejandro admiraba aquel día todo lo que en esos puestos ofrecían. ¨Yo iba en la calle. Me pareció curioso, vi el título y dije —Que libro tan raro—, lo compré, pagué como $2.000 y lo empecé a leer por pura curiosidad¨, contó refiriéndose al día en el que adquirió 120 días de Sodoma del Marqués de Sade.

¨La primera vez que lo leí me pareció muy bizarro y decía — ¡¿Qué es esta mierda?! —, luego empecé a leer el contexto de la época (S. XIX) y lo comprendí mejor¨. Así Caicedo, a sus 13 años edad, leyó por primera vez el famoso libro del Marqués que está plagado de parafilias y aberraciones sexuales y allí confrontó la visión que tenia del mundo y de la sexualidad.

¨Antes leí a Sartre, él decía que la humanidad tenía salvación, y de Sade decía que la humanidad está en declive… en decadencia¨.

La curiosidad fue causal de la compra del libro y el desamor de la puesta en práctica.

¨Una novia que tuve me dijo que era muy mojigato. Uno de novato lo hace con las luces apagadas debajo de las cobijas y me terminó por eso¨, cuenta Caicedo con sátira. ¨Volví a leer el libro y empecé a adquirir prácticas de ahí. Me pareció interesante…¨. Y con ello dio rienda suelta al desfogue sexual. Inició con una frecuente masturbación y a lo que siguió desinhibirse al sostener relaciones con las mujeres que él consideraba estaban necesitadas de sexo y otras cuantas que se dejaban convencer por su labia incendiaria.

Como buen escritor y amante de las memorias, consideró que la memoria era similar a una cinta de película, que con el pasar de los años se va desgastando y pierde claridad. Decidió crear un archivo al que únicamente él tiene acceso, en el que narra y guarda la mayoría de los encuentros sexuales que ha tenido a lo largo de su vida sexual activa. ¨En la lista figuran los nombres, las fechas, como las conocí, lo que hacíamos, cuantas veces nos vimos. Y cuando lo leo eso me ayuda a recordar¨, explicó.

El libro de Sade inicia con un hombre que contrata una mujer y le dice que corra mucho y después que cabalgue, le huele las axilas y eso es excitante para él. Después un hombre contrata 5 mujeres, a dos las penetraba vaginalmente, dos oralmente y le pedía a una que lo penetrara a él.

¨A mí me dio por experimentar. No analmente, todavía no me atrevo, estoy entre si y no, porque dicen que el punto G del hombre está en el ano, entonces no sé si sea prudente¨. En cuanto al sadomasoquismo ¨hay algo muy implícito en el libro que es el hombre preocupándose por el placer de la mujer tecnificándola y no siendo egoísta preocupándose por el placer de él mismo, entonces uno lo practica cuando le gusta la mujer¨.

La cuestión yace en cómo reconocer si le gusta alguna mujer, o alcanza a sentir amor. ¨ El sexo es vacío, yo no lo disfruto. Lo hago por llenar el libro, como si fuera un álbum de monitas… Intenté por un tiempo no hacerlo y dije —cuando me enamore lo hago—´¨. Pasó un poco más de mes y medio, pero no lo logró y volvió con impulso a sus prácticas sexuales.

Se acostó con dos muchachas que eran primas y con las que por sorpresa, por redes sociales, hablaba simultáneamente sin que ellas lo supieran, y en un encuentro ¨desafortunado¨ y casual, sorpresivamente, conciliaron un trío. Días después, ¨en una fiesta estaba muy drogado (Consume marihuana y cocaína para hacer volar sus sentidos) y lo hice con más de 4 mujeres, pero ahí, con unos amigos, nos rotábamos… era todos con todos¨, contó.

Sus encuentros sexuales son periódicos, aberrantes y cargados de libertinaje, pero el deseo no lo inhibe de la razón y durante todos estos años de libertad sexual siempre se ha preocupado por ser muy precavido haciendo uso de condones pues le preocupan las enfermedades de transmisión sexual (ETS)… Exceptuando algunos casos, pero ¡qué casos!

¨Yo siempre me cuido y creo que eso también le ha quitado gracia al asunto.  Cuando me acosté con la prometida de mi papá lo hicimos sin condón y se siente más rico¨, expuso mientras yo abría los ojos como si un mar de gotas humectantes fuese a entrar en las cuencas de mis ojos a punto de salirse por la sorpresa. — ¡¿La prometida de su papá?! — pregunté. ¨Yo no tengo nada de respeto por mi papá, así que eso no me afecta. Mi papá nos dejó cuando yo era muy pequeño y aun así recuerdo como golpeaba a mi mamá, como una vez casi la mata y como nunca hizo nada por nosotros, entonces que me meta con la prometida no es nada grave. A ella le hace falta que la complazcan sexualmente, yo la puedo ayudar y a mí me llena el tener algo de él… algo así como una venganza¨, replicó.

Además de los tríos, las orgías y el trío amoroso (con su papá), Alejandro ha sostenido relaciones con varias de las amigas de su mamá. Unas por dinero y otras porque, según él, son mujeres que no son valoradas por sus maridos, ni las satisfacen sexualmente.

Y es que nada de esto me sorprende, durante más de una hora lo esperé para poder hablar con él. Llegó tarde, tranquilo y ¨relajado¨, pues durante varias horas antes de llegar a su cita conmigo estaba ¨comiéndose¨ a una compañera de la universidad a quien visitó en su casa con la excusa de darle una tutoría.

Le gusta el sexo rudo y duro y al igual que el Marques implementa técnicas tortuosas (Pero no tan extremas) con las que logra llegar al éxtasis. El Marques fue juzgado por, en el acto, hacerle cortes con una navaja por todo el cuerpo a una prostituta y cubrirlos con cera de vela.

Alejandro, por su parte, en ocasiones lleva consigo: una vela, para derramar sobre la parte baja de la espalda de las mujeres ¨cuando están muy excitadas no sienten dolor¨; Vick vaporub, para aplicar en la punta de su pene y que la fricción del acto caliente la vagina de su compañera hasta que le arda, y una soga, para amarrar a quien en ese momento sea su pareja.

Es brusco y pasional, implementa golpes, cachetadas, asfixias, tirones fuertes de cabello y disfruta ver como las mujeres manifiestan arcadas mientras le practican profundas felaciones y sin embargo contempla todos y cada uno de estos actos como la más bella poesía, tanto que ha llegado a escribir con el líquido del famoso ´squirting´ (Eyaculación femenina) ¨Es hermoso, suave y delicado, lo único es que cuando se seca en las hojas huele horrible¨.

Me pregunto, ¿Cómo hará para contemplar la belleza y la poesía oculta en parafilias plagadas de tanta violencia, que en ocasiones resultan asquerosas, y aun así sentir un vacío semejante al de un agujero negro?

 

 

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