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De tendencias en la Internet y otros demonios

El concepto ‘viral’ aparece en las redes sociales como pan caliente para los que vivimos pegados a Facebook, Twitter, Instagram y demás espacios para compartir hechos o estados… Algunos irrisorios, otros para ser populares.

Ahora que todos tenemos un celular como una parte indispensable de la anatomía humana, es complicado vivir un día sin él. Pero ya no es el punto; ya somos dependientes de eso y veo muy difícil dejarlo. Lo que busco hablar es sobre lo que se comparte, lo que se opina y en lo que presumimos ser ahora en estos espacios.

Creemos conocer todo el mundo – muchos sin haber viajado – a través de esta ventana denominada redes sociales.
Somos opinadores por excelencia. Pero a decir verdad somos seguidores de las #tendencias y del concepto viral; donde es más importante el #EragoldeYepes a que la casa de Nariño se haya gastado 600 millones de pesos en cortinas para dar una buena imagen.

Es más importante el error del presentador Steve Harvey a nuestra nueva mártir Ariadna Gutiérrez en Miss Universo que el alza de 200 pesos al precio del Transmilenio, que ahora es una de las tarifas de transporte más caras en Latinoamérica, como en Brasil.

Podrán llamarme indolente – e incluso mamerto – pero aquellos hashtags de los atentados en París fueron la base más ridícula de la gente que pensaba que con usar un filtro de la bandera francesa (o que se sintieron Charlie Hebdo) harían parte de la causa que estaría en contra del terrorismo.

Como si con eso se lograse resolver algo ¿Acaso esa misma gente hizo alguna donación para las víctimas? Malas noticias: Francia no necesita la  compasión digital de nadie, a menos que sean las vocerías de todos los gobiernos de este planeta.

Ni mucho menos las frases #PrayforParis. Eso nunca ha alimentado ni ayudado de manera significativa en algo. Es fácil pregonar por la paz mundial, por la equidad y por la cultura. Pero la realidad es diferente: las fronteras dividen a la humanidad por aspectos culturales, por la ambición y el bien propio.

Es incoherente notar el desierto que se vio en redes como Facebook cuando el pasado 17 de enero de este año, Burkina Faso – un país africano – tuvo un ataque terrorista en el que murieron más de 20 personas a manos de fanáticos musulmanes… que entre los muertos, hubo canadienses (como por decir que hubo víctimas totalmente ajenas a ese conflicto).

¿Qué pasó con el filtro, con los hashtags? Parece que este país africano o no es tendencia en moda, o no tiene grandes logros como el país occidental o que no son los europeos que tanto idolatramos aquí.

Para echarle más sal al plato, y en eso me incluyo, aquí poco o nada nos duelen nuestros muertos, los que a diario caen en las selvas de nuestro país, a manos de otros colombianos que piensan diferente y usan las armas para demostrarlo, desangrando la bandera tricolor.

Y como ya lo dije antes, estas corrientes digitales nos llevan a apoyar causas que ni conocemos. Para darnos cuenta después que la sátira impartida por Charlie Hebdó hacia situaciones tan delicadas como los inmigrantes africanos que huyen a Europa o el pasado terremoto que sacudió una pequeña ciudad en Italia, son los blancos preferidos para las burlas de ese medio gráfico francés.

Y por eso, allí se vieron las críticas a una tendencia que a inicios del 2015 todos estaban a favor… ¿no que todos éramos Charlie?

De seguro los países europeos nos rendirán tanta pleitesía como nosotros los hacemos con ellos, porque aún tenemos la mentalidad de ser tercermundistas, que no es más que un calificativo despectivo.

Todo eso y mucho más tienen nuestras redes… ¡reflexionemos! Si bien es cierto que hay temas babosos como ‘¿Charlie, Charlie, estás ahí?’ que hasta cierto punto causan morbo y son de ‘interés’ general, hay que hacer tendencia lo que en verdad nos toca como sociedad. Entiendo que las redes también son un espacio de entretenimiento, pero también es un arma de doble filo.

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