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¨PARA QUÉ CASA EN LA TIERRA, SI LA MÍA YA ESTÁ COMPRADA EN EL CEMENTERIO¨

Por: Dafne Triana.

“Eso con saliva le pasa” gritaban los vecinos entre risas. Y si, con ortiga  me dio la bienvenida la señora Leonor minutos antes de ingresar a su casa.

Entre ramas, plantas y alambre de púas, se encuentra oculta la pequeña morada de esta mujer, quien a lo largo de su vida ha sobrevivido gracias a la berraquera y a su vez lo que la define como mujer; carácter.

“Es una señora muy guerrera, no le da miedo nada. Todos la conocemos acá en el barrio y siempre ha vivido sola y ha salido adelante sola. No le gusta depender de nadie, es una berraca… tan viejita y tan fuerte, eso es de admirar”, comentó José, el líder comunitario del barrio Loma Linda.

65 hebras de cabello adornan su cuerpo y alma, todas ellas crecientes en medio de la soledad. Soledad de la cual aveces reniega y a la que en otras ocasiones agradece.

“He vivido siempre sola, aquí nadie viene a verme. Al igual si vienen a visitarme yo no le abro a nadie…Prefiero estar aquí escuchando música, molestando por ahí con mis plantas y esperando a que me llegue el día”, aseguró la señora Leonor.

Reciclaje y venta de plantas cultivadas en su propio hogar, así es, de aquello sobrevive esta mujer. Quién ha hecho del cultivo más allá del sustento diario, un hobby que le conlleva horas y horas evitando pensar en aquel abandono otorgado por la vida.

“Nunca había visto a una mujer viviendo en tales condiciones, me encuentro impactado, es una mujer estupenda. Claramente me alarma la forma que vive, puesto que a su edad debería estar disfrutando y no sufriendo o pasando necesidades de esta forma. Pienso en mi mamá, en mi familia, y en realidad observar esto me parte el alma”, comentó el mayor de la policía de Cundinamarca William Romero, quien se acercó a dialogar con la señora Leonor, al enterarse de la situación que enfrenta.

Las condiciones de vida a las que se enfrenta la señora Leonor, no van más allá de una cama remendada en medio de la oscuridad, una silla ubicada al lado derecho de la ‘puerta’ que adquirió su propio estilo de seguridad privada, ya que al ingresar el tamaño es mínimo y dos opciones de ingreso la acompañan, quedarse atado al alambre de púas, o ‘acurrucarse’ a tal punto de lograr el acceso a la casa, una habitación repleta de reciclaje, cisterna y una pequeña estufa que da a entender que se trata de su cocina y baño a la vez. Panoramas impactantes, desalentadores e imágenes no permitidas para personas con un corazón frágil. ¡Es realmente quebrantable!…

“La hemos escuchado llorar, nosotros somos los de la casa del lado, yo desde la terraza puedo ver como vive, lo que hace ahí con sus plantas y por supuesto escuchamos cuando llora mientras corta hierbas y esas cosas, es duro. Acá intentamos pasarle comida y cosas así, porque enserio sería uno muy desalmado si no le extendiera la mano a una señora de esas. Aquí a todos nos rompe el corazón la situación de ella”, mencionó Clara su vecina más cercana.

¿Dios le da pan al que no tiene dientes? Dios le da pan al mundo, pero al mundo le gusta aguantar hambre, mencionaba esta mujer refiriéndose a su soledad. Con voz entre cortada y aparentando sus manos, la señora Leo expresaba su tristeza al imaginar cómo hubiese sido tan distinta su vida al haber logrado construir una familia.

“Niños corriendo, llamándome ‘abuelita’. Navidades con regalos y mucha comida en la mesa. Eso imagino, cada día, cada mes… pero eso acabará el día en que me vaya” mencionó con gran nostalgia.

La frialdad de su mirada, me permitió realizar un imaginario de lo que había allí en su corazón… y la falta de amor y afecto que a la señora Leonor tenia. Luego de horas conversando acerca de la vida y sus dificultades, decidí tomar valor, romper el hielo y lanzarme sobre ella abrazándola fuertemente sin aventar ninguna palabra. Ella sorprendida tan solo me miraba fijamente, con sus ojos color café amargo, pero con un brillo convertido en azúcar y el plus que había esperado durante mi visita allí, una lágrima caía en su rostro y era en aquel momento en que la vida me volvía a demostrar que el único mandamiento que encierra al mundo y a la humanidad es amar al otro.

“Nosotros como sus vecinos hemos tenido la oportunidad de conocerla, acompañarla, apórtarle en lo que se pueda, pues es una abuela un poco difícil, es muy fría a veces, sería y casi no habla, se esconde cuando uno le echa piedra para que salga. Es una mujer con mucha falta de afecto y le falta amor. A nosotros nos da mucho pesar”, comentó Maria una allegada a la señora Leonor.

En mi caso, jamás tuve la oportunidad de ir con mi abuela al parque, de sentarme en frente de ella mientras preparaba galletas y chocolate para mi merienda. Y es por ello, que al ver aquel tesoro escondido tras un muro de latas, madera, y alambres, mi corazón se hace pedazos. Es por ello, que aquella tarde decidí adoptar a una nueva integrante en mi vida. Un nuevo motivo por el cual continuar batallando, por mi nueva abuelita Leonor y cientos de tesoros sumergidos tras muros de orgullo, de tristeza, de abandono…

Ellos no tienen voz, pero yo me encargaré de hacer que la tengan. Leonor tiene comprada una casa en el cementerio, pero en vida tiene un lugar comprado en mi corazón.

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