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Bioética: Nociones propedéuticas

Camilo Noguera Pardo, director del Centro de Formación Continuada en Humanidades de la Universidad Sergio Arboleda, analiza la bioética, sus primeros exponentes y su desarrollo normativo.

Biodiscursos

Camilo Noguera Pardo
Ph.D Bioética; Ph.D (c) Humanidades, Humanismo y Persona.

Los biodiscursos lideran algunas de las discusiones más significativas del siglo XXI. Su actualidad es notoria. Basta revisar en librerías, bibliotecas y bases de datos universitarias el número creciente de tesis doctorales, tesis de maestría, disertaciones de grado, artículos académicos (científicos, de divulgación y de prensa) libros y contenidos multimedia en torno a los biodiscursos, a sus significaciones, contenidos y consecuencias para corroborar que la bioética, el bioderecho, la bioeconomía, la biomedicina, la biofilosofía, la biogenética y hasta el bioterrorismo y las biotecnologías lideran algunos de los escenarios académicos nacionales e internacionales. El prefijo bio, en suma, parece capaz de marcar el espíritu de este tiempo.

Sin embargo, estas disciplinas han caído bajo el miasma de la moda: todos las nombran, sin saber lo que son. Y así, en un afán de renombre y de arribismo académico (típicas enfermedades de nuestro siglo) las gentes hablan de los biodiscrusos con ligereza, según las estaciones, sin saber muy bien el qué, el por qué, el cómo y el para qué. Este uso veleidoso e irreflexivo, en fin, ha desnaturalizado los conceptos.

En consecuencia, resulta conveniente esclarecer uno de los biodiscursos: la bioética. De la bioética expongo, únicamente, una brevísima historia del concepto, su universalización e institucionalización, de su desarrollo normativo y de sus contenidos morales arquetípicos.

Fritz Jahr, filósofo, educador y pastor protestante acuñó por primera vez el término bioética, en 1927. El concepto fue publicado en un artículo intitulado Bio-Ethics: A Review of the Ethical relationship of Humans and Plants. El artículo, a su vez, se publicó en un periódico científico alemán, Kosmos.

En el artículo, Fritz Jahr propone la creación de un Imperativo bioético, en tanto que imperativo capaz de ampliar el imperativo categórico kantiano y sus tres formulaciones clásicas. Jahr extendió el imperativo kantiano a todas las formas de vida. La formulación del imperativo bioético es esta: Respeta todo ser vivo, como principio y fin en sí mismo y trátalo, si es posible, en cuanto tal. El imperativo bioético de Jahr, tal y como lo explica otro bioeticista de prestigio internacional, Leo Pessini, “redefinió las obligaciones morales en relación a todas las formas de vida, humanas y no humanas, creando un concepto de bioética como disciplina académica, principio y virtud” (Pessini, 2013, 16).

De otro lado, el investigador en oncología, Van Rensselaer Potter, usó y universalizó el concepto bioética en un artículo publicado en 1970. El artículo se llamó Bioethics: The Sciense of Survival. Luego del artículo, Potter publicó su libro: Bioethics: Bridge to the Future. Ambas publicaciones conquistaron un éxito definitivo. Quizá por eso la comunidad académica consideró, por mucho tiempo, que el padre de la bioética había sido Potter. Sin embargo, sería el bioeticista alemán, Hans Martin-Sass, quien esclarecería el meollo y aclararía que Jahr fue el verdadero fundador de la bioética. A la bioética la fundó, entonces, un pastor protestante. De ahí que sea justo decir que la teología y la filosofía fundaron a la bioética, y no la medicina y la biología, como usualmente se cree

En 1971 el investigador holandés, André Hellegers, creó el primer instituto universitario dedicado al estudio de la bioética: The Joseph and Rose Kennedy institute for the Study of Human Reproduction and Bioethics en la universidad de Georgetown. De manera que Jahr fue el padre del concepto, Potter de su universalización y Hellegers de su institucionalización. La institucionalización lograda por Hellegers abrió todo un nuevo “campo de investigación y estudio y un poderoso movimiento social, en el mundo académico y también en el mundo del gobierno y de los medios” (Ferrer y Álvarez, 2003, 63).

Desde Hellegers muchos otros desarrollos se han adelantado respecto de la bioética y la comprensión de su significado. Lo cierto es que, actualmente, hay tantas definiciones cuantos autores han teorizado al respecto. Consigno, para ubicar al lector, la definición de la Encyclopedia of Bioetchis propuesta por Warren T. Reich en la segunda edición: “el estudio sistematico de las dimensiones morales –incluyendo la visión moral, las decisiones, las conductas y las políticas- de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, usando una variedad de metodologías éticas en un contexto interdisciplinario” (Reich, 2001,).

Además de su prolífico desarrollo conceptual, ha existido un notable desarrollo jurídico y biojurídico. Una suerte de normativa internacional pensada para la regulación de las prácticas clínicas y de las aplicaciones biotecnológicas. Por motivos de espacio, únicamente menciono las normativas más representativas, a saber: Código de Núremberg, Declaración de Helsinki, Informe de Belmont, Guía de Buenas Prácticas Clínicas, Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de UNESCO, Declaración de Buenos Aires.

Finalmente, es menester anotar que la bioética se fundamenta, a su vez, en modelos deliberativos del juicio moral, es decir, en fundamentaciones éticas. Estas nuevas formas de reflexión moral piensan las categorías morales tradicionales, pero afectadas por las biotecnologías. De manera que los modelos cardinales de fundamentación ética de la bioética, son los siguientes, a saber: Principialismo, Principialismo jerarquizado, Utilitarismo de intereses, Bioética del permiso, Bioética convergente, Bioética personalista, Paradigma de la moralidad común, Paradigma casuístico, Paradigma de las virtudes, Paradigma comunitarista. Cada uno de estos modos de fundamentación conciben una idea de bien específica, así como metodologías y procedimientos específicos para la consecución de fines morales.

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