Por: Camilo Andrés Rodríguez Gámez, egresado y docente de la Escuela de Economía.

Mi amor por La Sergio fue a primera vista, no estoy exagerando. Tenía 15 años y a mi colegio llegaron unos folletos de la Universidad con diferentes pregrados, la asesora vocacional me dejó leerlo y ahí lo vi: “Economía y Banca Internacional”. Desde ese instante supe que quería estudiar economía y el contenido programático hizo que me enamorara de La Sergio, para mí no había otra opción, aunque pasé a dos de las universidades más tradicionales y reconocidas del país.

Recuerdo mi entrevista, en la oficina de Admisiones, que en ese entonces quedaba donde hoy tenemos el área de Apoyo Financiero, me llevaron al quinto piso del Bloque F a la Escuela, donde conocí a Nohrita. ¿Qué me hizo elegir a La Sergio definitivamente? Fue muy sencillo: en mi casa los valores, el respeto, la individualidad, el conocimiento y el humanismo eran lo fundamental, unos principios que impartieron mis abuelos y que siempre he considerado esenciales y La Sergio siempre los representaba, y Nohrita fue esa confirmación, la encarnación de esos valores.

Desde entonces, La Sergio me ha llenado de miles de alegrías. Ha sido mi refugio en momentos difíciles personales, laborales e incluso académicos. De ella, su gente, he recibido siempre amabilidad y respeto. De mi Escuela he recibido el apoyo de una familia, Nohris, Mache, Dianita, el profe Meneses, Luz, Yerly, Caro; sin mencionar a los vicedecanos que he visto pasar que siempre dejaron huella Gabriel Guzmán, Blanca Llorente, María Clara Ávila y sobre todo Ana María Yepes Serrano, quien me hizo más cercano a esta familia y me enseñó el valor de la constancia, el esfuerzo y las oportunidades siempre siendo ejemplo de las virtudes Sergistas que como egresada vive cada día.

A mis mentores Javier Delgado, José Antonio Torres, José Eliseo Parra, Claudia Malagón, Javier Deaza y sin duda el más influyente: Alejandro Bello. A mis grandes amigos Gabriela Gómez, Jenny Barón, Andrés Castro y Mónica Flórez; a mi cómplice de aventuras Axel Díaz. En mi Universidad me he enamorado y puedo decir sin lugar a duda que me ha permitido vivir mi faceta más romántica y artística, siendo el sitio donde redacte mis textos y poemas que hoy están publicados ya, y con amigos de carrera hicimos el primer grupo de rock por allá en el año 2013, de allí se tejieron grandes lazos con amigos entrañables como María Paula Torres y Sergio Hernández.

Cómo no atesorar los momentos en uno de mis lugares favoritos: la Librería, donde además de disfrutar de ese gusto inconmensurable por la lectura que me heredó mi abuelo, disfruto de interminables charlas con Paulinne, Ricardo y Yan Carlos que, además de siempre estar prestos a buscarme los más ‘deliciosos’ textos que ha producido la humanidad, son contertulios apasionados y amigos sinceros.

Pero tal vez, además de todo lo anterior y claro está el conocimiento, lo más significativo fue haber podido conocer otro gran amor gracias a mi alma mater: Nueva York. El profe Delgado abrió un semillero de Modelos de Naciones Unidas, al que me vinculé y con el tiempo tuvimos la oportunidad de participar en el NMUN en esa ciudad, y la Universidad sin titubeos, nos apoyó. Estar allá, vivir la ciudad de las historias de mi abuela, de las películas y dibujos animados, esa que es arquetipo de pujanza, fue incomparable.

Cada paso que he dado en La Sergio me ha llenado personal y profesionalmente, el ser monitor me llevó a complementar una de las grandes pasiones que mi formación musical -cultivada por mi madre, mis abuelos y mis maestros de música- había iniciado: ser profesor.

Ser docente Sergista ahora, es saber que he recibido el testigo de grandes maestros y que ahora debo lograr en mis estudiantes lo que mis maestros lograron en mí. Saber que es tal el gusto y la pasión que enseñar me genera, que en cada trabajo que he estado mis jefes me abren espacios para que cumpla con esta labor. Cada vez que evalúo, emito un concepto, propongo una solución, preparo un informe o un tablero de datos, recuerdo la importancia de que cada dígito representa personas y que mi responsabilidad es que esos datos trabajen en beneficio de su bienestar. Eso me ha reforzado siempre La Sergio y eso intento llevarlo tanto a mis clases como a mis trabajos, lo que ha hecho que además del reconocimiento de mis estudiantes, colegas y directivos, sea reconocido en mi espacio laboral por estas mismas aptitudes.

Ser Sergista es eso, llevar una familia entera en el corazón, una familia en la que aprendimos de nuestra ciencia o disciplina, pero también el valor del ser humano, el valor de servir, la importancia de trabajar, persistir, mejorar y trascender. Ser Sergista es más que tener un cartón, es, sobre todo ser un ser humano integral y responsable que entrega su conocimiento y trabajo para la mejora continua de la sociedad.

Para mí, desde el primer momento hasta el último, sembrado en mi familia biológica y cultivado por mi familia educativa, somos responsables de un gran legado, lo que nos entrega la Universidad Sergio Arboleda y que estamos llamados a entregarle al resto de Colombia y el mundo: integridad y humanismo.


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