No hay un momento perfecto para dar el salto. Eso lo sabe muy bien María Paula Robayo, quien en sexto semestre tomó la decisión de pausar su carrera para ir a estudiar inglés al exterior, sin saber aún que ese paso sería el primero de una trayectoria construida desde la curiosidad, la adaptación y el propósito de acompañar a otros a hacer lo mismo.

Un punto de quiebre en sexto semestre

La decisión no fue fácil, pero sí fue clara. Al regresar, María Paula no solo había aprendido un idioma: había cambiado su forma de pensar, de ver el mundo y de entender lo que quería construir profesionalmente. También descubrió algo que hoy define su trabajo: el impacto que tiene un buen acompañamiento cuando alguien se atreve a dar ese primer paso.

El reto real no es el idioma

Trabajar en entornos multiculturales le enseñó que hablar uno o varios idiomas es solo el punto de partida.

“Más allá de hablar idiomas, el verdadero desafío está en saber cómo conectar y comunicarse con claridad con cualquier persona, independientemente de su cultura. Son habilidades que se desarrollan viviéndolas.”

Esa consciencia también la llevó a cuestionar sus propias formas de trabajar y relacionarse: la puntualidad, el manejo emocional, la escucha. Cosas que, dice, se aprenden cuando uno se obliga a salir de lo conocido.

Acompañar sueños que parecen lejanos

Hoy, desde su rol como Regional Sales Manager para Latinoamérica, María Paula acompaña a estudiantes y jóvenes en sus procesos de educación internacional. Y en ese trabajo, lo que más la ha marcado son las historias detrás de cada caso: personas que venden propiedades, reorganizan su vida o buscan un cambio profundo para cumplir un sueño que sienten lejano.

“Ver cómo, a pesar de los obstáculos, luchan por sus metas y llegan al destino sintiéndose orgullosos de haberlo logrado, es una de las satisfacciones más grandes que me ha dado esta carrera.”

El sello Sergista y la mirada al mundo

Aunque no realizó un intercambio directamente con La Sergio, sí recuerda cómo ver a sus compañeros viajando a España, Australia, México o Bolivia le abrió una perspectiva que antes no tenía. La Universidad le despertó la curiosidad por el mundo, y eso, afirma, fue suficiente para querer más.

Hoy valora especialmente el trabajo que hacen la Oficina de Relaciones Internacionales y la Oficina de Egresados, y reconoce que entendió el valor de todo eso cuando ya podía verlo desde afuera.

“Hoy me siento más orgullosamente Sergista porque veo una universidad que busca mantenerse a la vanguardia y formar no solo buenos profesionales, sino personas preparadas para el mundo actual.”

¿Aún dudas en dar el paso?

“Invertir en una experiencia internacional es invertir en uno mismo: en crecimiento, en recuerdos, en conexiones y en el perfil profesional que vas a construir para el futuro. El retorno va muchísimo más allá de solo estudiar.”


LEA TAMBIÉN