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JULIETA FRANCO, LA ABOGADA QUE LLEGÓ A LA DOCENCIA SIGUIENDO LOS PASOS DE SU MAESTRO

La actual Directora del Departamento de Derecho Procesal de la Universidad Sergio Arboleda, Julieta Franco, tiene una prolífica carrera que empezó a un mes de graduarse, cuando tenía 22 años.

Julieta Franco directora Departamento de Derecho Procesal Escuela Mayor de Derecho Universidad Sergio Arboleda

Solo después de un mes de graduarse como abogada, Julieta Franco Daza asumió su primer reto como juez. Debía dar solución a un término que estaba próximo a vencerse y, así como en el colegio leía y estudiaba lo que no entendía para entregar su tarea dos días antes de la fecha pactada, del mismo modo le dio curso a esta primera experiencia profesional. Desde entonces, esta jurista y docente de la Escuela Mayor de Derecho de la Universidad Sergio Arboleda, se ha desempañado con disciplina en su ejercicio como abogada… Han pasado ya 43 años y su entrega no ha cambiado.

Julieta Franco recuerda con alegría su época como estudiante. Era una alumna aplicada, con gusto por la lectura; una niña que tomaba atenta nota de cada clase que recibía para luego llegar a casa y transcribir en una máquina de escribir lo que aprendía, con el propósito interiorizar conceptos. Y este hábito se volvió costumbre en todas sus facetas como abogada.

Siempre tuvo claro que no quería formarse como profesional en una carrera de matemáticas. Con apenas 17 años, inició sus estudios como abogada en la Universidad Libre de Cúcuta, donde cursó tres años y después se trasladó a Bogotá, a terminar sus estudios. Así, se graduó en 1978 y ya suma muchas experiencias profesionales que hoy la distinguen como una persona íntegra, y le han dado las herramientas fundamentales para su labor futura como docente.

Este académica dice que su experiencia le ha enseñado a ser más tolerante, a respetar y amar cada vez más su vocación. “El ejercicio del Derecho es una disciplina muy completa y aporta más cuando se ejerce como docente, pues nos permite conocer las facetas y roles que tenemos que asumir en la vida. Muchas veces, emitimos juicios de valor acerca del error de un juez, de un litigante, de un servidor público, pero qué bueno es haber pasado por todos esos escenarios para entender el rol que tiene un buen egresado de Derecho y su capacidad para discernir entre lo que debe y no debe hacer”, precisó.

Después de ejercer como juez, Julieta Franco fue abogada litigante y directora Nacional de la Defensoría Pública. Durante diez años trabajó como Procuradora Judicial II para Asuntos Penales e, incluso, siguió ejerciendo el Derecho cuando ya era docente. “En esta etapa, aprendí a entender a la humanidad porque mi labor era interceder a nombre de otras personas que, en ese caso, eran mis clientes y como ya había vivido el rol de juez, pues sabía y entendía cómo funcionaba la dinámica del Derecho… así logré acertar muchas veces porque sabía argumentar correctamente cuando abogaba por los demás”.

Desde la tolerancia, la disciplina, el amor y el respeto quiso seguir por el camino de la docencia. La Universidad Sergio Arboleda la recibió desde hace 12 años en sus aulas y, además de ser una docente destacada por su labor, en cada clase que dicta recuerda sus experiencias para transmitirle a sus estudiantes un testimonio de lo que se vive como abogado en las calles.

“Cuando yo ejercía en el sector oficial y me tocaba acudir a las autoridades o tenía que buscar a servidores públicos, ellos siempre me hacían esperar mucho tiempo, entonces yo pensaba que cuando tuviera poder eso no lo iba a hacer o iba a tratar de no incurrir en aquellas equivocaciones”, y recalca que estos mismos pensamientos los transmite en el aula de clase a sus estudiantes porque es consciente de que en sus manos está la idea de forjar a los futuros abogados de Colombia.

La docencia le ha dado la capacidad de seguir estudiando y capacitándose para sus estudiantes. Dice que el ser humano nunca termina de aprender y tampoco puede perder la capacidad de asombro. Por eso, procura aprender de sus alumnos todos los días.

Se considera una Sergista de corazón. Actualmente es directora del Departamento de Derecho Procesal de La Sergio. La abogada Julieta Franco adora a sus estudiantes, es una persona entusiasta y agradecida. Durante sus años en la academia como estudiante tomo atenta nota de sus maestros porque estaba segura de que algún día llegaría a la docencia y lograría transmitir su conocimiento y años de experiencia.

En su proceso de formación humana y profesional ¿Cuál fue el docente que más lo marcó y por qué?

Mi vida profesional la marcó un docente que falleció hace apenas dos meses. El Doctor Jaime Azula Camacho. Tengo una experiencia de vida muy grata, pues estudié Derecho Procesal 1 y 2 con él, y en sus clases se dio cuenta que yo siempre respondía las preguntas que hacía.

“En primer año, el día del examen, preguntó “¿Dónde está la alumna Julieta Margarita Franco Daza?”, me puse de pie y él dijo, “Quiero decirle delante de todos los alumnos que usted no tiene necesidad de presentar el examen final de Derecho Procesal”, ¡Me eximió! Y así fue durante los años en los que el maestro Azula me dictó clase; yo sí presentaba los parciales, pero nunca los exámenes finales y no era porque supiera sino porque siempre participaba en clase y ahora, soy la profesora de Derecho Procesal. Este es mi mayor orgullo”.

Pasó el tiempo y cuando me iba a graduar, busqué al doctor Azula y le dije, “Maestro, quiero que usted sea mi presidente de tesis” a lo que él me respondió, “Doctora Julietica, ¿tú quieres una tesis para graduarte o para aprender?”; yo, por supuesto, le respondí, “para aprender, maestro”.

“Después me fui para la librería Artemis para que me publicaran mi tesis; hicieron un comité y la seleccionaron, a lo que el maestro Azula me dijo, “No doctora, usted puede hacer un libro mejor que esa tesis”. Con el tiempo, una vez al mes, nos reuníamos y, en una ocasión, yo le dije que ahora sí iba a hacer el libro y le pedí que me hiciera el prólogo, me respondió con una nota de felicitación, pero me dijo que quería estudiarlo bien y se me murió con el prólogo en la mano.

De él aprendí que el conformismo no es nada bueno, que siempre se debe buscar la excelencia y se debe mejorar y mejorar.

¿Qué recuerda de la primera clase que impartió?

La primera clase que impartí, me la aprendí de memoria porque me moría del susto donde los estudiantes me preguntaran y yo no supiera responder, pero mis primeras clases en la universidad eran maravillosas porque terminábamos el curso y los estudiantes me aplaudían. Hoy en día tengo mucha tranquilidad respecto a las preguntas que me hagan y en caso de que no sepa, digo abiertamente que no sé y que lo podemos averiguar.

¿Qué recuerda de la primera clase que impartió?

No fue fácil. Llevo 12 años en la Universidad Sergio Arboleda y ha sido el escenario donde realmente he continuado estudiando, porque ser docente es un compromiso muy alto. Siempre tuve miedo de hablar una hora y, en mi caso, dicen que los santandereanos tenemos fama de hablar muy rápido, entonces, yo decía que en una hora qué podía hacer. Cuando llegué a la primera clase, me presenté y les conté que me sentía muy orgullosa de ser parte de la Universidad y porqué quería ser docente. Cuando me di cuenta del tiempo, no había dicho ni la tercera parte de todo lo que tenía preparado. Como experiencia me quedó que las clases no son para correr sino para que los estudiantes adquieran conocimiento.

¿Qué le ha enseñado la docencia?

Muchas cosas. Primero, que hay que entender que el mundo no es estático y uno debe estar muy abierto aprender, especialmente de la juventud. Aprendo de ellos siempre, me encanta que sean inquietos. Los docentes tenemos un gran compromiso con ellos porque no podemos perder el norte y, sobre todo, en la enseñanza para que los profesionales del mañana tengan unas bases sólidas, no solamente como profesionales sino como personas.

Ellos me enseñan ciertas cosas para cambiar la metodología de enseñanza, todos los días estamos abiertos al cambio porque uno no puede cerrar los ojos y taparse los oídos en un país en el que han evolucionado tantos esquemas.

¿Cuál es el tema que más disfruta enseñar?

Sin duda, todas las clases referentes al Derecho.

¿Cuál es la cualidad que más aprecia de un estudiante?

La honestidad vale oro, honestidad del estudiante hacia él mismo y, por supuesto, hacia los demás.
En una palabra, cómo define el impacto de la tecnología en el ejercicio de su labor docente

Es una herramienta que se debe saber usar. La tecnología no es la culpable de las circunstancias que de una u otra manera terminan separando las relaciones entre personas, al contrario, gracias a la tecnología hemos podido dar continuidad a muchas actividades.

En una palabra, ¿Cómo se define como docente?

Como una persona entusiasta, que ama lo que hace. Dictar clases para mí es lo máximo, pero esto es un tema de vocación y amor, me encanta lo que hago y adoro a mis estudiantes.

¿Cuál es el personaje de la historia que más admira?

Simón Bolívar, a mi parecer, es el libertador que nos dio tanto que fue un personaje que congrega muchos valores importantes para mí.

¿Cuál es ese libro que cambió su manera de pensar?

Todos los libros que he leído me han dejado alguna enseñanza. Por eso, es tan importante estar en permanente diálogo con la lectura, con la historia y con quienes han desarrollado el conocimiento en diversas disciplinas, como el arte o la ciencia. No podemos opinar ni interpretar sobre lo que no conocemos y en eso pecamos con frecuencia. Estoy leyendo el segundo tomo de Julia, cuando retó a los dioses de Santiago Posteguillo, y me parece que es un libro que resalta la inteligencia emocional, que puede manejar una mujer en la adversidad.

¿Cómo le gustaría ser recordada?

Quiero que me recuerden porque siempre traté de vivir el presente al máximo y porque siempre he dado gracias por lo que tengo, más que añorar eso que me falta por tener. Soy creyente y no me cansaré de decirlo, soy una mujer luchadora y pienso que las cosas se consiguen cuando uno les siembra amor y es persistente.


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