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VOLUNTARIADO INTERNACIONAL: UNA EXPERIENCIA TRANSFORMADORA

Desde hace varios años, La Sergio, en convenio con la organización global de jóvenes AIESEC, ofrece a sus estudiantes la oportunidad de realizar un voluntariado en distintos países del mundo. Alfredo González, egresado de Política y Relaciones Internacionales, relata cómo el haber vivido esta experiencia en el año 2017 lo hizo crecer a nivel personal y profesional.

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Por: Alfredo González
Egresado de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales y ex voluntario de AIESEC

Todo empezó cuando me encontraba en séptimo semestre, a punto de iniciar mi énfasis en el área de Relaciones Internaciones. Mi objetivo era entender las diferentes culturas, conocer de cerca la influencia de la historia y el contexto en las particularidades de los países. Entonces, en el 2017, gracias a mi amigo y compañero de carrera Mateo Vargas, quien hacía parte de AIESEC, me acerqué a la organización y me interesé en ella al darme cuenta de su presencia en más de 100 países, su reconocimiento por parte de la UNESCO y la promoción de programas de liderazgo y desarrollo de habilidades blandas.

Además, mi carrera me había encaminado a vivir experiencias para conocer el mundo y mi condición de estudiante me llamaba a la aventura, a descubrirme como persona y profesional; fue en ese momento cuando, de la mano de AIESEC, decidí hacer un voluntariado.

La organización me presentó el proyecto Gira Mundo, enmarcado en el Objetivo de Desarrollo Sostenible número cuatro: “Educación de Calidad”. La experiencia consistió en trabajar durante seis semanas en la escuela pública Régulo Tinoco, en Natal, Brasil, país que quería conocer por su importancia para Latinoamérica, no con la mirada de turista, sino saliéndome de mi zona de confort y a través de una experiencia que le aportara significativamente a mi vida.

Embarcase en la aventura

Para hacer parte del proyecto tuve que presentar una entrevista con el encargado de su ejecución en Brasil y exponer mis metas y propósitos. Tras pasar ese filtro, reservé mi cupo con AIESEC, pagué el seguro de viaje, adquirí el tiquete sin necesidad de tramitar visa, pues el estatus legal de voluntario es el mismo que el de turista.

Después de doce horas de vuelo llegué a Brasil y estando allí, solo, sin conocer a nadie, empezó el proceso de descubrirme.

Los primeros días me reuní con el equipo que desarrollaba el proyecto, hicimos una alineación con los profesores de Régulo Tinoco y construimos un plan semanal para ejecutar los cursos que se impartirían a los jóvenes de edades comprendidas entre los once y los diecisiete años.

Parte de nuestro trabajo consistió en hacerles entender a los jóvenes que la Policía es un órgano que intenta mediar en las situaciones sociales de distinta índole, que se debía cerrar la brecha que se había abierto por cuenta de los acontecimientos dictatoriales y de represión de los años 80´s. y que era necesario trabajar mancomunadamente. Esta actividad fue relevante, ya que en el edificio donde se encuentra la escuela, también está ubicada una estación de policía, con cuyo personal, en ese entonces, no se tenía una buena relación.

Otra gran tarea fue la de acercarlos al concepto de internacionalización, pues muchos de estos niños no habían salido ni siquiera de su barrio. Para ellos ir a São Paulo o a Río de Janeiro equivalía prácticamente a salir del país, por eso, al conocer a un grupo de jóvenes provenientes de Venezuela, Francia, Turquía, Colombia y México, adquirieron una perspectiva diferente, una de puertas abiertas.

Igualmente se trabajó en ejes fundamentales como los de igualdad de género y tecnología. Así, para desarrollar el primero de ellos, realizamos talleres con el fin de hacerles comprender los riesgos de la violencia hacia la mujer, que por esa época tenía altas tasas en el país, y cómo se aporta a la trasformación de esa realidad con la construcción de dinámicas sociales sanas.

Para el ámbito tecnológico, aprovechamos que, un año atrás, el gobierno del estado Río Grande del Norte había entregado computadores, proyectores y redes móviles de internet, equipos que estaban en desuso por falta de conocimiento. Por esta razón, realizamos capacitaciones para que niños y docentes aprendieran a manejarlos, a interactuar con ellos y a generar contenidos.

Hoy, reafirmo que esta fue una gran experiencia que me permitió encontrar mi propósito. Allí tuve un nuevo comienzo, analicé mi entorno y me evalué como persona. Además, conocí gente de otras partes del mundo con quienes compartí vivencias y visiones. Del mismo modo, tuve la oportunidad de desarrollar un sentido de pertenencia más fuerte por Colombia y de entender que a pesar de las dificultades somos un gran país lleno de bondades y atributos.

Profesionalmente crecí; aprendí a potenciar mis habilidades blandas, a comunicar exitosamente las ideas y a hablar un idioma tan interesante como el portugués. Comprendí que trabajar en equipo y realizar proyectos significa cambiar vidas.

Actualmente hago parte de AIESEC. Soy el presidente del área encargada del trabajo que se lleva a cabo con las universidades Sergio Arboleda, los Andes y Jorge Tadeo Lozano. Allí coordino un grupo de setenta personas que quieren cumplir los objetivos de paz y desarrollo del potencial humano, pilares de la organización, y que buscan darles a los estudiantes oportunidades de liderazgo y experiencias en el exterior.

Ahora, con total convicción, invito a los jóvenes a vivir esta experiencia, pues la universidad es la etapa ideal para conocer el mundo y acercarse a diferentes perspectivas y formas de vida.


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