
Ya son dieciocho años desde que Fernando Velásquez Velásquez llegó a la Universidad Sergio Arboleda para desempeñarse como director del Departamento de Derecho Penal, director de la Especialización en Derecho Penal y codirector de la Maestría en Derecho Penal de la Institución. De los momentos compartidos en La Sergio, destaca el acompañamiento recibido por parte de los directivos de la Universidad, pues se ha sentido cómodo y bien tratado.
El Dr. Velásquez, como es conocido por la mayoría de Sergistas, ha sido testigo de la formación de generaciones de abogados que, como él lo menciona “llegan deseosos de aprender y superarse”.
Por años, este antioqueño ha liderado la realización del Congreso Internacional de Derecho Penal, encuentro académico de amplia trayectoria, en el que, a lo largo de sus diferentes ediciones, ha contado con la participación de destacados juristas como Claus Roxin, quien ha sido considerado como el teórico contemporáneo más importante del derecho penal en el mundo.
¿Cuándo llegó a La Sergio y cómo era la Institución en ese momento?
Mi arribo se produjo en el mes de abril de 2004. Me encontraba disfrutando de un año sabático en la casa de estudios para la cual laboraba en ese momento y, un día cualquiera, por recomendación de algunas personas cercanas, recibí una llamada telefónica del Dr. Rodrigo Noguera Calderón en mi oficina de abogado en Medellín. Él me manifestó su interés en que me vinculara como director del Departamento de Derecho Penal de la Escuela Mayor de Derecho y de una Especialización en Derecho Penal que se proyectaba, tareas que me dijo podía asumir desde la ciudad donde vivía y viajando cada semana y/o cuando fuese necesaria mi presencia. Al día siguiente me trasladé a Bogotá y, en pocos minutos, nos pusimos de acuerdo; primero lo hice en mi calidad de asesor académico durante el periodo restante de 2004 y luego, al empezar el 2005, me posesioné como colaborador de tiempo completo y empecé a desempeñar las funciones que se me asignaron.
De entrada, hice gran empatía con el señor Rector quien me pareció un hombre de grandes calidades personales y académicas; esto se confirmaría con el pasar de los años, en atención a que la relación con él, mientras estuvo en el desempeño de sus funciones, fue muy cordial, respetuosa y cariñosa.
La Institución, entonces, era muy agradable; existía un gran ambiente de trabajo. Todo era muy organizado. Y, como se trataba de una Universidad nueva, se veían muchos proyectos en marcha que eran jalonados por el señor Rector y el entonces decano de la Escuela Mayor de Derecho, el Dr. Jorge Vélez García (Q.E. P.D.); este último un verdadero sabio, un señor de grandes calidades humanas e intelectuales que, con su talante siempre afectuoso regía los destinados de la Escuela. En síntesis: me encontré formando parte de una verdadera familia académica y como en casa: muy bien tratado, acatado, y respaldado.
¿Cómo recuerda su primer día como docente Sergista?
Ello sucedió a comienzos del primer semestre de 2005. El curso era de “Teoría del delito” y, en principio, estaba regentado por un profesor joven egresado de la Universidad quien se constituyó en mi compañero de faenas académicas durante muchos años. Fue un día muy agradable y los estudiantes veían con simpatía a un profesor que venía de otra ciudad a impartirles sus primeras nociones en tal difícil materia. Y empezó un largo proceso que ya sobrepasa los 18 años continuos de servicio.
¿Qué ha sido lo mejor de ser docente en La Sergio?
Son diversas cosas: en primer lugar, sus alumnos porque siempre he encontrado en ellos a muchachos –cada año más jóvenes, en la medida en que también he avanzado en edad, entonces tenía 49 años– deseosos de aprender y superarse; muchos de ellos provenían de casi todo el país y pertenecían a familias muy bien conformadas, que veían en la Universidad una propuesta diferente.
Así mismo, en segundo lugar, siempre me gustó el colegaje con los profesores de pregrado y posgrado; y digo esto porque todos eran y han sido –como norma general– muy bien seleccionados y pensando, siempre, en la filosofía que anima a la Universidad desde que sus fundadores emprendieron la tarea pensando en formar jóvenes respetuosos de las instituciones y los valores, llamados a construir una nueva sociedad. Esa propuesta siempre me ha parecido correcta.
Además, en tercer lugar, en la tarea docente siempre he recibido acompañamiento de los directivos: con el Dr. Noguera Calderón a la cabeza, el señor Vicerrector Académico –el Dr. Germán Quintero Andrade, con quien he hecho una buena relación, que se ha traducido en muchos frutos académicos y personales– y los demás directivos, incluidos los decanos y el personal administrativo. Este aspecto debo destacarlo porque en otros sitios siempre he visto una gran distancia entre los directivos y el profesorado; aquí encontré un escenario distinto, muy motivante para mi labor.
Finalmente, durante este lapso he observado un respeto absoluto por la libertad de cátedra.
¿Cuál ha sido uno de los mejores momentos que ha vivido en La Sergio?
En general todos han sido muy gratificantes; eso explica que, haciendo grandes sacrificios familiares, materiales y personales, haya perseverado durante estos años. Como dije, me he sentido cómodo y bien tratado. Pero recuerdo con especial cariño los congresos internacionales de derecho penal que, durante dieciocho años continuos, hemos celebrado, contando con la presencia de grandes cultores de esa disciplina en el planeta. En especial dos de ellos: el de 2010, cuando tuvimos como invitados al profesor alemán Claus Roxin y toda una pléyade de penalistas muy relevantes en el mundo del derecho penal; y el de 2013, oportunidad en la que nos acompañó el profesor italiano Luigi Ferrajoli, en mi opinión el más grande iusfilósofo del derecho penal y muy cercano a mi visión del derecho y el mundo.
También, los espacios de los dos posgrados en el ámbito de mis competencias han sido muy agradables. En ellos he compartido con juristas nacionales e internacionales de gran renombre y valía quienes, con gran afecto y mucho compromiso, me han acompañado en los dos proyectos. Algunos son mis amigos y ha sido muy agradable departir con ellos y lograr que les transmitan sus enseñanzas a centenares de profesionales.
De las asignaturas que ha impartido, ¿cuáles han sido sus favoritas?
Todas las he disfrutado mucho, porque mi consigna es disfrutar lo que hago; sin embargo, hay dos más cercanas a mis afectos: una, la de “Las formas de evitación del proceso y de la sentencia”, que inauguré en la línea de Investigación en Derecho Procesal Penal al interior de la Maestría en Derecho, por sugerencia del también codirector, el profesor y amigo español Juan Luis Gómez Colomer, y que dicté hasta que la deposité en manos de un alumno que se hizo doctor en esas materias. Y, otra, la cátedra de “Introducción al derecho penal”, que impartí por última vez en el pregrado durante la pandemia; una cátedra que toca con los aspectos metodológicos e históricos del derecho penal, temas que mucho me apasionan.
¿Qué caracteriza a un profesional Sergista?
Lo que la Universidad busca es que sus egresados sean respetuosos de los valores, buenos ciudadanos, defensores de la institucionalidad y de la democracia; a ellos se les forma para que respeten y ayuden a construir un Estado Derecho en el cual quepamos todos. Como suele suceder ese deber ser no siempre se logra cumplir, pero en la generalidad de los casos se percibe ese “sello Sergista” que los egresados exhiben con mucho cariño y orgullo.
¿Quién es el estudiante que más recuerda?
Durante mi largo recorrido por la academia nacional e internacional, que durante 43 años me ha llevado a más de quince países en actividades docentes y académicas, he tenido centenares de alumnos y, como siempre, uno recuerda los que dejan huella tanto en lo positivo como en lo negativo; por supuesto, para hablar de los primeros, muchos de ellos son hoy grandes profesionales. Sin embargo, centrándose en la Sergio Arboleda y sin hacer discriminaciones siempre odiosas, hay dos discípulos que recuerdo: Patrick S. Brock Manuel (un isleño de San Andrés que, orgulloso de sus orígenes y de su cultura raizal, alumbró mi cátedra con gran inteligencia y fue mi colaborador, en la actualidad, director de la Tecnología en Criminalística) y Sergio Nicolás Guillén Ricardo (quien, con gran afecto y disciplina, durante cerca de diez años ha sido otro de mis asistentes).
¿Cómo quiere que lo recuerden sus estudiantes?
Como a una persona que, en medio de sus errores y aciertos, siempre quiso lo mejor para ellos; como un profesor serio, honrado, buen trabajador y disciplinado. Como un académico justo, libertario y respetuoso.

