Daniel Felipe Moreno Sarmiento
Con el ánimo de entender el supuesto general en el que se asienta esta breve reflexión, es relevante concentrar nuestra atención en lo que suscita la siguiente frase: «el ser se sigue de la acción». Podemos comprender lo anterior, si por un momento consideramos la importancia de nuestra condición ingenieril. Sí, en efecto, somos ingenieros. Pero no trivialicemos lo que esto nos permite pensar de nosotros mismos, pues no nos referimos aquí al profesional de la ingeniería, más bien quisiéramos rescatar lo que el término ingenium indica en el ser humano. Esta expresión puede referirse, por un lado, a las cualidades o disposiciones naturales que poseemos, y que se revelan en los actos humanos, en nuestra agencia, pues somos agentes o entes que actuamos. Por otro lado, ingenium es una expresión que está fuertemente asociada al verbo ingenero, que quiere decir engendrar, producir o dar a luz. Según esto, podríamos decir que nuestra condición ingenieril ha producido un mundo en el que es posible la vida humana, y, en consecuencia, hemos fabricado un entorno que nos pertenece. De allí que pensar lo ingenieril en nosotros no es más que pensar la existencia humana a la luz de su capacidad de actuar e incidir en sí mismo y fuera de sí mismo.
En la actualidad, nadie dudaría que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han dado forma a la vida humana de diversas maneras, es decir, las TIC han informado (del latín informare, dar forma) el mundo que hoy conocemos, y esto reafirma la condición ingenieril que está haciéndose continuamente en la vida del hombre. De hecho, el filósofo italiano Luciano Floridi, profesor de la Universidad de Oxford, piensa que las sociedades han desarrollado, con el paso del tiempo, formas de vida que están seriamente traspasadas por las TIC. Y en efecto, hay una profunda injerencia de lo producido en nosotros como productores. Así que a continuación sintetizaremos algunos puntos que consideramos centrales para entender algunas de estas transformaciones que siempre estamos llevando a cabo, y que el lector seguramente podrá profundizar en la obra de Floridi, The Fourth Revolution. How the Infosphere is Resharping Human Reality (2014).
1) Hiperhistoria: tránsito ineludible
Como advertíamos, la forma de vida que llevamos es resultado de una relación que tenemos con las TIC, y que puede variar según el grado de dependencia que tenemos frente a estas mismas tecnologías. Veamos en general cuáles son estas formas de vida:
Prehistoria:
Las comunidades que viven de forma rudimentaria y que están separadas de la forma global de la civilización, no son realmente dependientes de las TIC digitales, aunque dichos grupos no dejan de inventar y producir sus propias TIC –que no son necesariamente
digitales-, pues igualmente nuestra condición técnica supone una manera de habitar y de convivir en la que está comprometido algún tipo de Tecnología de la Información y la Comunicación. A esta forma de vida la podemos llamar prehistórica, y aquí ya no nos referimos a una época en la que aún no emerge la escritura como técnica, sino a una manera en la que el hombre da forma a su existencia a partir de unas TIC no digitales, y que finalmente son determinantes para llevar una vida humana
Historia:
Esta es la forma de vida que se ha logrado estandarizar a nivel global, y que se caracteriza por la manera en la que se produce, se transmite y se conserva la información. Las sociedades actuales, en su gran mayoría, son sociedades históricas, pero no porque tengan una relación directa o indirecta con su pasado, sino porque se consolidaron diferentes TIC que hicieron posible el surgimiento de una cultura y una dinámica social donde la información y la comunicación perduraron a pesar del paso del tiempo.
Hiperhistoria:
Luciano Floridi insiste en el hecho de que en la actualidad nos estamos enfrentando a un poderoso tránsito, que nos llevará al horizonte de las sociedades hiperhistóricas. De hecho, hay comunidades y naciones que están próximas a alcanzar una dependencia vital de las TIC digitales, que es lo que caracterizará a estos grupos de la sociedad. Piénsese en las ciudades inteligentes, en el internet de las cosas y en el surgimiento de realidades aumentadas y extendidas con las que se interactúa cada vez más. Esto nos espera, y hacia allí se dirigen muchos de los esfuerzos gubernamentales y no gubernamentales de nuestra época.
2) Infoesfera: el aquí es on-life
¿Alguna vez hemos quedado inmersos en una buena conversación?, ¿nos hemos preguntado cómo pasó tanto tiempo, después de quedar absortos en la lectura de una obra maestra?, o tal vez, ¿nos hemos entretenido por horas mientras jugábamos? Pues esta sensación es significativa gracias a que ha tomado forma un mundo de posibilidades que no podemos eludir con facilidad. Las esferas de sentido que se abren allí son tan cercanas a nuestra interioridad, que no advertimos lo que sucede más allá de ese horizonte. El mundo que se ha liberado de nuestra mente e imaginación adquiere tal concreción que estamos muy lejos de querer escapar de esos artificios que hemos creado tantas veces y de tantas maneras. En especial, las TIC digitales han cobrado relevancia al respecto, son mundos a los que nos sentimos realmente aferrados. Todas las realidades on-line son la viva imagen de los mundos off-line, que antaño se crearon para entretener, trabajar y convivir. Sin embargo, parece que esas esferas on-line, por ser en esencia virtuales, están más cercanas a la irrealidad y la ficción que a la realidad y la verdad. Por lo que sus detractores no vacilan en oponer lo digital a lo material.
Razón por la que Floridi propone el concepto on-life, con el fin de terminar con la dicotomía off-line/on-line. Pero la apuesta es mucho más prometedora, ya que también se le daría término a otra dicotomía bastante difundida, que enfatiza la diferencia entre lo natural y lo artificial. Esta expresión sería más pertinente por su completitud y síntesis. De allí que se le haya denominado infoesfera. Después de todo, la información -o la forma que siempre se autogenera- está presente tanto el orden natural y físico, como en el orden artificial e ideal. Floridi lo asevera, en terminología hegeliana, de una manera más explícita: «Lo que es real es informativo y lo que es informativo es real».
3) Inforgs: identidad desconocida
Cada una de las revoluciones que hemos afrontado culturalmente nos ha permitido decantar una forma de autocomprensión que es significativa aunque fue difícil de asumir en cada momento. Para Floridi, la revolución copernicana fue la primera en conmover el imaginario antropocéntrico de la cultura, y lo que ha quedado claro a partir de este cambio de percepción del hombre en relación con el universo circundante es precisamente que ocupamos un ínfimo lugar en el orden cosmológico. No obstante, aún quedaba intacta nuestra elevada importancia en el orden de las criaturas terrestres. Pero esto no tardó mucho en cambiar. La revolución darwiniana nos reveló que no somos una forma singular y especial de la vida natural, al contrario, somos una especie entre otras, y compartimos con estas algunos ancestros comunes que han permitido a cada especie transmitir, a través de la evolución, su información genética para perpetuarse en el ciego camino del desarrollo natural. Sin embargo, aún seguíamos aferrándonos a la idea de que hay en nosotros un aspecto especial en nuestra existencia. Así que por un momento nos convencimos de que el ser humano está facultado de una consciencia clara y distinta, pero la revolución freudiana nos arrebató esa seguridad. La vida interior del hombre es tal vez aún más oscura y confusa de lo que imaginamos. Revelar que hay aspectos inconscientes que se escapan a nuestra aprehensión marcó otro momento histórico en la manera en la que nos percibíamos a nosotros mismos.
A pesar de estos embates, algo parece quedar intacto, somos agentes con la posibilidad de crear mundos de forma inteligente, y ocupamos entonces un lugar de gran importancia en la infoesfera como hacedores de estos mundos. Lo que no esperábamos era que las TIC digitales derrumbaran esta ilusión, pues la inteligencia artificial (IA) nos muestra que no somos ni los únicos agentes inteligentes ni los únicos hacedores de mundos. Al contrario, la revolución informática implicó el advenimiento de una multiplicidad de agentes que pueden hacer lo que hacemos e incluso realizarlo mejor y con gran eficiencia. Así que hemos vuelto sobre nuestros pasos para reconsiderar lo que somos, y aún nos preguntamos si hay algo en nosotros que nos sitúe como centro de la existencia. Por ahora, aceptemos, sin más, que somos inforgs, es decir, entes informados de manera natural y artificial con una condición de agencia inteligente que se abre a la posibilidad de interactuar con otros agentes inteligentes para producir mundo y sentido.
4) Apoptosis política: el ocaso del Estado
Así como hemos visto que nuestra identidad ha cambiado y que el lugar que pensábamos garantizado para nosotros ha ido desplazándose con las cuatro revoluciones, veamos, en general, los cambios por los que hemos trasegado en la vida política. Sólo que ahora no es el hombre particular el que resiste los embates de las transformaciones de las TIC, sino que es el mismo Estado el que pierde constantemente su relevancia como centro de control de la información en la sociedad. Estamos, como dice Floridi, ante una apoptosis o muerte del Estado. Lo que no quiere decir que el Estado, en cierto punto, desaparecerá como institución o forma de vida común de las naciones modernas, sólo que perderá cada vez más el lugar que sí ocupó cuando surgió como ente principal de control de la información. Suceso al que dio paso la Paz de Westfalia (1648), momento en el que se crea un sistema de agencia que está más allá del ciudadano y que tiene el control de la información social, que es a lo que llamamos el advenimiento del estado moderno o el Orden de Westfalia.
No obstante, este sistema de agencia se fue diversificando, es decir, también fue dando paso a multiagentes internos que controlan ciertas potestades del Estado. Este acontecimiento vino de la mano de Montesquieau, a quien debemos la estructura de las ramas del poder legislativo, ejecutivo y judicial. Dicha estructura multifacética del poder se separó de una visión monolítica del Estado, entendido este como único agente capaz de controlar la información social, y que ahora está en manos de diferentes potestades. A esto es a lo que Floridi denomina la Westfalia 2.0. Pero, como se entenderá, esta nueva multiagencia ha seguido dilatándose, en especial porque las TIC digitales han dado cabida a la multiplicación de poderes en el marco del control de la información de la sociedad, como lo muestra el gran impacto que tienen los medios de comunicación y las redes digitales en la gobernanza nacional e internacional. Un buen antecedente de estas transformaciones que han surgido es la fundación de instituciones supranacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) –por poner un ejemplo-, que tienen potestades y controles políticos que están más allá de los estados nacionales. Floridi llama a este periodo Poswestfalia, pues este es un momento en el que hay una multiagencia que supera las ínfimas formas de control de la información que tiene el estado nacional, hasta el punto que depende de agentes no gubernamentales como los gigantes del mundo de la información, entre ellos Google, Amazon, Meta, Apple o Microsoft.
Estamos ante una fuerza informativa que ya no es capaz de contener el estado, y parece que hace bastante tiempo ha empezado su definitivo ocaso. Queda igualmente una pregunta en el aire, ¿cuál es el futuro del ciudadano particular ante las instituciones no gubernamentales de las que ahora depende nuestra gobernanza informática?





