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JAVIER IGNACIO NIÑO ASUME LA DECANATURA DE LA ESCUELA DE POLÍTICA Y RELACIONES INTERNACIONALES

Con una amplia y destacada trayectoria en la academia y en organismos internacionales, Javier Ignacio Niño Cubillos será el encargado de liderar la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda.

Javier Ignacio Niño Escuela Política y Relaciones Internacionales

La Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda designó recientemente a Javier Ignacio Niño Cubillos como su nuevo decano. Javier Ignacio es antropólogo y politólogo, especialista en energías renovables de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, España, y en Astriane Didact, Francia. También es especialista en periodismo socio-económico; magíster en Etnología; DEA en Relaciones Internacionales, y Ph.D. en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, de la Universidad Complutense de Madrid, España.

Durante su trayectoria profesional, el nuevo decano ha ocupado importantes cargos en diversas entidades: Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia; la U.S. Agency for International Development, USAID – MSD, y en proyectos financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo – BID; la Organización Internacional del Trabajo – OIT y la Unión Europea, entre otros.

En la academia, ha sido docente universitario de pregrado y posgrado e investigador senior del Centro de Estudios Estadounidenses, de las universidades Nacional de Colombia y de los Andes. Así mismo, es autor de libros y artículos relacionados con temas de ciencia política, relaciones internacionales, etnología y migraciones internacionales contemporáneas.

Con una experiencia de casi dos décadas en la academia, Javier Ignacio recibe la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de La Sergio con el firme propósito de contribuir a la formación integral y al posicionamiento tanto de los estudiantes como de los egresados, con una impronta humanista y con competencias idóneas para afrontar los retos del mundo 4.0.

Su aspiración, además, es aportar al fortalecimiento de la formación doctoral y posdoctoral de los docentes de la Escuela, contribuir a la promoción de estudios del área, gestionar nuevos programas de consultoría y educación continuada, velar por la calidad académica y por la excelencia en investigación de los programas de pregrado y posgrado.

En entrevista con la Dirección de Comunicaciones y Relaciones Institucionales de la Universidad, el decano compartió sus perspectivas respecto del rol de las nuevas tecnologías 4.0 y el humanismo en el ejercicio de los profesionales en Política y RR. II.

¿Desde su perspectiva, cuál ha sido el impacto de la tecnología en el ejercicio de la política y las relaciones internacionales?

La tecnología ha impactado todos los ámbitos de la sociedad. En el campo de la política y las relaciones internacionales hay dos aspectos fundamentales: la falta de acceso a los desarrollos tecnológicos para gran parte de la población mundial y el uso que hacen las personas de la tecnología.

El primero, crea inequidad y representa una brecha en los niveles de progreso entre los Estados y sus poblaciones. Considero que debe haber una gran coordinación de las agencias internacionales, bajo el liderazgo de la Organización de las Naciones Unidas – ONU, para romper estos limitantes y hacer accesibles los avances científicos a todas las personas y elevar sus condiciones de vida.

En muchos países, por ejemplo, un porcentaje de la población no tiene electricidad en sus hogares y no existe interconexión eléctrica en amplias zonas geográficas, a nivel global, lo cual se replica en restricciones para la refrigeración de alimentos y medicamentos, la telefonía móvil o internet, entre otros servicios.

El segundo aspecto, es decir, el uso que hacen las personas de la tecnología demanda la necesidad de crear una cultura digital. Las noticias falsas, la baja calidad de la información masiva y la publicidad engañosa son problemáticas que deben corregirse. Pasa igual con el monopolio de la información que, pese a la abundancia de medios digitales especializados, su accesibilidad es escasa, en gran parte, por los altos costos de los contenidos.

Por supuesto, esto no desconoce las enormes ventajas de la tecnología para hacer más eficiente la toma de decisiones a partir de la inteligencia artificial, el big data o la seguridad blockchain, por ejemplo. Sin duda, se traducen en un eficiente manejo de datos, en la realización de diagnósticos asertivos y el diseño de políticas públicas efectivas.

Respecto a la toma de decisiones políticas, dice el decano, la tecnología permite ampliar los canales de participación ciudadana, como la implementación del voto digital, pero hay que ir más allá de las contiendas electorales, es decir, ampliar su utilización a la veeduría ciudadana, al control de la gestión y las finanzas públicas, y promover iniciativas de comunicación local e, incluso, internacional, por medios virtuales, con temas relevantes como el medio ambiente o los derechos humanos.

¿Cuáles son los retos de los profesionales en Política y RR. II., de cara a la cuarta Revolución Industrial?

Lo expuesto anteriormente le plantea al estudiante y al egresado en Política y Relaciones Internacionales un enorme reto: ser un profesional 4.0, hacer uso de las herramientas tecnológicas que le brinda su formación y, con estas competencias, transformar propositivamente su entorno.

El profesional en Política y RR. II, en primer lugar, se debe contribuir al diseño de políticas pública que garanticen el acceso a la tecnología. Por ejemplo, la pandemia ha expuesto el enorme porcentaje de población infantil que no cuenta con internet y, por ende, con nula posibilidad de acceso a la educación virtual de calidad, mientras las condiciones sanitarias permiten la evolución de la instrucción telemática con la presencialidad.

En segundo lugar, las administraciones públicas deben buscar un uso masivo de la tecnología para mejorar su gestión, gracias a estos avances tecnológicos aplicados a la gobernabilidad.

Por último, se debe formar a los tomadores de decisiones en el análisis de datos, en georreferenciación, en la correlación de indicadores y, sobre todo, en interpretación. De esta manera, estarán en capacidad de realizar diagnósticos con base en herramientas tecnológicas, dar respuestas efectivas a las necesidades de la ciudadanía y hacer prospección de políticas a mediano y largo plazo. Como en el caso de planear el diseño y la construcción de infraestructura y de servicios para aumentar la competitividad de las ciudades o los Estados que administran.

¿Por qué el humanismo es preponderante en la formación de los profesionales de Política y Relaciones Internacionales?

El humanismo debe ser la esencia de toda persona, por ende, su preponderancia en la formación integral que se imparte al profesional en Política y Relaciones Internacionales. Solo en el humanismo puede haber realización humana; debemos partir del respeto a la dignidad y a los derechos fundamentales y que deben ser ejercidos en plena libertad orientada hacia el bien común como parte de una sociedad que se debe construir de manera colectiva y fraterna. Estos principios son los que orientan la enseñanza que debe regir la acción política, los procesos que requiere nuestro país para avanzar hacia el desarrollo de nuestro desempeño profesional.

¿Cuál cree que puede ser el aporte de la academia al fortalecimiento de las instituciones políticas en el país?

La academia es la génesis del pensamiento científico, metodológico y prospectivo de lo que acontece en nuestra sociedad. El modelo epistemológico es la base fundamental para conocer cómo operan las instituciones públicas, cuáles son funciones y alcances. Producto de esta evaluación, saber si son débiles y si necesitan fortalecerse, desde un análisis de la política y las relaciones internacionales. Por ejemplo, a nivel mundial, es evidente la necesidad de robustecer el papel de la Organización de las Naciones Unidas – ONU para que sus acciones pasen de ser propositivas a vinculantes por concesión estatal.

¿Cómo la tecnología puede facilitar la relación entre los ciudadanos y las instituciones?

La ciudadanía debe tener un mayor acceso a la tecnología, al conocimiento de sus aplicaciones y hacer uso cotidiano de sus ventajas. En este sentido, la pandemia ha puesto en evidencia la importancia de la tecnología y la gran cantidad de servicios que ofrece.

En general, las instituciones han avanzado en brindar mayores servicios a la población a través de procesos tecnológicos. Hoy se puede hacer una gran cantidad de trámites gracias a las plataformas digitales públicas; el gobierno en línea permite conocer la gestión gubernamental y faculta la participación ciudadana, pero estos progresos deben llegar al conjunto de los habitantes de un país o a la totalidad de una circunscripción.

En este contexto, se hace necesaria la asociatividad y la conformación de grupos de interés apoyados por las tecnologías. Cada vez más, la ciudadanía debería reunirse en torno a sus necesidades o sus demandas y hacerlas manifiestas a través de las redes sociales.

Los canales de comunicación digital son progresivamente más directos entre autoridades y la ciudadanía, pero en esta interacción, sin caer en la censura, se deben crear manuales de buena conducta pública. Por lo tanto, se requiere de una sociedad civil proactiva que interactúe, debata y promueva decisiones desde la órbita digital, sin dejar de fortalecer la presencialidad ante el Estado, tanto en beneficio de la población como de los segmentos sociales que requieren una mayor atención.

¿Particularmente, qué le apasiona de la política y las relaciones internacionales?

Sin duda, que su experticia nos permite incidir en los cambios sociales. Voy a citar dos experiencias: la primera, fue mientras realizaba mi tesis de pregrado en ciencia política ‘La niñez: un arma más en la guerra’, sin graduarme aún, fui asesor voluntario de UNICEF y logré participar activamente en la Ley 418 de 1997, que eliminó el reclutamiento de menores de 18 años y generó sanciones graves para evitar la vinculación de niñas, niños y adolescentes en los grupos armados al margen de la ley, un delito considerado de lesa humanidad.

Mi segunda experiencia fue 12 años después, gracias a un proyecto financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo – BID, que me permitió diseñar y dirigir una estrategia para formar en educación financiera a la población colombiana en el sur de la Florida, en New York, New Jersey y Connecticut en los Estados Unidos, y en las Comunidades de Madrid y Cataluña, en España.

El proyecto tuvo el objetivo de maximizar las remesas que enviaba la población colombiana en el exterior a sus familias en Colombia, producto de su esfuerzo migratorio. En ese momento, la satisfacción que sentí me motivó a estudiar el doctorado en Relaciones Internacionales sobre la dinámica de las migraciones contemporáneas en la Unión Europea.

Estas experiencias demuestran la estrecha relación entre Política y Relaciones Internacionales, como lo vivencia el nombre de nuestra Escuela, porque en esta época de globalización no se puede comprender ningún fenómeno social sin realizar un análisis interméstico.

Usted es antropólogo, experto en migraciones y en política internacional, y ha trabajado con comunidades indígenas. ¿Cómo ha sido este diálogo disciplinar y qué le ha reportado?

El estudio de lo humano es multidisciplinar. No se puede comprender nuestra naturaleza sin el diálogo de las diversas disciplinas y saberes, incluso, las tradicionales. Mi formación la inicié en las artes plásticas –una parte de mi tiempo la dedico a la pintura de paisajes al óleo–. Luego estudié Derecho público, que es mi área de concentración en ciencia política y realicé doble programa con antropología y la opción en estudios latinoamericanos.

Posteriormente, gracias a una beca del Ministerio de Educación y Cultura de España, hice una especialización en periodismo económico, porque considero fundamental incluir la variable económica en los análisis, así como el registro de la realidad que hacen los medios de comunicación y su impacto en la percepción y la acción pública.

Vivir en el exterior y tener la posibilidad de ampliar el conocimiento que genera viajar y conocer otra sociedad también contribuye a proyectar nuestra mente. Pude ver, desde la diferencia cultural, la complejidad de la interacción social, siendo Israel el lugar que me ha ofrecido mayores enseñanzas.

De este modo, visitar y recorrer diversos lugares me ha permitido ampliar mis conocimientos, que solo han sido guiados por el interés constante de aprender, como lo expresa el inscribirme en una maestría en Etnología y a una especialización en energías renovables cursada en Marsella y Valladolid, España.

Este ánimo de conocer otras culturas me ha permitido vivir y trabajar en varios países, pero también conocer en profundidad a Colombia. Esto, gracias a que fui consultor para grupos étnicos de la agencia de cooperación de los Estados Unidos, USAID, en donde propuse mejoras de vida para la población Ticuna, en el Amazonas, a lo largo del litoral Pacífico y en San Basilio de Palenque, en donde aún persisten formas de interacción social del África meridional previas al siglo XVII, de una sabiduría que aún desconoce el mundo occidental.

Mis experiencias de vida me han enseñado que la vida misma es equilibrio,
que las palabras tienen fuerza y que los mayores aprendizajes
nacen de observar en silencio la naturaleza.

¿Qué puede destacar como gratificante en su trayectoria?

Haber obtenido el premio de Investigador Senior del Centro de Estudios Estadounidenses en 2014. Un reconocimiento a mi estudio permanente de las migraciones internacionales contemporáneas, por cierto, un tema de enorme interés en Colombia y en muchos países.

También me enorgullece el libro de mi autoría que analiza el posconflicto con once oficiales de la Policía Nacional de Colombia, hoy todos generales, que tuvieron estancias de cooperación internacional en El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Perú, Haití –luego de Francois Duvalier–, Afganistán, España (ETA), Irlanda (IRA), República Democrática del Congo, República Centro Africana y Sudán del Sur.

¿Qué literatura recomienda para entender la evolución de la política y su reconfiguración por cuenta de la tecnología?

1. The Game of Votes, Visual Media Politics and Elections in the Digital Era (2019), del profesor Farhat Basir Khan. Este libro explica el ascenso al poder de Modi en India y su reelección en 2019. Es un texto aleccionador sobre la evolución de la comunicación política, gracias a la tecnología a nivel mundial.

2. Russian Roulette, The Inside Story of Putin’s War on America and the Election of Donald Trump (2018) de Michael Isikoff y David Corn. Esta obra hace una crítica mordaz a las campañas electorales en Estados Unidos; destaca la pérdida de valores y la supremacía del dinero en las campañas políticas. Lo cito porque hace un excelente análisis por la repercusión en la campaña presidencial de 2016, producto del ataque a los correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata.

3. The People Vs Tech: How the internet is killing democracy (and how we save it) (2018), del periodista británico Jamie Bartlett, quien analiza los riesgos que se derivan de la aceptación incondicional de la tecnología y cómo puede ser una amenaza para la democracia. Según él, limita la capacidad crítica, debilita la sociedad civil y restringe la libertad. Fue escrito antes de la pandemia, situación que le ha dado una gran preponderancia a los desarrollos tecnológicos y su aplicación en la vida diaria.

4. Vida 3.0 (2017) del profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Max Tegmark. Este libro es un análisis de cómo el Estado, la justicia, la sociedad, el trabajo y, en general, la existencia humana, van a ser transformados de manera sorprendente por la tecnología, en particular, por la inteligencia artificial.

5. Factfulness. Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo, de Hans Rosling (ya fallecido) y traducido al castellano por Jorge Paredes en 2018. Este es un libro esperanzador, no es sobre tecnología, pero tiene una enseñanza que compartimos en el proyecto educativo de la Escuela de Política y Relaciones internacionales. Es la evidencia científica como base del análisis y la toma de decisiones, gracias a la tecnología actual. Su autor obtiene indicadores que desmitifican las percepciones y demuestra, con datos de fuentes muy rigurosas, que como humanidad estamos avanzando hacia un mundo mejor.


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