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RODRIGO NARANJO VALLEJO, EL SABIO DE LA GRAMÁTICA Y EL MAESTRO DE LA SENCILLEZ

La Universidad Sergio Arboleda lamenta profundamente la partida de Rodrigo Naranjo Vallejo, un humanista, un académico íntegro y un maestro que, a lo largo de décadas de docencia, cultivó el cariño y admiración de varias generaciones Sergistas.

Rodrigo Naranjo Vallejo Universidad Sergio Arboleda

Rodrigo Naranjo Vallejo “no hablaba ni un solo idioma”. Era lo que solía decir. Sin embargo, quienes tuvieron la oportunidad de asistir a sus clases no solo aprendían de gramática, sino que las lecciones de este abogado risaraldense los introducían al griego, al latín, al alemán, al italiano y al hebreo, entre otros.

“Como nunca decía nada de sí mismo, me tocó hacer la cuenta de las lenguas que conocía… y la cuenta pasaba de 17”, recuerda hoy Rafael Durán Mantilla, quien fue su discípulo, colega y amigo. Precisamente, fue él quien recomendó a Rodrigo Naranjo cuando el entonces rector de la Universidad Sergio Arboleda, Rodrigo Noguera Laborde, emprendió la búsqueda de un profesor experto en latín y griego.

“En el acto le hablé de mi maestro y a la siguiente semana ya estaba vinculado a la Escuela Mayor de Derecho. El doctor Noguera Laborde lo apreció como era debido y un día me dijo que lo mejor que yo había hecho en La Sergio era haber llevado al doctor Naranjo”, recuerda el profesor Durán Mantilla. Corría, entonces, el mes de enero de 1994.

“Fue un ser maravilloso, un profesor magnífico, dedicado a sus estudiantes y muy culto. Dominaba varios idiomas, era un excelente gramático, cultor, protector de la lengua española. Una sencillez impecable. Sus estudiantes lo adoraban”, señala por su parte, José María del Castillo, vicerrector de Gestión Académica de la Universidad Sergio Arboleda.

Leonardo Espinosa Quintero, actual decano ejecutivo de la Escuela Mayor de Derecho, todavía recuerda sus encuentros diarios a las 6:30 a.m., cuando iniciaban las labores académicas en la Institución, que estaban marcadas por fulgurantes conversaciones con Rodrigo Noguera Laborde.

“Lo que más recuerdo es su espontánea sencillez y su sabiduría. Un hombre de extraordinaria modestia. Conversar con él, siempre fue una lección de vida. De gran profundidad en los conceptos que explicaba ante una pregunta sobre cualesquiera de los múltiples temas que manejaba con gran fluidez: la raíz de una palabra, la explicación de un acontecimiento histórico, el legado de un filósofo, la obra maestra de un artista o de un connotado autor. No había tema que escapara a su gran cultura”, explica Espinosa Quintero.

Rodrigo Naranjo Vallejo -experto, además, en filosofía del lenguaje- nació un sábado 10 de enero de 1931, en el hogar de Lázaro Naranjo Echeverry y Clara Vallejo Bernal, ubicado a más de 1500 metros de altura, más exactamente en el departamento de Risaralda. Años más tarde viajaría a Bogotá para cursar sus estudios de Derecho en la Universidad La Gran Colombia, donde también se especializaría en Derecho Comercial.

“Me enseñó el gran tesoro que es la sencillez y una vida modesta. Nunca fue amigo de lujos, adulaciones, honores, exaltaciones. Solo lo apasionó la cultura y la docencia, con la sola pretensión de realizar un trabajo silencioso, pero por todos reconocido y admirado”, agrega Leonardo Espinosa Quintero.

Su amigo y discípulo, Rafael Durán Mantilla, a quien le impartió clases de latín y griego, de manera ininterrumpida durante los últimos 28 años, nunca se cansó de admirar inagotable sabiduría. La última lección la recibió apenas la semana pasada.

“No era sólo su inteligencia, era la nobleza de su corazón, que inspiraba, tan pronto uno lo oía, un respetuoso cariño. Se me ha ido mi profesor, mi maestro, mi mejor amigo de los últimos años y alguien que fue, de alguna manera, como un padre para mí. Doctor Rodrigo, ya usted estará gozando de Dios y se habrá encontrado con San Jerónimo, quien lo estaba aguardando a las puertas del Paraíso. Saludos a Ana Catarina Emerick y, por favor, me aparta un lugar para el día en que nos volvamos a encontrar, si Dios tiene misericordia, ¡que sí que la tiene e infinita!, de este su desolado aprendiz y amigo”, fueron las palabras que dedicó el profesor Durán Mantilla a quien consideró un sabio desde el primer momento que lo escuchó hablar, en 1992.

Descanse en paz, querido maestro. Sus enseñanzas vivirán por siempre en el corazón de la Comunidad Sergista.

Un último adiós

En redes sociales, varios egresados han enviado un último mensaje a quien fuera uno de los profesores más queridos.

“Gratitud eterna, doctor Rodrigo, por todo cuanto aprendí de usted, en asuntos de latines, gramática, ortografía, derecho y valores. Que Dios lo tenga en su gloria”

Jorge Valencia Cuéllar.

“Cuando las enseñanzas fueron tan profundas las personas no mueren. Paz en su tumba al Dr. Naranjo por quién siempre sentiré una profunda admiración y respeto”

Paola Andrea Falla Pardo.

“Maestro, gracias por sus enseñanzas y forma de tratar a las personas. Además de los conocimientos transmitidos en el derecho civil nos enseñó a ser buenos profesionales y seres humanos”

Oscar Mauricio Hernández Rojas.

“Pocos pueden darse el lujo de tener un verdadero maestro en sus vidas, quienes fuimos bendecidos siendo sus alumnos sabemos lo valioso de sus enseñanzas que se quedarán siempre entre nosotros”

Lorena Segura.

“Un erudito y políglota… De aquellos que ya no hay. Descanse en paz Maestro”

Ricardo Andrés Mora

“Gracias Dr. Naranjo. Sus enseñanzas hacen parte de la base fundamental de mi formación profesional. Buen viaje Maestro”

Andrés Fernando Gómez Castrillón

“Solo gratitud y admiración, gran testimonio de amor a la docencia y de sabiduría auténtica”

Ana Maria Lorduy

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