Por: Francisco José Tamayo Collins.

Recuerdo que llegué a La Sergio, como estudiante, en julio de 1996, después de haber visitado las diferentes facultades de Filosofía que existían en Bogotá en ese momento, con el propósito de estudiar mi segunda carrera, pues ya tenía mi título de Publicista. La entrevista me la hicieron esa misma tarde y duró como tres horas. Venía a preguntar por el plan de estudios y terminé matriculado.

La Sergio de esa época era una familia; se respiraba humanismo en cada rincón. La verdad, era un punto de encuentro de la libertad, la calidad educativa y la decencia personal. Me gradué como Licenciado en Filosofía y Humanidades en diciembre de 2001 y empecé mi labor docente en enero del 2004, como catedrático. Desde marzo de 2017 soy docente de tiempo completo, es decir, llevo 18 años ininterrumpidos como profesor Sergista y más de 26 años de mi vida vinculado a esta Institución.

Mi primer día como docente fue una experiencia excepcional, en lo personal y en lo profesional, pues tuve la fortuna de ser recibido por mis maestros, como colega. Viví un flashback muy emotivo, pero esta vez era yo quien estaba delante de los estudiantes: fue una enorme responsabilidad. De igual modo, pude ser parte de un momento muy especial de la Escuela de Filosofía y Humanidades, pues en esa época empezaron los procesos de acreditación de nuestros programas, los cuales continúan con el aval del Consejo Nacional de Acreditación como programas con reconocida excelencia académica.

Durante estos años, he vivido diferentes momentos en La Sergio que me han marcado. Como estudiante, tener a los mejores profesores que alguien pueda imaginar y ver el desarrollo físico del campus; como docente, cuando he podido transmitir pasión a mis estudiantes por los contenidos de las asignaturas que he tenido a cargo, la puesta en marcha del programa radial, hoy podcast “Voces en la Periferia”, que se encuentra al aire desde 2014, y el día en el que recibí el premio a la Excelencia Sergista en 2019, categoría Docente; y como egresado, la celebración de los 25 años de la Universidad en 2009, una fiesta inolvidable que tuvo como escenario El Pórtico.

Lo que más resalto de ser docente de esta Casa de Estudios es la posibilidad de enseñar con libertad, compartir ideas con respeto y rigor argumentativo, valorar la cultura de cada persona y aprender todos los días. Las diferentes asignaturas del área de Literatura que he podido compartir con mis estudiantes, me han dado enormes momentos de felicidad pedagógica y profesional; en especial, la Literatura Antigua y Medieval, y la Literatura Hispanoamericana y Colombiana, materias que me deleitan en lo más íntimo del alma.

Resultado del tiempo que llevo en la Institución, he visto cambios sociales que se reflejan vivamente en los salones de clase: desde el nacimiento de las redes sociales hasta la pospandemia, con las implicaciones que estas circunstancias han provocado en las personas y sus familias.

Sin duda, sé que un profesional Sergista se destaca por el gusto por lo que hace, el compromiso con su proyecto de vida familiar y empresarial, y el amor por las humanidades. Ser Sergista significa ser una persona abierta al conocimiento y al mundo.

Es por esta razón que recuerdo a muchos egresados, quienes, además, todavía están en contacto conmigo, a través de las redes sociales. Para mí, ha sido honroso ver la manera como hombres y mujeres que he tenido el honor de ayudar a formar como profesionales, hoy día se destacan con tanta calidad, dentro y fuera de Colombia.

Espero que quienes han sido mis alumnos me recuerden como un hombre decente, que supo compartir con ellos lo poco que sabía y que despertó en sus vidas la curiosidad por aprender y poner en práctica esos conocimientos. Pero lo más importante, por favor, como un ser humano que siempre los invitó a seguir el sabio consejo de Montaigne: hacer todo lo posible por viajar, hablar con personas cultas y leer con provecho.


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