En 2021, La Sergio dijo sí a la convocatoria “Ideas para el cambio – construcción social del conocimiento para la gestión del cambio climático”. En esta iniciativa del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias), se plantearon retos socioambientales a los que se enfrentan comunidades en Colombia.

La Universidad Sergio Arboleda presentó su propuesta “De residuo a recurso: estrategia de economía circular para el manejo de residuos sólidos con enfoque participativo comunitario”, y esta fue seleccionada para dar respuesta al reto “Armonía en el Territorio Sagrado”, en el que se trabaja en una solución para aprovechar residuos sólidos de manera sostenible en las comunidades céntricas del resguardo indígena Kankuamo, en Valledupar.

En este contexto, Cindy Fajardo, Víctor Torres, Jeysson Sánchez y Andrés Muñoz, conforman el grupo de docentes investigadores que está ejecutando el proyecto. Los docentes hacen parte del programa de Ingeniería Ambiental de la Universidad Sergio Arboleda y del Instituto de Estudios y Servicios Ambientales – IDEASA. Así mismo, el proyecto cuenta con la participación de seis estudiantes de pregrado que hacen parte de los Semilleros de Investigación del Instituto. Hay que decir que la Asociación de Usuarios de los Servicios Públicos de las Comunidades Céntricas del Resguardo Indígena Kankuamo (ACCRIK), representa las cuatro veredas de la comunidad como actores dentro del proyecto.

Durante los meses de febrero y mayo, se desarrollaron los primeros dos trabajos de campo, en los que docentes y estudiantes tuvieron la oportunidad de reconocer el territorio, entablar lazos de confianza con la comunidad y caracterizar las condiciones socioeconómicas y ambientales del área de estudio. Dentro de las actividades que se llevaron a cabo, se resaltan mesas de trabajo con líderes de la comunidad, la aplicación de encuestas en gestión de residuos sólidos, y los recorridos comunitarios en las cuatro veredas. De igual forma, se ha trabajado con los estudiantes de las escuelas de estas veredas, con procesos de sensibilización ambiental.

Respecto al desarrollo del proyecto, Andrés Muñoz, líder de la investigación, destaca que “la comunidad ha demostrado mucho interés y ha participado activamente, en particular, porque la problemática frente al manejo de residuos sólidos se ha mantenido durante años. Al finalizar el proyecto, se contará con soluciones científico-tecnológicas implementadas y funcionales en el territorio. En su ejecución interactúan las comunidades, el Gobierno y la academia, lo cual es clave para enfrentarnos a los retos a nivel país, en particular, los relacionados con conflictos socioambientales en comunidades vulnerables”.

Alejandro Lopera, estudiante de último semestre del programa de Ingeniería Ambiental, quien llevó a cabo su tesis de grado en torno al aprovechamiento de residuos orgánicos, en cuanto al trabajo en territorio, precisa que “el cuidado del medio ambiente, la creación de valor compartido y el desarrollo sostenible son el punto en común que compartimos y la razón fundamental del proyecto. La agroecología, la economía circular y el desarrollo sostenible a lo largo de mi formación profesional han sido temas de gran interés, por lo que es gratificante desde la ingeniería ambiental aplicar ese conocimiento, en aras de mejorar las condiciones socioambientales de las comunidades”.

Por su parte, Valentina Miranda, estudiante de Ingeniería Ambiental, quien está desarrollando su proyecto de grado en torno a la implementación de tecnologías para el aprovechamiento de plástico, también expone su opinión: “Me enfrenté a un contexto diferente y me adentré en la dinámica social y cultural de los indígenas Kankuamo, lo que me llevó a evidenciar cómo, aún con el pasar del tiempo, las costumbres siguen arraigadas”. En este sentido, es importante resaltar que la participación de estudiantes, docentes y líderes de la comunidad favorece la gestión y apropiación del conocimiento en ambas vías.

El proyecto “De residuo a recurso” continuará su desarrollo durante los próximos meses, en los cuales se identificarán las soluciones más viables para el aprovechamiento de residuos orgánicos en las comunidades, y se llevarán a cabo procesos de adopción tecnológica por parte de los líderes comunitarios. Para ello se proyectan otros tres trabajos de campo, en los que se implementarán en territorio tecnologías como el lombricompostaje y maquinaria para la transformación de residuos plásticos.


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