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COVID-19: OPORTUNIDADES EN MEDIO DE LA CRISIS

María Clara Ávila, decana asociada de la Escuela de Economía de la Universidad Sergio Arboleda, analiza la situación del país y señala los retos de los economistas en la sociedad post COVID.

Maria Clara Avila Universidad Sergio Arboleda Escuela de Economía

Por: María Clara Ávila Barragán
Decana asociada Escuela de Economía

En la crisis que afronta la humanidad, Colombia ha tenido una serie de debilidades a nivel económico tales como la informalidad, la inequidad en la distribución de los ingresos, la precaria organización del territorio y la fragilidad en el sector de los servicios sociales. Pero también ha mostrado fortaleza en la capacidad de producción del sector agropecuario, en la adaptabilidad del sector industrial y en el espíritu emprendedor de sus habitantes. Las oportunidades pueden nacer de las fortalezas o de las debilidades.

Así, el sector agropecuario parece estar exento de los choques económicos y sociales de esta crisis. Sin embargo, los trabajadores de este gremio afrontaron dificultades para encontrar canales de distribución, que los acercara al consumidor final. No obstante, esto se solucionó gracias a las plataformas tecnológicas, que hicieron posible que los hogares encontraran productos frescos en la puerta de su casa.

Participar activamente en la construcción de las nuevas cadenas productivas, buscando que sean los productores quienes reciban la mayor parte (90%) del precio de venta y que la cadena de intermediación sea eficiente, es una oportunidad para que los economistas empiecen a construir una nueva forma de realizar el intercambio comercial y vuelvan a mirar los modelos de las ventajas comparativas, la frontera de posibilidades de producción, e inclusive, las leyes que rigen al mercado como la de oferta y demanda.

Con relación a la industria, y en línea con el Ministro de Industria y Comercio, es el momento para iniciar un proceso de sustitución de importaciones con el fin de reconstruir el tejido productivo de manufactura en el país. Los economistas van a encontrar un espacio para hacer análisis sectorial, utilizando como herramienta fundamental la microeconomía en los modelos de equilibrio general y un software especializado. De esta forma, podrán liderar la decisión de definir hacia qué subsectores industriales se debe dirigir la inversión, cómo se debe financiar y cuál será el impacto en variables macroeconómicas como el crecimiento económico, la inflación y la generación de empleo formal.

El espíritu emprendedor del colombiano es otra oportunidad para los economistas. Cuando el joven se convierte en el generador de su propio empleo, nace el cambio de la estructura productiva del país. Es en el emprendimiento la fuente de nueva fuerza para atreverse a pensar diferente, a hacer las mismas cosas con nuevos enfoques y, sobre todo, es la ocasión para que Colombia aproveche la Cuarta Revolución Industrial, proceso en el que la tecnología está al servicio del bienestar de la sociedad.

No obstante, es con un enfoque humanista como el economista podrá sacar ventaja de estas circunstancias, proponiendo nuevas formas de relación en torno al consumo, la producción y el comercio. Formas en las que se privilegie el beneficio social y no el privado, en las que prime la colaboración en vez del individualismo. Es tarea de los economistas evidenciar que es a través de sociedades con las mismas oportunidades para acceder a la educación, la salud, la vivienda y los servicios públicos, como se puede lograr construir el país del futuro.

Por último, es fundamental seguir entendiendo las dinámicas de los agentes económicos en el territorio. Los economistas deberán participar en la discusión del ordenamiento urbano, procurando que las condiciones de vida de los habitantes de las ciudades cuenten con mejor calidad del aire, un consumo mínimo vital de agua y con menos distancia para desplazarse desde el trabajo a su hogar. Es gracias a los estudios en el planeamiento de la actividad económica dentro de la ciudad, y entre ciudades, como el economista contribuye a la proyección del país, entendiendo las dinámicas de un mundo conectado por el aire, el agua y la tierra.


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