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MÚSICO SERGISTA PRESENTE EN FORMACIÓN DEL TALENTO MUSICAL DE NIÑOS COLOMBIANOS

El trompetista John Alexander Guerrero es codirector del proyecto de sus sueños: Albor Big Band, agrupación de la Universidad Sergio Arboleda.

John Guerrero Egresado Escuela de Artes y Musica Universidad Sergio Arboleda

John Alexander Guerrero es un hombre que representa fielmente el significado de la palabra contrastes. Es egresado de la Escuela de Artes y Música de la Universidad Sergio Arboleda, trompetista profesional y un apasionado por la música, el boxeo y la docencia. Todos los días, desde que sale el Sol, se entrega a sesiones de puño limpio como parte de su rutina de entrenamiento, más tarde, se quita los guantes e imparte clases a niños de amplio talento musical, como codirector de una Big Band Juvenil y en la noche, se codea con orquestas y músicos de la escena jazzera colombiana, bien sea en estudios de grabación o en festivales como el de Salsa al Parque, Pacific Jazz o el Festival de Jazz de Pamplona.

La docencia

John Alexander vive en Cúcuta desde hace algunos meses y desde allí funge como docente en la facultad donde estudió. En su paso por La Sergio, logró transformar su necesidad de transmitir la misma pasión que tiene por el jazz en un gran proyecto: fundando y desempeñando el papel de codirector de Albor Big Band, la agrupación juvenil de jazz de la Escuela de Artes y Música de la Universidad, conformada por jóvenes convocados de varias regiones del país, con grandes habilidades y mucho potencial para la música.

“No recuerdo tomar la decisión de dedicarme a la docencia, pero fue algo que siempre se me dio, cada vez que volvía a Cúcuta, regresaba a mi Escuela, la Orquesta Sinfónica Juvenil de Cúcuta y trataba de compartir lo que había aprendido. Tenía ese afán de enseñar, y es algo que siempre ha estado en mí, creo que sucedió naturalmente”, precisó.

Este docente Sergista considera que su experiencia como trompetista es todo un reto, debido a la exigencia de su carrera, por ello debe mantenerse al nivel necesario y buscar espacios para presentar su trabajo, en este caso, agrupaciones, establecimientos y festivales. A propósito de su trayectoria, destaca su participación en eventos como Salsa al Parque, Pacific Jazz Festival, Tolijazz, Sevijazz, Festival de Jazz de Pamplona y Festival de Jazz de Comfenalco en Cartagena. También ha sido, en varias ocasiones, músico de sesión (grabación), en proyectos como Som Caney, Tricófero de Barro y María Linares, entre otros.

De la Universidad tiene varios gratos recuerdos, como el día de su graduación. “Me gradué con honores, y cuando me encontré con mis papás les entregué el diploma, les puse la toga y el sombrero, y les dije ¡Gracias, nos graduamos! Sin ellos no habría podido lograrlo”.

El trompetista asegura sentirse también agradecido con la Universidad Sergio Arboleda porque le permitió crear Albor Big Band. Este proyecto le abre espacios valiosos para encontrarse con lecciones de vida y explorar su lado como mentor. Recuerda con cariño una experiencia que tuvo con una de sus estudiantes más jóvenes, una trompetista de 9 años, que le demostró que su profesión se trata de hacer música honesta, sin dejar de creer en sí mismos, confiando en el arte y en el amor que se tiene por lo que hacen.

“Recuerdo que le pregunté sobre qué quería hacer cuando fuera músico profesional y me dijo ‘profe, yo ya soy músico’, ¡quedé sorprendido!”.

El boxeo y el jazz

No hay duda que John Alexander Guerrero es, en efecto, un hombre de contrastes. Con total certeza afirma necesitar del equilibrio entre el caos y la calma para mantener el control de su vida y esa búsqueda de la felicidad. Además de la música, el boxeo es su dosis diaria para “sacar todo lo que le atormenta”. Recuerda que el boxeo se le presentó en uno de los pasajes de su niñez, cuando quedó fascinado con una portada de la revista Shock, donde salía el campeón del cuadrilátero del momento, Muhammad Ali.

“Hace cuatro años pasaba por el peor momento para mi salud mental. Fui diagnosticado con depresión y ansiedad y el boxeo me volvió una persona más estratega, disciplinada y equilibrada”. De modo coincidente, su historia tiene varias semejanzas con la del trompetista y compositor Miles Davis, quien por un largo periodo de su carrera fue adicto a la heroína y el boxeo hizo parte del tratamiento que lo salvó. Es así como parte de la motivación para continuar con la música se la debe a varios nombres, como el de su primer maestro Rafael Pineda; el carismático “Satchmo”, Louis Armstrong; el saxofonista y compositor Plutarco Guío, y la trompetista francocanadiense, Rachel Therrien.

En el momento en el que decidió dedicarse a la música y a la enseñanza, aseguró que lo hizo como resultado del amor, incluso, no recuerda haberse fijado en las dificultades que representa hacer y enseñar arte. Señala que se siente feliz de no percibir lo que hace como un trabajo, pues tiene interés en seguir siendo maestro, vocación que le apasiona en todos los sentidos. Para Jhon Alexander, no hay nada más loable que servir en función del aprendizaje, de sus estudiantes y de pasar su vida “haciendo música bonita y ayudando a otros a hacerla”.

“La Sergio me formó para ser músico, pero también para ser un mejor ser humano y me apoyó para crear el proyecto de mis sueños. Entonces… ¡cómo no estar orgulloso de ella, si es el lugar de las oportunidades!”. La Sergio fortaleció mi deseo de ayudar a los demás, me enseñó que todos merecen una oportunidad, yo la tuve y quisiera devolver el favor”, precisó.


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