
En los últimos días, el profesor Joya se ha destacado por su activa labor en la comunicación pública de la ciencia, participando como experto en algunos de los medios de comunicación más relevantes de Colombia y la región. Su análisis sobre el programa Artemis y el futuro de la exploración espacial ha sido difundido en NTN24, Noticias Uno, CityTV, Caracol Noticias, Revista Semana —con un artículo para su edición digital y próxima publicación impresa—, así como en Canal Noticias DirecTV Argentina, Colmundo Radio y Cendera Noticias, consolidando su papel como una de las voces académicas nacionales en la divulgación de la ciencia y la astronomía.
Cuéntenos un poco de qué trata Artemis y por qué es importante para la humanidad que se lleve a cabo este proyecto actualmente.
Bueno, en el ser humano es innato explorar qué hay a la vuelta de la casa, en el barrio o más allá de la montaña. Esto nos ha llevado, a lo largo de los últimos 200 años, a explorar la Luna de una forma que implicaba ir a tocarla. Por eso se desarrolló toda la ingeniería, junto con las demás ciencias, oficios y profesiones necesarias para lograr esa gran hazaña, esa gran expedición espacial.
El ser humano continúa en este camino porque, tanto para Colombia como para el mundo, es importante: inspira a muchas personas a seguir trabajando en la ciencia. Gracias a ello se obtienen los resultados exitosos que estamos viendo. Es un trabajo que, aunque está liderado por Estados Unidos, cuenta con colaboración internacional, especialmente de la Agencia Espacial Europea y de muchísimos colombianos que trabajan en diferentes áreas, desde el derecho hasta el diseño de motores del cohete SLS o el desarrollo de trajes espaciales. Es decir, Colombia también ha puesto su granito de arena.
Este fin de semana se habló mucho de Artemis II. ¿En qué consistió esta segunda misión? ¿Cuántas son y cuánto dura esta?
La primera gran misión humana fue el programa Apolo, entre 1969 y 1972, cuando se realizaron varias expediciones a nuestro satélite. Aproximadamente 50 años después se retoma la necesidad de explorar la Luna. El objetivo de esta misión, la número dos, es orbitar alrededor de nuestro satélite.
Se busca probar la nueva cápsula, llamada Orión, para verificar si en uno o dos años será posible volver a posarse sobre la Luna y cumplir la misión general del programa Artemis: establecer una presencia humana en el polo sur lunar. Esto podría desarrollarse en dos o tres misiones adicionales.
Últimamente se ha tergiversado un poco el tema de los métodos, las formas y las naves para llegar. Ha habido intercambios en las líneas de trabajo y en las estrategias de llegada, pero seguramente conducirán con éxito al regreso humano a la Luna.
¿Cuáles son las principales diferencias de esta misión con Apolo, considerando que hay menos financiamiento que en esa época?
Tenemos 50 años de desarrollo tecnológico en muchas áreas. Tal vez no se han requerido las enormes inversiones de entonces, pero las nuevas tecnologías permiten mayor eficiencia: sistemas más robustos, menor peso y comunicaciones más ágiles que ocupan menos espacio, lo que brinda mayor habitabilidad para los astronautas.
También contamos con motores ya probados; no se están inventando desde cero. Hoy es posible trabajar con materiales más livianos y resistentes, lo que abarata muchos procesos.
Las nuevas tecnologías están haciendo posible esta misión. Además, durante décadas no existía el mismo impulso político por demostrar supremacía tecnológica entre países. Ahora la ciencia ha abierto espacios de cooperación internacional y por eso se trabaja con múltiples naciones.
Esta misión dos es apenas rodear la Luna, ¿cierto?
Sí, solamente consiste en realizar una trayectoria alrededor de la Luna, un viaje de ida y vuelta para probar la nave y verificar su funcionamiento de cara a futuras misiones. Básicamente, esa es la función de esta etapa del programa Artemis.
¿Ya existe una fecha prevista para el alunizaje?
Se habla aproximadamente del año 2028. Se está siguiendo un proceso similar al de hace décadas: primero enviar una cápsula para ir y volver, luego un acercamiento progresivo a la superficie lunar. Sin embargo, ahora será más sencillo y con menos módulos y partes.
Esto reduce la necesidad de tantos viajes de prueba. Antes de Artemis II, el cohete se probó hace dos años y medio con la cápsula, que viajó hasta la Luna y regresó sin humanos, únicamente con maniquíes. Previamente también se realizaron pruebas alrededor de la atmósfera terrestre, incluyendo el lanzamiento del cohete y el sistema de reingreso de la cápsula.
¿Hay algún dato que lo emocione o le parezca especialmente curioso sobre Artemis II?
Para nosotros fue sorprendente ver nuevamente humanos dentro de la cápsula. Quienes seguimos de cerca la astronáutica estamos acostumbrados a estos procesos, pero el hecho de tener tripulación humana lo cambia todo. Por eso ha sido tan interesante y motivante seguir esta misión.
Hablemos del papel de la Universidad Sergio Arboleda y del observatorio. ¿Cómo conecta Artemis II con los proyectos que se desarrollan aquí?
La universidad aborda estos temas de manera transversal, tanto en investigación como en divulgación. Desde la Escuela de Ciencias Exactas e Ingeniería, profesores, investigadores y estudiantes utilizan el observatorio como punto de referencia para desarrollar proyectos relacionados.
También contamos con el semillero de investigación Saros, lo que implica brindar información, contactos con colombianos en el exterior y espacios de intercambio académico. La universidad transversaliza estos temas hacia otras escuelas.
Existe, por ejemplo, una asignatura electiva de música, ciencia y astronomía, además de apoyo a programas de comunicación social, periodismo, criminalística, finanzas y posgrados, donde estos temas resultan relevantes porque reflejan la proyección del ser humano hacia el espacio.
Aunque no estemos subiéndonos directamente a una nave, sí estamos motivando a muchas personas a integrarse a la nueva economía espacial, que actualmente mueve grandes recursos a nivel mundial.
Usted mencionó el papel de Colombia desde el derecho espacial y otras áreas. ¿Qué labores destacaría de los colombianos en estas misiones?
Siempre se dice que uno avanza sobre el trabajo de quienes lo antecedieron. Podemos citar a Rosendo Naranjo, quien trabajó durante las misiones Apolo en sistemas de acople entre naves de Estados Unidos y Rusia vinculado a desarrollos de acople internacional en la era Apollo-Soyuz.
También está el software Copernicus utilizado por la NASA, en donde el ingeniero César Ocampo, exdecano de ingeniería de esta universidad y exdirector de Colciencias, participó en el desarrollo de herramientas de diseño de trayectorias.
Podemos mencionar igualmente al ingeniero Jaime Forero, quien ha trabajado con tripulaciones internacionales de astronautas; a la geóloga planetaria Adriana Ocampo, investigadora en la geología planetaria y exploración del sistema solar; y a Iván Ramírez Atehortúa, ingeniero que ha trabajado en componentes de motores de cohetes, tanto del transbordador espacial como del actual SLS en Boeing.
Recientemente, ingenieras colombianas han participado recientemente en procesos asociados al diseño de trajes espaciales. Y, por supuesto, hay muchos otros colombianos involucrados cuyos aportes también han sido fundamentales.
Y hablando de divulgación, ¿cómo cree que los medios han abordado el tema?
Los medios están haciendo un esfuerzo importante por divulgar y explicar este proyecto, que es una realidad comprobable y no una ficción cinematográfica. Todas las agencias espaciales del mundo están siguiendo y verificando estos avances.
Ya no hay espacio para teorías conspirativas. También debemos entender que nuestros países aún no tienen una tradición sólida en divulgación científica y tecnológica dentro de los medios, por lo que no podemos ser excesivamente estrictos. Lo importante es que cada vez más personas conozcan estos temas y, en el futuro, puedan conversarlos y compartirlos.
¿Qué le diría a un joven en Colombia interesado en el espacio?
Los jóvenes y niños que visitan el observatorio son profundamente curiosos. Ellos mismos impulsan a investigar más y a responder preguntas nuevas e importantes.
Ver las cosas desde otra perspectiva es fundamental. Muchos han encontrado en ciudades y municipios agrupaciones que los acercan a estos temas, mientras otros han tenido la oportunidad de viajar, aprender y regresar a compartir ese conocimiento.
Hay que perseguir aquello que cada persona sueña y le apasiona. Puede sonar común, pero es una realidad: es una forma de realizarse, ser feliz y también encontrar un sustento económico.
Para finalizar, ¿por qué vale la pena seguir mirando al cielo en medio de la policrisis que vive la Tierra?
La inquietud humana siempre ha sido enorme. Decirle a alguien que no explore es imposible: incluso en medio de problemas, las personas mantienen la curiosidad.
Millones de personas trabajan hoy en ciencia y tecnología intentando cumplir metas y generar resultados en múltiples áreas: medicina, música, astronáutica, entre muchas otras.
Es esperanzador. Llevamos más de 5.000 años creando cosas que aún en el siglo XXI nos sorprenden y nos hacen preguntar cómo fueron posibles. Como decía Carl Sagan, la ciencia es una pequeña luz en medio de la oscuridad, una vela que nos da esperanza y motiva a persistir y trabajar juntos.

