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“EL DERECHO ES UNA CATEGORÍA ESENCIALMENTE HUMANA”: LUIS GUILLERMO GUERRERO, NUEVO DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE DERECHO PÚBLICO DE LA SERGIO

El nuevo académico Sergista se vincula a la Universidad, tras una destacada trayectoria en la Corte Constitucional, que le mereció el reconocimiento como ‘Mejor Magistrado de Alta Corte’, entregado por la Corporación Excelencia en la Justicia.

Luis Guillermo Guerrero exmagistrado Corte Constitucional de Colombia Escuela Mayor de Derecho Universidad Sergio Arboleda

Luis Guillermo Guerrero es abogado, pero, ante todo, una persona comprometida con el “el desarrollo de la armónica convivencia de las colectividades humanas”, como él mismo explica. Tanto así, que en 1990 dejó a un lado su sueño de estudiar en el exterior y regresó a Colombia con un propósito: trabajar en la Asamblea Nacional Constituyente, que meses más tarde daría a luz la actual Constitución Política de Colombia.

El Consejo Superior de la Judicatura y la Federación Nacional de Cafeteros fueron algunas de las instituciones en las cuales Luis Guillermo Guerrero hizo carrera antes de cumplir con uno de sus grandes sueños profesionales, en la construcción del Estado y la defensa de los derechos humanos de los colombianos: ser nombrado Magistrado de la Corte Constitucional. Su labor en esta entidad le permitió ser reconocido en por la Corporación Excelencia en La Justicia.

Ahora, tras haber cumplido su periodo de ocho años en el máximo órgano del Estado, encargado de velar por la integridad y supremacía de la Carta Política, este abogado oriundo de Pasto liderará el Departamento de Derecho Público de la Escuela Mayor de Derecho de la Universidad Sergio Arboleda.

Para conocer más sobre el nuevo director del Departamento de Derecho Penal de la Universidad, la Dirección de Comunicación y Relaciones Institucionales habló con él sobre el servicio que le ha prestado a la ciencia jurídica en Colombia y su trayectoria que suma más de 30 años de trabajo incansable.

¿Qué ha sido lo más gratificante para usted, en su trayectoria como jurista?

Definitivamente, desempeñarme como Magistrado de la Corte Constitucional. Siempre me apasionó el derecho constitucional, pero, cuando estudié la carrera, esa rama del derecho no tenía, en Colombia, el alcance y la significación que adquirió a partir de la Constitución de 1991.

Llegar a la Corte Constitucional es la mayor aspiración que puede tener quien se interesa por estos temas y es una posibilidad para cuya materialización deben concurrir una serie de circunstancias propicias. La magistratura significa la oportunidad de contribuir al desarrollo de la Constitución para la protección de los derechos fundamentales y ser parte en decisiones con profunda incidencia en la configuración del Estado y en la vida social, política y económica del país. Cumplir con ese rol, de manera comprometida y con absoluta convicción, fue muy gratificante.

¿Qué es lo que más le apasiona del derecho?

Lo que más me apasiona del Derecho es que implica siempre un ejercicio de inteligencia. El derecho tiene un papel determinante en el desarrollo de la armónica convivencia de las colectividades humanas, pero para que se pueda materializar ese objetivo es preciso que, quienes tienen responsabilidades en la creación, la aplicación y la interpretación del derecho cumplan su labor a cabalidad.

Discernir el sentido de las normas, ubicarlas en un contexto sistemático, dotarlas de sentido en función de sus objetivos, definir las controversias entre posiciones antagónicas, es un ejercicio que exige conocimiento, reflexión, sensibilidad, rigor y flexibilidad.

¿Cómo considera que se puede articular la visión humanista de La Sergio a la función del derecho en la sociedad?

El derecho es una categoría esencialmente humana. Existe en función de las necesidades del ser humano. Es una condición de la vida en sociedad. Y hoy es claro que el fundamento de todo ordenamiento jurídico remite a la dignidad de la persona humana y a su libertad.

En cuanto a la formación académica de los abogados, ¿cómo cree que se debería realizar?

No es una novedad decir que el ordenamiento jurídico se encuentra en permanente expansión. Las nuevas realidades exigen nuevos desarrollos jurídicos y nuevas aproximaciones. Para poner solo algunos ejemplos, puede pensarse en los requerimientos de la era digital o en los retos que se formulan desde la bioética. Lo mismo puede decirse de la globalización y la creciente internacionalización de las actividades económicas.

Esa realidad plantea un enorme desafío para los procesos formativos de los abogados, porque cada día es más difícil una aproximación comprensiva de todas las áreas del derecho. Eso, a su vez, exige que lo que siempre ha sido, y ha debido ser, una condición de la enseñanza del Derecho se asuma con mayor énfasis.

Me refiero a la formación del criterio jurídico, que, a partir de unos conceptos básicos, permite a los estudiantes abordar las más variadas situaciones que se planteen en el mundo jurídico. Allí, junto a los contenidos sustantivos esenciales, se incluyen las herramientas procesales y las competencias de diverso orden, indispensables para el ejercicio profesional.

Curiosamente, tanto en mi experiencia profesional como en el ámbito académico he advertido que muchas veces las mayores falencias se encuentran en esta esfera de las competencias. Lo estudiantes presentan deficiencias en capacidad de escritura, en comprensión de lectura, en procesos analíticos, en habilidades argumentativas, en criterios interpretativos. Creo que allí es necesario hacer un importante esfuerzo, esfuerzo dentro del cual tiene un rol central la lectura, que sirve, simultáneamente, al propósito de adquirir las bases conceptuales y de desarrollar las competencias que son cruciales para el abogado.

¿Por qué se habla de una crisis del derecho en Colombia?

El derecho es un fenómeno esencialmente dinámico, se adecúa a diversas realidades y se renueva en función de nuevos requerimientos sociales. Ese proceso genera tensiones y fricciones. Es una realidad que puede ser muy positiva, porque implica incorporar nuevas perspectivas y desarrollos, fruto de la experiencia, de la investigación, de los intercambios culturales.

Al mismo tiempo, esa circunstancia también puede resultar problemática, cuando se traduce en incertidumbre, en confrontaciones institucionales, en desconfianza en el derecho y en la administración de justicia.

En Colombia, la Constitución de 1991 significó un importante proceso de renovación jurídica en el cual es posible advertir las dos aristas mencionadas. Así, el avance en la protección de los derechos y la consolidación de una estructura de checks and balances son resultados muy positivos, pero, al mismo tiempo, también suscita preocupación que el nuevo protagonismo que han adquirido los jueces, muchas veces se traduzca en inseguridad jurídica y en desajustes institucionales.

¿Cuál cree que podría ser una solución a ese fenómeno?

En la medida en que las crisis significan oportunidades, creo que la academia tiene un papel muy importante en el propósito de maximizar sus aspectos positivos al paso que se reducen o suprimen las consecuencias indeseables, a partir de una sólida conceptualización de la realidad contemporánea. Del mismo modo, las altas Cortes, como órganos de cierre de sus respectivas jurisdicciones, tienen una responsabilidad muy grande en la orientación de la actividad judicial, de modo tal que se eviten los desbordamientos y los excesos.

Recomiende cinco libros que todo estudiante de derecho debería leer

Los estudiantes de derecho, igual que los abogados, deben mantenerse leyendo. Es mucho lo que hay por leer y si me dicen cinco libros, podría señalar los siguientes, que, además de su valor intrínseco, han tenido mucha influencia en el ámbito jurídico colombiano.

• “Teoría de la justicia”, John Rawls.
• ‘El concepto de derecho’, H. L. A. Hart
• “Los derechos en serio”, Ronald Dworkin.
• “Teoría de los derechos fundamentales”, Robert Alexy.
• “Derecho y razón. Teoría del garantismo penal”, Luigi Ferrajoli.


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