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GESTIÓN DE NEGOCIOS COMO FUNDAMENTO EN LOS PROGRAMAS DE PREGRADO DEL SECTOR MODA

El sector de la moda ha experimentado grandes cambios y su velocidad y complejidad ha impedido a las industrias en vías de desarrollo dar respuestas oportunas y efectivas a las nuevas necesidades de los consumidores, las personas en general y del planeta.

Universidad Sergio Arboleda Escuela de Moda Inexmoda Pregrado en Negocios Estratégicos de Moda 2020

Por: María Fernanda Mendoza
Docente del pregrado en Negocios Estratégicos de Moda de la Universidad Sergio Arboleda en alianza con Inexmoda
Experta en Marketing Estratégico para el Sistema Moda

En mi reciente proyecto de investigación titulado “La gestión de negocios como fundamento en los programas de pregrado de diseño de prendas de vestir y complementos”, describo la industria de la moda local y enfatizo que para Colombia y los clúster del sistema moda, la academia es un eslabón crítico y dinamizador de cambio, por tanto, la pertinencia y calidad de los programas de formación a nivel de pregrado sería la manera más rápida, rentable y sostenible de impactar los resultados de la industria, además de alcanzar otra serie de objetivos de gobierno asociados a la productividad y, por tanto, a mejorar la competitividad del país.

En primer lugar, advierto, en mi investigación, sobre la creciente oferta de programas de educación formal e informal asociados al diseño de prendas de vestir que se ha venido desarrollando a nivel mundial y que dan cuenta del mercado potencial que esta industria ha venido gestando.

Por citar un ejemplo, de acuerdo a los resultados de la investigación denominada: Las mejores escuelas del mundo, de The Business of Fashion, pubicada el año pasado, las 66 instituciones evaluadas ofrecen 55 programas asociados a la moda. De estos sólo 16 están directamente relacionados al proceso de diseño y 39 a las diversas áreas relacionadas con la gestión de la moda.

En segundo lugar las diferentes fuentes consultadas de gobierno, cámaras de comercio, SENA y consultores externos, como McKinsey y Aitex, evidencian la disonancia entre las necesidades de mercado y la respuesta empresarial en términos de valor de oferta. Los empresarios a su vez manifiestan la dificultad de encontrar profesionales capacitados para enfrentar los retos en términos de competitividad que el mercado exige.

Es entonces cuando hablar de generación de valor en el sistema moda implica no sólo conocer el proceso de diseño y producción de una idea sino saber de consumidor, de construcción y ADN de marca, de diferenciación, de impacto social y ambiental, de planeación de colecciónes, de lectura de macrotendencias globales y de prospección de escenarios para discernir las historias a recrear en las colecciones, entre otros.

Históricamente nuestra industria ha entendido la propuesta de valor exclusivamente desde el producto y no desde la generación de experiencias. Prueba de eso es que el tejido empresarial tradicional no le da mucha importancia a otros elementos del modelo de negocio como el proceso de conocimiento a profundidad de los clientes, el ADN de Marca y la experiencia en el retail y omnicanalidad.

Es justamente en el desconocimiento de esas variables, todas previas para el diseño de una colección, las que determinan en gran parte el éxito de las mismas, las que permiten construir universos simbólicos y comunicativos por medio de los cuales relacionarse con sus consumidores y construir comunidades que conecten emocionalmente la marca y construyan lealtad con la misma.

Este planteamiento dista de ser meramente mercantilista ya que la moda es una expresión artística y como tal manifiesta la postura del diseñador o marca como respuesta a un momento específico de la historia. La moda viste y mientras viste comunica la esencia de quien la porta. Por tanto, desligar el estudio creativo del conocimiento a profundidad de las actitudes, valoraciones y expectativas de los consumidores resultaría en una propuesta orientada a satisfacer el propio ego y no las necesidades que sólo a través del vestuario mediante el estilo permiten comunicar autonomía, rebeldía, pertenencia, identidad, innovación, diseño, autoexpresión, imaginación, diversión, descanso, exploración y tantos otros sentimientos propios del ser humano.

El estudio demuestra cómo a lo largo de la historia la respuesta del vestuario ha sido el resultado estético a un momento concreto político, económico, social, tecnológico, ambiental y legal. Es decir, el ser humano ha sido el centro y portador del traje. Así ha sido y así seguirá siendo. Las marcas que usan el sistema moda sólo para un mero intercambio comercial tienden a no ser relevantes y a desaparecer en el tiempo.

Si tan sólo el diseñador se volviera experto en leer la realidad propia y de su entorno, en entender los diferentes perfiles de mercado y supiera traducir estas expectativas en estilos, procesos y modelos de negocio auténticos, si entendiera su enorme impacto social y ambiental sería suficiente aporte, para quien la porta y para la historia.

En tercer lugar la generación de empleo que el sistema moda aporta al país lo hace relevante para cualquier plan de gobierno que busque mejorar el bienestar de la sociedad. Según la tipología empresarial evidenciada en el estudio la microempresa participa el 78% en el sector de textiles y confecciones y el 91% en el sector de cuero, calzado y marroquinería. Estas empresas tienen entre 1 y 10 trabajadores. De hecho se habla de aproximadamente 1,6 millones de empleos formales e informales, estos últimos, aunque son un factor preocupante, a su vez prueban que, comparada con otras industrias como por ejemplo la de desarrollo de software, esta es una industria con bajas barreras de entrada para emprender y por lo mismo con una alta rivalidad entre sus competidores quienes además están sumamente fragmentadas y tiene múltiples tamaños y personalidades.

Desde la experiencia como asesora empresarial he evidenciado cómo los emprendedores recién graduados de diseño de moda, de cualquier universidad del país se lanzan a proyectos sin conocer el plan de negocio, con pocos fundamentos de costeo, de desarrollo de canal de distribución, de perfilación de consumidor, de creación de marca, en fin, muy débiles en gestión del negocio. Con ideas de diseño, pero sin herramientas que les permitan validar si son viables, rentables o sostenibles. Otro síntoma es, que al no saber costear, no involucran todas las variables requeridas dentro de los costos, temen construir equipo de trabajo y terminan asumiendo todos los roles del proyecto ellos solos. Esto genera una falta de competitividad inmediata que pronto quema al emprendedor. Falta de visión. Falta de planeación. Falta de gestión. Muerte súbita empresarial.

En la industria de la moda, el emprendedor y/o su equipo debe entonces contar con los siguientes dos perfiles: El perfil o el socio de negocio y el perfil o el socio creativo. En algunos casos estos perfiles los cumple una misma persona, pero en la industria de la moda, por las mismas falencias en la formación anteriormente descritas, los emprendedores suelen tener solo uno de los dos perfiles.

Encontramos entonces emprendimientos con un socio creativo sin conocimientos o acompañamiento administrativo o emprendedores con conocimiento administrativos y/o comerciales pero sin talento creativo.

Estos dos perfiles rara vez suelen juntarse (cuando lo hacen es una receta de éxito) por 3 razones principales:

1. Por parte del creativo: Si es que hay planeación, no suele llegar a ser planeación financiera, por lo que no queda claro cuando podría sumarse este perfil a la empresa.

2. Por parte del creativo: Hay temores de que un perfil administrativo frene la expresión o dirección estratégica o mercantilice en exceso la propuesta.

3. Por parte del emprendedor de negocio: Al estar enfocados en los resultados, suelen menospreciar la creatividad como elementos de la ventaja competitiva sostenible. Para ellos tener a un socio como director creativo, es dividir la utilidad.

Entonces, si desde el nivel de pregrado, se prepara al estudiante para asumir su creatividad como un dinamizador empresarial, fuente de diferenciación y de ventaja competitiva sostenible, otra sería la realidad y el futuro de los emprendimientos. Sin duda el tejido empresarial cambiaría la tendencia ya no de supervivencia sino de éxito y crecimiento.

Para terminar, con respecto a la velocidad del cambio que se lograría desde los programas de pregrado, he observado durante el acompañamiento a empresas del sector moda colombiano, que el reto más grande para los empresarios de formación empírica en su mayoría y líderes que hoy hacen parte de la segunda y tercera generación, es cambiar los paradigmas de antaño. Aunque cientos de ellos han recibido formación permanente, gratuita y de pago, en las diferentes cámaras de comercio del país, muy pocos son los resultados evidentes al cabo de los años.

El cambio de visión corporativa impacta no sólo el modelo empresarial sino las fibras más íntimas de los líderes, quienes en ese punto se sienten cansados para iniciar un proceso de formación, la velocidad del negocio los consume porque generalmente tienen a su cargo más de 3 roles, o porque no tienen o no pueden por una deficiente gestión de costos, invertir lo que se requiera para saltar al futuro. Son muchos los recursos públicos y privados que se han invertido sin resultados rentables ni sostenibles pues el costo de desaprender para aprender de nuevo es alto y sus resultados no siempre depende de querer sino de poder hacerlo y permear a toda la organización.

Mientras tanto, el crecimiento de la oferta de profesionales, técnicos y emprendimientos asociados al diseño de moda en los últimos 15 años ha sido exponencial. La diferenciación es más compleja. El bilingüismo, las generaciones de millennials, centennials y alfa son el hoy que fundamenta al diseñador del mañana.

La innovación, los nuevos modelos educativos y de negocio a partir de metodologías disruptivas de la cuarta revolución industrial se toman la industria de la moda: Chatbots comerciales aprendiendo por medio de inteligencia artificial; asistencia robótica de co-bots en procesos de producción de materias primas y confección de producto terminado; impresión tridimensional no solamente de calado sino de prendas superiores como sacos y blazers; experiencias de compra on-line soportadas en realidad virtual; uso de Big Data para la conceptualización de las colecciones y para el conocimiento de los consumidores; experiencias en tienda física con realidad aumentada para mejorar la experiencia de probarse la ropa, por citar algunos ejemplos.

No cabe duda que la formación integral en gestión y diseño es un requerimiento ineludible de la academia para cerrar las brechas existentes de calidad, cantidad y pertinencia para así aumentar la competitividad del sistema moda colombiano.


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