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RODRIGO NOGUERA LABORDE, “UN APÓSTOL DE LA ENSEÑANZA”

Para celebrar el natalicio número 100 del fundador de la Universidad Sergio Arboleda, Rodrigo Noguera Laborde, se llevó a cabo un conversatorio para ahondar en su trayectoria personal y profesional.

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La Universidad Sergio Arboleda celebró el centenario del natalicio de su fundador, Rodrigo Noguera Laborde, con varias actividades. Una de estas fue el conversatorio sobre su vida y obra en el que participaron amigos y colaboradores cercanos, quienes lo definieron como un “apóstol de la enseñanza”.

El acto académico, que se llevó a cabo en la Plazoleta de Los Colores, tuvo dos partes. En la primera se abordó al jurista, al filósofo y al hombre de Estado, mientras que en la segunda se desarrolló lo anecdótico, su vida, pensamiento y su manera de ser.

Moderado por Juan Lozano, decano de la Escuela Ciencias de la Comunicación, el conversatorio contó con la participación de Rafael Nieto Navia y Gabriel Melo Guevara, integrantes del primer Consejo Directivo de la Universidad; Camilo Noguera, nieto del fundador y actual docente de la Universidad, y Fernando Londoño, exministro y alumno de Noguera Laborde. En este espacio también intervinieron los docentes Víctor Julio Carvajal, Bernardo Cárdenas y Bernardo Bulla.

Como preámbulo, se presentó a los asistentes el libro Filosofía para Profanos, reeditado con ocasión de esta efemérides, por cuanto ella “explica la síntesis del pensamiento filosófico de mi padre”, expresó el rector de la Universidad Sergio Arboleda, Rodrigo Noguera Calderón.

El conversatorio se convirtió en un agradable viaje al pasado para recordar a una figura egregia, que se destacó por su calidad y sencillez, “un abuelo que los domingos, luego del almuerzo en familia, reunía a todos los nietos en la biblioteca de su casa, en cuyos estantes reposaban más de once mil volúmenes, para enseñarnos filosofía”, relató Camilo Noguera.

Para su nieto, el doctor Noguera Laborde, “fue más allá de la mera exposición que creó una definición del mundo. Sembraba ideas, fue un filósofo no de sillón que se alejara de las realidades del mundo, sino un intelectual público, cuya obra se ha resumido en la Universidad Sergio Arboleda”, aseguró.

Asimismo, recordó que tuvo una predilección por José Ortega y Gasset; que sus referencias constantes provenían de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, y rememoró sus profusas consultas y largas meditaciones en su biblioteca, llenas de escritores conservadores europeos y anglosajones. Para su nieto, Noguera Laborde era “además de maestro y filósofo comprometido, un visionario que anticipó muchos de los padecimientos de nuestro tiempo”.

Por su parte, Rafael Nieto Navia, rememoró que entró a estudiar Derecho en la Universidad Javeriana en el año 56 y para entonces, Rodrigo Noguera Laborde considerado el mejor profesor, tenía 37 años. “Todos los días de mi vida le doy gracias a Dios por haber estudiado con profesores tan destacados como el doctor Noguera Laborde”, expresó.

Además, destacó que asistía a clases de Introducción al Derecho “y me asombraba que en sus clases no faltaba ni sobraba una palabra, era genial la capacidad de síntesis del doctor Noguera Laborde”.

Un paraíso de las ideas

Por su parte, Gabriel Melo Guevara se refirió al sueño que inspirara a Rodrigo Noguera Laborde y Álvaro Gómez Hurtado a fundar una universidad. “Había desazón frente a lo que se consideraba unas verdades reveladas. ¿Para dónde va el país? Nos preguntábamos. Y la respuesta fue: “Vamos para una situación decadente donde se olvidan los principios esenciales”’. Eran años difíciles, el general Gustavo Rojas había dado un golpe en 1953. Cuando llegamos a la universidad, el general estaba en los días finales y nosotros veíamos una ventana, veíamos la posibilidad de recuperarnos del escepticismo. Se pensaba en la excelencia como objetivo inmediato de la educación y la formación del carácter de los nuevos profesionales, de la mano de unos íntegros y sabios profesores”, dijo Melo Guevara.

“Por entonces, -agregó – los profesores era unas eminencias, como el doctor Rodrigo Noguera Laborde, que se destacaba por unas frases espectaculares. Lo que se aprendía con él era difícil poderlo aprender en otras universidades”.

Expresó Melo Guevara que “cuando veíamos entrar al doctor Rodrigo Noguera Laborde a la universidad era como sí se nos abriera la puerta a un paraíso de las ideas. Era un filósofo con una característica especial pensaba y hacía. Los libros que escribió son de un prodigio de sencillez. Estamos en mora de rescatar sus enseñanzas, pensar con amor en el país, con decisión y hacer lo necesario para ayudar a una sociedad que se está desintegrando por falta de una concentración, de unos propósitos nacionales; no tenemos hace años una generación con deseos de sacar adelante el país”.


Un apóstol de la enseñanza

También intervino en este conversatorio, el doctor Fernando Londoño, jurista, profesor, servidor público, dos veces ministro, dos veces Procurador.

Recordando sus tiempos de universidad y a sus profesores, sostuvo cómo fue que se reunió tanto talento en tan poco espacio. Asistía a clases de Introducción al Derecho que dictaba el doctor Rodrigo Noguera Laborde. “Tres veces fue mi profesor, en Filosofía del Derecho y Ciencia Política del tercer año cuando nadie sabía qué era eso. Nos enseñaba de derechos humanos y de derecho natural”.

Para el exministro Londoño, Noguera Laborde fue el apóstol de la enseñanza. “no era su pasión ser hombre público sino estar sentado en una cátedra. Él fue por vocación un maestro, que tenía una viva pasión por la enseñanza. Las clases la ponía al alcance de cualquier ´idiota´”.


Donde hay senectud hay sabiduría

Durante el conversatorio se recordó cómo Noguera Laborde creó la figura del consejo de ancianos, que se reunía todos los días, a las seis de la mañana, incluidos algunos domingos y festivos.

Solía decir que donde hay senectud, hay sabiduría y de ahí el nombre. Este consejo, como lo recordó Bernardo Cárdenas, se ocupaba de analizar lecturas que durante la noche anterior había realizado el doctor Noguera. Se dividía en dos temas: el científico y el libre. Antes de la reunión, y a falta de presupuesto, se hacía la colecta para el café, cuya libra costaba quinientos pesos.

“Era tanto el celo de cuidar de la universidad, que nunca disfrutó cabalmente de vacaciones; incluso el 24 de diciembre convocaba el consejo y escasamente se tomaba unos días en familia, que normalmente iban hasta el dos de enero. En tiempos en que empezó a minarse su salud, recorría los pasillos de la universidad haciendo uso de su pipeta de oxígeno, eso sí, sin dejar de lado sus cigarrillos Pielroja, de los que se fumaba tres cajetillas”, recordó.

Para Víctor Julio Carvajal, otro de los asistentes al conversatorio, son muchos los recuerdos que guarda del insigne rector. Así, rememoró que, una vez dejaba el consejo de sabios, solía encerrarse en su despacho por cuarenta y cinco minutos para escribir a máquina y “dependiendo del ritmo del teclado, sabíamos del temperamento en que estaba y cómo sería nuestro día. Para él, el día más importante era el lunes, y el domingo lo dedicaba en parte a planear la universidad”.

Carvajal también recordó que “cuando se creó la librería el doctor Noguera Laborde empezó a ser su mejor cliente y nosotros le hacíamos espionaje de los libros que compraba. Era el gran humanista un hombre que se preocupaba mucho por el estilo, por emplear la palabra correcta”, señaló.

A su turno, el profesor Bernardo Bulla hizo alusión a las grandes horas de tertulia que se vivieron en el comedor de la vieja casita, donde la Universidad inició labores académicas. Uno de los temas era la astronomía, una materia que fascinaba al doctor Noguera desde su infancia.


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